Grises dispara contra el conformismo en un disco más crudo y guitarrero

Amancay Gaztañaga, en el centro de la imagen, junto a sus compañeros de Grises./JOSU TORREALDAY
Amancay Gaztañaga, en el centro de la imagen, junto a sus compañeros de Grises. / JOSU TORREALDAY

La banda de Zestoa lanza 'De peces y árboles' (Hook Ediciones), un álbum más directo que presentará el 16 de marzo en Dabadaba

JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

El disco que en 2014 les granjeó un espacio preeminente en la escena indie iba a titularse 'De peces y árboles'. Sin embargo, cuando Josu Torrealday diseñó la portada y la ilustró con la foto de un lobo con chubasquero, cambiaron de idea y se decantaron por 'Animal'. Cuatro años después, Grises ha recuperado para su quinto álbum aquel título que remite a un proverbio chino: «Quien mira el cielo en el agua ve peces en los árboles».

«Es un disco bastante poético y nos venía al pelo para resumir las historias que encierran las canciones, que tratan acerca de una realidad que sólo vemos reflejada», asegura Amancay Gaztañaga, cantante de un grupo completado por su hermano Eñaut (voz, guitarra y producción), Alejandro Orbegozo (sintetizadores y coros), Raúl Olaizola (bajo) y Gaskon Etxeberria (batería). El 1 de marzo inician en Madrid la gira que les llevará a ciudades como Valladolid, Lleida, León, A Coruña y Zaragoza. El 16 y 24 de marzo no faltarán a su cita con Donostia y Bilbao en Dabadaba y Stage Live, respectivamente.

Superación personal

Una vez más, han grabado en el estudio Gaztain que regenta Eñaut en Zestoa y que les permite trabajar con mucha confianza y tranquilidad. La novedad es que han fichado por una firma independiente, Hook Ediciones (Izal, Polock, Miss Cafeína...), con la que aspiran a mantener «la sartén por el mango». Sólo tienen palabras de agradecimiento para Sony, que publicó sus dos discos previos y les trató de maravilla, pero Grises alardea de ser un grupo «muy controlador» y una multinacional «no deja de ser un océano inmenso en el que tú eres plancton, ni siquiera un pez».

En 'Erlo' (2016), su anterior trabajo, se permitieron el lujo de «experimentar» a fondo con la electrónica y las guitarras casi desaparecieron. Por supuesto, sigue habiendo ritmos sintetizados en 'De peces y árboles' pero el instrumento rockero por excelencia ha vuelto al primer plano en un disco «más guitarrero, crudo y directo». Dado que a la hora de componer se consideran «totalmente libres», en esta ocasión sintieron la «necesidad» de elegir ese camino: «Eñaut echaba de menos tocar más la guitarra y yo quería cantar más».

Habitualmente vinculados al sonido de bandas como Foals, Editors o Phoenix, dicen haber vuelto a sus inicios para fijarse en las cosas que escuchaban hace tiempo como el 'OK Computer' (1997) de Radiohead o los primeros discos de Smashing Pumpkins: «Nuestro 'Erlo' sería el equivalente a su 'Adore' (1998), una rareza que nos inspiró un montón, pero esta vez ha sido como regresar al 'Siamese Dream' (1993)», explica.

«Una multinacional es un océano inmenso en el que tú eres plancton, ni siquiera un pez»

«Nos gusta no caer en el oscurantismo y buscarle el lado lúdico a la vida: esto es un teatro»

Asimismo, Amancay vincula el citado dicho de los peces y los árboles con la forma en que contemplamos el mundo: «Hoy no vemos la realidad, sino un reflejo de esa realidad con la que somos incapaces de encontrarnos. Las letras tratan asuntos como la búsqueda personal, la lucha interna y la necesidad de no quedarte con lo que la sociedad te ofrece. Es un disco contra el conformismo». Todos los textos llevan la firma de Eñaut, que ha conseguido «una madurez que hasta ahora quizá no reflejaban» las letras de Grises. «Todo puede suceder dentro de ti» ('El impacto'), «Quiero encontrarme otra vez» ('Intrépido estúpido') o «Es posible cerca de ti» ('Mi mejor fracaso') son algunas de las frases que incluyen piezas que invitan a la superación personal.

El tono del repertorio es luminoso, aunque hay pasajes lúgubres como el estribillo de 'Comida para insectos': «Y esta ciudad tiene algo que atrapa / nuestros sueños en un nicho / devorados por los bichos». La canción, apunta la vocalista, habla del «mecanismo» de «una sociedad que te manda acumular cosas materiales y apenas deja espacio a los sueños, que cada vez tienen menos posibilidades de sobrevivir». Sin embargo, la música, mucho más animada, contrasta con la letra e invita a luchar contra esa situación. «Nos gusta no caer en el oscurantismo y buscarle el lado lúdico a la vida, pensar que esto es un teatro y todos estamos haciendo nuestro camino».

¿Y Grises? ¿Ha visto el grupo devorados sus anhelos desde que debutó con 'El hombre bolígrafo' (2011)? «Venimos de un pueblo de 1.800 habitantes y entonces jamás pensamos que entraríamos en Sony, que tocaríamos en festivales para 20.000 personas o que iríamos a México. Nuestros sueños han sido superados por la realidad pero al mismo tiempo sabemos que hoy la cultura es también un nicho devorado por los bichos, por aquellos altos estamentos que en lugar de insuflar ayudas se aprovechan de la necesidad que el creador tiene de crear, gratis incluso, dando lugar a una gran precariedad. Nos hemos sentido así muchas veces», zanja Amancay.

Mejor en sala

Asiduos a los macrofestivales de moda, Grises girará ahora por las principales salas del Estado. Si tuvieran que elegir, ellos se quedarían con las actuaciones de mediano formato en las que pueden desplegar «un show completo» que no se limita a los 40 minutos de algunos festivales en los que a veces sólo pueden tocar siete temas.

«Si tienes cinco discos, imagina lo horroroso que es hacer la criba de canciones: casi como matar a algunos hijos para salvar a otros», bromea la cantante, que anima al público a acercarse a las salas y a beneficiarse de la «cercanía» que ofrecen: «Nos gusta intercambiar impresiones reales con los espectadores al final de los conciertos».

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