De fundir acero a fusionar músicas

Después de años de ideas que no han terminado de cuajar, el Proyecto Irimo ha arrancado finalmente en Urretxu con «algo pequeño, pero tangible»

En la parte del almacén ya limpia y descontaminada, unos cuantos contenedores se han reconvertido en espacios para la creación cultural./Michelena
En la parte del almacén ya limpia y descontaminada, unos cuantos contenedores se han reconvertido en espacios para la creación cultural. / Michelena
NEREA AZURMENDIUrretxu

En el paisaje guipuzcoano se alternan, a veces sin solución de continuidad, polígonos que bullen de actividad y camposantos industriales en los que yacen, descomponiéndose a la vista de todos, los restos de fábricas que en su día parecían invencibles.

La calle Ipeñarrieta de Urretxu, que marca la salida hacia Legazpi, discurre en su mayor parte entre las vías de la línea ferroviaria Madrid-Hendaya y una sucesión de fábricas y talleres en desuso. Apenas tres o cuatro permanecen en activo.

En la parte trasera se advierte el trasiego del Polígono Mugitegi. Al otro lado de las vías, ya en el término municipal de Zumarraga, se levanta el corpachón gigantesco de ArcelorMittal, una baja relativamente reciente, cuyo certificado de defunción se firmó hace menos de dos años.

Puesto que las dos empresas más emblemáticas del lado urretxuarra -Irimo y Fundiciones Sarralde, piezas clave en la industrialización de la localidad en las primeras décadas del siglo XX- se cerraron hace mucho más tiempo, la pregunta «¿qué se puede hacer con todo este suelo?» se empezó a plantear hace ya varios años. Después de un tiempo proponiendo y estudiando ideas que, por diversas razones, no han terminado de cuajar, las primeras respuestas concretas llegan estos días con la puesta en marcha de Musika Entsegu Lokalak en Sarralde.

Los locales de ensayo de Sarralde comenzarán a funcionar la semana que viene

El alcalde de Urretxu, Jon Luqui, cree que todo el trabajo realizado con anterioridad, que ha incluido varios procesos participativos, algún que otro sobresalto y hasta un concurso de proyectos, «ha dejado un poso muy útil desde el punto de vista de la definición del Proyecto Irimo». Ahora hay que aprovecharlo.

Proyecto a cuatro manos

Aunque el sector, y la iniciativa, llevan el nombre de Irimo, el proyecto tiene en cuenta los casi 20.000 metros cuadrados que suman la fábrica que le da nombre, cerrada en 2001 y habitada por okupas en la actualidad, y la contigua, Fundiciones Sarralde, que en los años previos a su cierre en 2006 se llamó Fundiciones Urretxu. Es precisamente en un extremo de su enorme almacén de moldes, del que en 2016 se extrajeron 400 toneladas de desechos, donde ha cuajado la operación a cuatro bandas que supone el primer atisbo de futuro para «un espacio de oportunidad» en el que, sin embargo, casi todo sigue por hacer y por decidir.

Se trata de un paso pequeño pero significativo, que a partir de la semana próxima permitirá a una veintena de grupos musicales de Urretxu y Zumarraga, la mayoría de ellos englobados en la asociación Mutamu, contar con locales de ensayo acondicionados en el interior de contenedores portuarios. En realidad, supondrá una vuelta a casa, porque durante unos años ya estuvieron ensayando en las antiguas oficinas de Sarralde. En 2016 una tormenta dañó el edificio hasta el punto de obligar a su clausura.

Los ayuntamientos de Urretxu y Zumarraga han colaborado en el proyecto ‘Sarralde entsegu lokalak’

La operación, además de dar una respuesta a las necesidades de los grupos, corresponsables en la gestión de los locales, ha demostrado que la colaboración entre instituciones no siempre implica demoras. El primer paso se dio en noviembre de 2016, cuando los Ayuntamientos de Urretxu y Zumarraga, tras varias reuniones con colectivos culturales y ciudadanos, acordaron poner en marcha, juntos, un nuevo proyecto de locales en Sarralde.

En las fotografías cedidas por el Ayuntamiento de Urretxu, el almacén antes y después de la limpieza.

En diciembre se sumó la Diputación Foral de Gipuzkoa, cuyo Departamento de Cultura facilitó ocho contenedores marítimos de segundo uso que, unidos de dos en dos y convenientemente acondicionados, se han convertido finalmente en cuatro locales de 30 metros cuadrados. La cuarta mano ha sido la de la Dirección de Juventud del Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco, que con una subvención de algo más de 50.000 euros ha contribuido a acelerar los trabajos de adecuación de los contenedores y, cosa insólita, terminar antes de lo previsto.

Solo un primer paso

«Es un hito más. Un paso pequeño, pero tangible, en la línea de ir aprovechando gradualmente los espacios que vamos limpiando, descontaminando y acondicionando», asegura Jon Luqui. En realidad, en Sarralde se vienen dando «pequeños pasos» desde hace años, porque no hacer nada no se contempla como opción.

Los 10.000 metros cuadrados que ocupa Sarralde, a diferencia del solar vecino de Irimo, en manos privadas, fueron adquiridos por el Ayuntamiento de Urretxu en 2010. La idea inicial era destinar una parte del solar a viviendas y otra a suelo industrial terciario. El planteamiento no prosperó, y dio paso entre 2012 y 2015 a un proceso participativo para ir esclareciendo el futuro del lugar. No obstante, las obligaciones financieras derivadas de aquella compra siguen pesando en un presupuesto municipal que no llega a los 9 millones de euros.

La Diputación facilitó los contenedores y el Gobierno Vasco financió su acondicionamiento

Pero, al margen de ese hecho indudablemente relevante, el reto que supone reinventar y reactivar en el siglo XXI un entorno como el de Irimo, que podría trasladarse con otros nombres a muchas localidades guipuzcoanas, no puede ser más estimulante. Ni más complicado.

Sarralde e Irimo ya compartieron historia en el pasado. Ambas fábricas se fundaron a finales de los años 20 del pasado siglo, en pleno boom industrial. Ambas prosperaron, y confiaron su crecimiento a grandes arquitectos de la época. Luis Astiazarán Galarza firmó la ampliación de Sarralde en 1939. Félix Llanos Goiburu diseñó el nuevo edificio del que se dotó Irimo en 1957. Astiazarán y Llanos colaboraron con frecuencia, de manera que la armónica relación entre sus diseños racionalistas para dos solares colindantes tal vez no fuera fortuita.

Los dos edificios están incluidos en la 'Guía de Arquitectura de Gipuzkoa 1850-1960' editada en 2005 y, aunque en algún momento se planteó prestarles una atención especial por su «valor histórico» y por ser los «últimos elementos representativos de la industrialización del municipio de Urretxu», carecen de protección.

Irimo es una ruina, y una suma de problemas de muy variada índole. Sarralde va sacudiéndose paso a paso las capas de abandono que ha ido acumulando. El siguiente paso será limpiar, descontaminar y adecentar un espacio contiguo al almacén ya recuperado, de dimensiones similares al anterior, para que «los chavales puedan montar las carrozas» que participan en el desfile de la Euskal Jaia de septiembre. Otro pequeño paso, vinculado a las necesidades cotidianas de los vecinos, para seguir ganando espacio al deterioro.

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