Ismael Serrano: «Quería rebelarme contra la pose del cantautor solemne y circunspecto»

Ismael Serrano en San Sebastián
Ismael Serrano, en un concierto de su gira '20 años. Hoy es siempre'

Aún queda alguna entrada para ver a Ismael Serrano este viernes en el Kursaal, donde presentará '20 años. Hoy es siempre', doble disco en directo

JUAN G. ANDRÉS

Dos décadas de carrera. La efeméride era «suficientemente redonda como para hacer balance de lo aprendido, cantar viejas canciones y homenajear a autores» que le han marcado, como Sabina, Aute o Silvio. «También quería imprimirle un carácter de celebración porque soy consciente de lo difícil que es mantener una carrera», asegura el madrileño nacido en 1974.

- En 'Papá cuéntame otra vez', el tema más emblemático de su debut 'Atrapados en azul' (1997), reprochaba a su padre el relato edulcorado de Mayo del 68… ¿Qué teme que pueda echarle en cara su hija en unos años?

- Que no fuimos capaces de construir un relato propio, algo que al menos sí hizo la generación de mis padres. Ellos encontraron señas de identidad para tejer complicidades y, al menos, intentar cambiar las cosas. Como generación hemos fracasado, somos hijos del hiperindividualismo y no hemos sabido atender a los anhelos colectivos. Por fortuna, hoy hay una generación más joven que ha sido capaz de construir su discurso, que se siente interpelada, protagonista del tiempo que le toca vivir y quiere ser tenida en cuenta ante una situación de emergencia, precarización y retroceso en derechos y libertades.

- Usted ha seguido en la brecha, pero tras el boom que la canción de autor conoció en los 90, el género pasó a un segundo plano y muchos lo consideraron algo trasnochado…

- El término 'cantautor' está estigmatizado desde que se impuso una estética musical vinculada al escapismo puro y duro. Se despreciaba lo que tuviera un componente social y poético para priorizar el ombligo de uno mismo o sus encuentros y desencuentros amorosos. Se prefería apelar al individuo en vez de a las frustraciones y anhelos colectivos. Yo he tenido que dar el doble de explicaciones por mis canciones controvertidas pero es tan simple como que uno canta a lo que le emociona: puede ser el amor y el desamor o la visión de un mundo desigual y el retroceso en las libertades. Pero la canción de autor es un género antiquísimo. Nadie dice, por ejemplo, que la novela negra está trasnochada.

- ¿El 15-M ha revalorizado a los cantautores de nuevo?

- Sí, lo ha cambiado todo. También la forma de relacionarse de la gente joven, que se siente más alerta y responsable. La situación social es de una emergencia tal que grupos de pop y rock que nunca se habían fijado en la canción de autor de pronto la practican. En muchos aspectos creo que no fuimos capaces de poner banda sonora al 15-M. Por supuesto que hubo excepciones, pero muchas veces me he preguntado dónde estábamos los músicos en aquellos momentos tan importantes.

«Me conmueve que los cantautores nos hagan sentir héroes de nuestras pequeñas batallas»

- ¿Qué función debe cumplir hoy la canción de autor?

- Una canción no debiera aspirar a cambiar el mundo, eso me parece bastante vanidoso, pero sí puede crear espacios de encuentro para que sintamos que no estamos solos en la adversidad. Al saberte acompañado, puedes afrontar mejor los problemas. Ocurre lo mismo con el desamor: cuando nos rompen el corazón es cuando escuchamos las canciones de amor más desgarradoras.

- En el álbum '20 años. Hoy es siempre' (2017) se imponen las canciones de amor sobre las 'políticas'…

- Es que en la obra del cantautor siempre se han impuesto las canciones de amor sobre las políticas. El 70% del repertorio de Paco Ibáñez, paradigma del cantautor, es amoroso: le pone música a las coplas de Bécquer, canta 'Palabras para Julia'… Sin embargo, nos llaman más la atención sus temas comprometidos que los otros. Y me preocupa que se haya perdido el hábito de contar historias con planteamiento, nudo y desenlace; historias que tienen que ver con lo cotidiano y van más allá del clásico «te quiero» o «te odio».

- Precisamente, en un instante del disco defiende usted: «La música ayuda a encontrar en lo cotidiano el misterio de lo desconocido».

- Si algo me han enseñado los grandes cantautores como Serrat es que nuestra vida rutinaria encierra una épica de la que no somos conscientes: bajo el barniz de lo aparentemente rutinario hay poesía. Nuestras pequeñas batallas domésticas tienen mucho de heroicas. De los cantautores siempre me ha conmovido su manera de hacernos sentir héroes de nuestras pequeñas batallas.

- Hablando de Serrat... El domingo visitó el Kursaal para recordar 'Mediterráneo'. ¿Se imagina usted celebrando en 2047 el 50º aniversario de 'Atrapados en azul'?

- Me encantaría, pero quién sabe. Me gusta imaginar que seguiré igual que ahora, de un lado al otro con la guitarra al hombro, quizá con más calma… Yo creo que el éxito en la música es tener continuidad. El problema es que salvo casos puntuales de artistas como Serrat y Sabina, en este país la edad es algo que penaliza.

«Una canción no debiera aspirar a cambiar el mundo, eso me parece bastante vanidoso»

- Pero usted tiene aún 44 años. ¿Ya ha sentido esa penalización?

- Sí. La tensión mediática se disipa un poco. Fíjate, hace unos días hemos metido a 6.000 personas en el Palacio de los Deportes de Madrid, a donde volveremos en octubre, y no ha salido en ningún medio. Es raro, y no quiero sonar a resentido. Odio cuando se quejan los artistas a quienes les va bien, como es mi caso, y ya sé que soy un privilegiado: he recorrido infinidad de escenarios a un lado y otro del océano, he compartido escenario con ídolos como Serrat, Sabina, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez… He cumplido muchos sueños pero no puedo evitar sentir ese punto de insatisfacción permanente que parece consustancial al cantautor.

- ¿En qué medida '20 años. Hoy es siempre' sirve para cerrar un capítulo y abrir otro nuevo?

- Estoy en una fase de reflexión, intentando revisarme sin perder la esencia. No estoy en la vanguardia de la investigación musical y aunque hago canción popular, tengo mis ambiciones y trato de realizar una búsqueda.

- ¿Esa búsqueda abundará quizá en los ritmos latinos que asomaban en el disco 'La llamada' (2014)?

- Aquel no era un disco rupturista porque se me sigue reconociendo pero sí abre un camino por el que puede ser bonito transitar. Sobre los cantautores pesa otro estigma, el de que privilegian los textos sobre la música. Eso no es verdad: Serrat o Silvio tienen canciones de una complejidad armónica que no encuentras en el pop ni en el rock. Muchas veces entras en competición contigo mismo, y empiezas a hacer las canciones más complejas musicalmente, te vuelves más hermético en las letras... Yo mismo tengo bastantes canciones que eluden el estribillo como si fuera algo malo… Pero ahora me siento en una especie de viaje de vuelta porque con el tiempo me he dado cuenta de que en la sencillez de la canción popular está la magia: un estribillo que comunique, acaricie y ayude a cantar es bonito. Por eso, en 'La llamada' quise componer desde el ritmo tradicional de Latinoamérica -son, bachata urbana…- y buscar la sencillez en la canción popular.

- Sin renunciar a unas letras comprometidas que apelan, precisamente, al espíritu del 15-M...

- Claro, es un viaje festivo para desprenderme de la solemnidad con la que a veces uno se expresa musicalmente y que sólo consigue alejarte de la gente, de la veracidad o del poder de convicción. Quería darle la vuelta a la imagen de la canción reivindicativa y rebelarme contra esa pose del cantautor solemne y circunspecto, convertir la propia reivindicación en celebración, o como decía Benedetti, entender la alegría como un arma y una trinchera.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos