«Podía haber sido más radical, pero queríamos un disco audible»

Joseba Irazoki y Beñat Achiary./J.G.A.
Joseba Irazoki y Beñat Achiary. / J.G.A.

El Club del Victoria Eugenia recibe hoy a Joseba Irazoki y Beñat Achiary para presentar 'Bas(h)oan', disco de homenaje a Robbie Basho

JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

Sorpresa y fascinación. En ese estado quedó sumido el público que el 28 de diciembre de 2012 acudió a ver a Joseba Irazoki eta Lagunak al centro cultural Lugaritz cuando el guitarrista beratarra invitó a subir a Beñat Achiary al escenario. Pocos conocían entonces a este cantante de Iparralde pese a su dilatada experiencia en el campo del jazz de vanguardia, pero su nombre quedó grabado a fuego en la mente de quienes le vieron dejarse las cuerdas vocales durante 'Blue Crystal Fire', emocionante versión de Robbie Basho.

Cinco años después acaba de ver la luz 'Bas(h)oan' (Elkar, 2017), homenaje al fallecido músico estadounidense en el que ambos intérpretes mezclan música popular, rock y experimentación. Con ellos han colaborado el batería y percusionista Julen Achiary, hijo de Beñat, y la escritora Itxaro Borda, que ha firmado algunas letras originales y también ha traducido al euskera letras de Basho. El álbum será presentado hoy a las 20.00 horas en el Club del Victoria Eugenia con todas las entradas agotadas desde el martes.

Joseba Irazoki (Bera, 1974) y Beñat Achiary (Donapaleu, 1947) se conocieron hace algunos años en el marco del festival de Errobi en el que este último figura como organizador. La conexión fue casi inmediata y comenzaron a ofrecer actuaciones conjuntas. «Es un artista libre que no pone límites a su canto ni a nada de lo que hace», dice el navarro de un intérprete que emplea su voz como un instrumento absolutamente maleable para acompañar a músicos tradicionales o experimentales.

«Achiary es un artista libre que no pone límites a su canto ni a nada de lo que hace»

'Bas(h)oan' homenajea a Robbie Basho y mezcla música popular, rock y experimentación

La elección de Robbie Basho como objetivo no fue casual, ya que aparte de un magnífico guitarrista como Irazoki, también era un cantante muy personal, como Achiary, que «modula» su voz de modo similar. Padre e hijo también comparten con él su gusto por la música de los nativos americanos y africanos, ya que aunque provenía del folk, el «inquieto» Basho estaba abierto a infinidad de sonidos que no pudo explorar con mayor amplitud debido a su «trágica» muerte: falleció en 1986 a los 45 años víctima de un extraño accidente sufrido en la consulta de su quiropráctico.

En inglés y euskera

La mitad del disco la integran versiones del Basho más folkie y tradicional: 'Omaha Tribal Player', 'Blue Crystal Fire' y 'Orphan's Lament' están cantadas íntegramente en inglés, mientras que 'Wine Song' incluye algunos versos en euskera. Además, Itxaro Borda ha traducido a esa lengua 'Salangadou' y ha aportado textos propios con música original de Achiary: 'Omaha berri', 'Isabatik Mauleraino' y 'Wounded knee oihua'. Estos últimos «mantienen el punto poético» de las letras del homenajeado y son los que emulan con mayor audacia el gusto de Basho por la música de los indígenas americanos y los ragas hindúes. También hay dos interludios de guitarra a cargo de Irazoki y una canción popular de Zuberoa: 'Maitiak bilhua holli'.

Aunque tenía claro que Basho debía ser el punto de partida, Irazoki dice haberse sentido «más cómodo» al buscar un «sonido propio» en las canciones originales del disco. Todos han tenido que llegar «a un punto intermedio» dados sus distintos orígenes musicales. «Yo vengo del pop y los Achiary, de la improvisación y del jazz, pero el resultado es muy curioso», opina Irazoki, que ha empleado afinaciones abiertas y ha priorizado la guitarra eléctrica para darle «un tono más rockero al conjunto».

Pese al gusto de todos por la experimentación, entraron al estudio con las ideas bastante acotadas. «Podía haber sido un trabajo más radical y en los ensayos sí jugamos más con la improvisación, pero queríamos un disco audible para lo que la gente podía esperar de nosotros y optamos por el formato de canción más pop y no muy larga», asegura el guitarrista, quien quizá echa en falta algo más de improvisación como la contenida en 'Isabatik Mauleraino', una explosiva composición de ocho minutos y medio. En cualquier caso, advierte, se ciñeron a «lo que pedía cada canción» y tampoco se pusieron «ningún límite».

En el disco, cuya portada es obra del artista plástico Ramón Zabalegi, destacan también las colaboraciones de Mikel Azpiroz al teclado y de Jules Rousseau al bajo. En directo este instrumento lo tocará Mikel Artieda, que completará el cuarteto formado por Irazoki y los Achiary. «Intentaremos que el directo suene fresco en este formato, que permitirá que las canciones puedan crecer de otra manera y adquieran otros matices. Seguramente, en vivo sonará más folk-rock que folk», concluye.

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