«Me gusta mucho revolcarme en mi propia mierda»

Gerard Alegre Dória, a la derecha de la imagen, junto a sus compañeros en El Último Vecino.
Gerard Alegre Dória, a la derecha de la imagen, junto a sus compañeros en El Último Vecino. / AHÍDA AGUIRRE

La Sala Dabadaba acoge esta noche la cuarta visita a Donostia de los catalanes El Último Vecino, que mezclan melodrama con ecos de pop ochentero

JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

En 2014, un año después de que Gerard Alegre Dória fundara El Último Vecino, la Sala Dabadaba le invitó a tocar en su fiesta de inauguración. Después ha regresado dos veces más, a razón de una cita por año, incluida su apoteósica intervención en la extinta y llorada Lurrazpiko Festa. «Me gusta repetir en estos sitios, es una señal de afecto por ambas partes», asegura Alegre desde un pueblecito perdido en Teruel donde prepara su tercer disco, que saldrá del horno en febrero de 2018. La de esta noche en el garito de Egia (21.30 horas) será su cuarta incursión donostiarra y en ella la banda catalana presentará 'Voces' (Canadá/Club Social, 2016).

Para este segundo álbum quiso alejarse mínimamente de las referencias más obvias de su debut, 'El último vecino' (Doméstica, 2013), que contenía ecos de pop ochentero -The Smiths, La Mode, New Order...-. Pero lo cierto es que el trabajo no supuso una ruptura total y tanto es así que el propio Alegre acepta de buen grado el calificativo de «continuista». «Por supuesto, cuando un artista tiene una línea, la sigue porque es un instinto primario suyo. De hecho, si un músico cambia mucho su estilo, me despista y yo prefiero a quienes siguen un rumbo. Si quieres un cambio radical, igual es mejor modificar el nombre de tu proyecto», sostiene.

A la pregunta de si la nostalgia y el recurso a referencias antiguas puede suponer un lastre para el artista, responde afirmativamente. «Tengo muchos días de lucha conmigo mismo porque hago cosas que vuelven a sonar super 80s, pero al final, lo que escuchas de pequeño se te queda más marcado. Por mucho esfuerzo que inviertas en que salgan influencias nuevas, las más primitivas, aquellas que están en tu ADN, seguirán siempre ahí», apunta, y reconoce que trabaja para que en sus nuevas composiciones «salgan a la luz nuevas influencias» de cosas que ha escuchado recientemente.

De momento, prefiere no desvelar cuáles serán sus próximas referencias y tampoco aclara si el trap, ese género derivado del hip hop que causa furor entre los jóvenes, estará entre ellas. En febrero lanzó una estupenda versión de 'Mi chulo', tema original de La Zowi, una de las reinas del género en el Estado. «El trap me enganchó desde que apareció en la escena española. Literariamente no me atrae mucho con esas letras que hablan de violencia y de drogas. Eso me da igual porque yo siempre voy a escribir sobre el amor, pero tiene un punto animal que siempre me ha gustado. Es una música que se arrastra mucho pero al mismo tiempo tira siempre hacia adelante», opina. Además, encontró una «onda muy melancólica» a la canción, que incluye versos como «Él no tiene pistola pero dispara / yo soy la única puta que le carga las balas» o «No caben más hijos de puta en mi corazón / Ni más zapatos en mi habitación». «Me pilló en un momento vital bajo y a todos nos ha pasado que a veces hay una canción que se convierte en la banda sonora de tu tristeza», añade, al tiempo que se rebela contra quienes tachan de chabacano este palo musical: «Hay trap hortera igual que hay música clásica hortera. Allá cada cual con sus prejuicios».

«Siempre he sido dramático»

Poco después de publicar su versión de 'Mi chulo', en abril Gerard Alegre escribía el siguiente mensaje en las redes sociales: «El mundo es demasiado rápido y la música un suplicio. El Último Vecino ha dejado de existir». Aunque todo apuntaba a una disolución del grupo, la discográfica se apresuró a aclarar que la afirmación era «metafórica» y estaba motivada por una «gran crisis creativa». Y cuatro meses después, ¿cómo van los ánimos? «Ahí van. Odio a la gente que dice una frase tan asquerosa como 'Bien, tirando', pero a mí me toca decirla ahora», lamenta el intérprete, para quien el arte no siempre es terapéutico. «La música puede ser el sonido de Dios o una puta mierda, depende del momento. A mí a veces me hace muy infeliz, pero no puedo dejarla. Yo no tomo drogas, pero supongo que esto es parecido porque provoca euforia y momentos increíbles y luego te hace estar fatal porque la necesitas», reflexiona.

En este punto de la conversación parece más que obvio que letras como 'Antes de conocerme', 'La noche interminable', 'Mi amiga salvaje' o 'Mi escriba' son un fiel espejo del atribulado yo interior de Gerard Alegre, quien no tiene empacho en admitir: «Siempre he sido muy trágico y dramático, me gusta mucho revolcarme en mi propia mierda». Y quien le vea hoy por primera vez en el Dabadaba descubrirá a un carismático 'frontman' que lleva el drama al escenario y actúa como si viviera o sufriera cada estrofa. «Siempre he admirado a la gente que vive lo que está diciendo en escena y ahora que soy un poco mayor y me da menos reparo admitir ciertas cosas, me gusta que me digan que soy carismático. Puede sonar egoísta, pero en el fondo, el egocentrismo es algo muy bonito», concluye.

El último vecino

Lugar
Sala Dabadaba (Donostia).
Fecha
25/VIII/2017 (Hoy).
Horario
21.30 horas.
Precios
9 euros en venta anticipada y 12 en taquilla.

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