Fiesta con el lodo en los talones

Kutxa Kultur Festibala

La lluvia apenas ha afectado este sábado al desarrollo de la segunda jornada del festival, en el que ha destacado la deliciosa actuación de The Divine Comedy

Los irlandeses de The Divine Comedy, con Neil Hannon como protagonista, fueron uno de los platos fuertes de la segunda jornada del Kutxa Kultur.
Los irlandeses de The Divine Comedy, con Neil Hannon como protagonista, fueron uno de los platos fuertes de la segunda jornada del Kutxa Kultur. / Pedro Martínez
JUAN G. ANDRÉS

Sol, haberlo, lo había, pero estaba remolón y se resistía a abandonar su escondrijo tras el parapeto de nubes. Sin embargo, y por fortuna, la lluvia respetó más o menos la segunda jornada del Kutxa Kultur y el hipódromo lució un mejor aspecto que la víspera. Según datos provisionales aportados por la organización, 4.000 almas están asistiendo a los conciertos de este sábado, lo que arroja una cifra final de 8.000 personas en la séptima edición del festival.

Si el viernes fueron División Minúscula quienes dieron color y calor mexicano al hipódromo, el sábado fue su compatriota Vanessa Zamora quien les tomó el relevo. Tras darse a conocer mediante las redes sociales y sorprender con su debut ‘Hasta la fantasía’ (2014), la artista de Tijuana ha presentado recientemente el single ‘Hablas mucho’. Al escuchar su voz y su goloso pop bailable animado por una caja de ritmos, resulta difícil no acordarse de Julieta Venegas, con quien, por cierto, ha girado Ruzzi, la artista que acompañó a Vanessa tocando el bajo ante un público todavía tímido que caminaba por encima de las telas blancas colocadas sobre la hierba para minimizar los efectos del barro.

Aunque para pop fino y delicado el de The Divine Comedy, proyecto del norirlandés Neil Hannon, que hace algunos años visitó la ciudad en dos ocasiones, pero siempre en formato de ‘one-man-band’. Por eso ha sido especial verle presentar, con banda al completo, su undécimo disco, ‘Foreverland’ (2016). «Lamentablemente, Napoleón está de vacaciones, sólo estoy yo», se excusó al saltar a escena vestido de paisano, a diferencia de otras ocasiones en las que suele aparecer ataviado de época cual emperador Bonaparte, en alusión al tema ‘Napoleon Complex’, que abre su último trabajo. Con el lodo en los talones y el hipódromo convertido en un encharcado pero festivo Waterloo, la audiencia disfrutó, especialmente en las primeras filas, del luminoso pop orquestal de un artista que se mueve entre el ‘music hall’, la ‘chanson’ y el barroquismo sonoro. Interpretó temas como ‘Bad Ambassador’ -puro Bowie-, ‘Catherine The Great’ -dedicada a su pareja-, ‘To the Rescue’ -maravillosa-, ‘Sweden’ -una suerte de aria de ópera rock- o ‘A Lady of a Certain Age’ -pelos como escarpias-.

Poco o nada importó que Hannon obviara el atrezzo con el que suele adornar sus actuaciones -sólo llevó un cartel gigante con la preciosa pintura modernista que sirve de portada a su LP-, pues canciones como ‘Something For The Weekend’, ‘Becoming More Like Alfie’ o la bailonga ‘At The Indie Disco’, tuneada con los sones del ‘Blue Monday’ de New Order, no precisan de nada para sonar relucientes y redondas. O sólo necesitan una cosa: la bufanda que protegió la garganta del bardo irlandés, que se quejó del tiempo en más de una ocasión: «¿Esto es España u otro sitio», bromeó.

Bajo su amplia y protectora carpa, el escenario Matusalem dio pruebas del eclecticismo de un festival que no le tiene miedo a la diversidad de estilos. Los donostiarras Skakeitan estuvieron muy por encima de su público, demasiado tranquilo, agitando su coctelera de rock, ska y reggae a la que suman nuevos ingredientes: así, mezclan algo de electrónica con los instrumentos de viento característicos del género y le dan un tono más original e interesante que el que proponen otras bandas más escoradas hacia la simple pachanga. El escurridizo Pello Armendariz demostró cualidades de excelente ‘frontman’ y repasó buena parte de su repertorio, centrado en su último disco, ‘Galera’ (2016) y haciendo guiños a gente como Manu Chao, que colaboró con ellos en la grabación, y también a los navarros El Columpio Asesino.

En la misma pista han cabalgado The Lookers, que al fin actuaron sobre un escenario digno de su grandeza. El joven trío de Iparralde lleva años pateándose mil y un garitos y teloneando a luminarias como New Christs, Fleshtones, The Bellrays y The Flamin’ Groovies, con quienes, por cierto, acaban de editar un single compartido, ‘Don’t Talk To Strangers / Pictures On The Wall’, en la disquera Bloody Mary -¿dónde, si no?-. Los veinteañeros Nicolas Caumont (voz y bajo), Mikel Toyos (guitarra) y Charlie Hollocou (batería) facturan una insolente y fresca mezcla de rock, garaje y punk que remite a los clásicos de los años 70 pero lo hacen con tal desenfado y soltura que suena novísimo. Apenas pudimos catar unos minutos de su sudoroso show antes de que esta crónica de urgencia saliera pitando hacia la rotativa.

En el tercer escenario estaban programadas principalmente las funciones de los grupos locales, tanto los del programa Kutxa Kultur Musika como los del circuito foral Katapulta Tour. El guipuzcoano Beñat Igerabide presentó un folk-rock de excelente factura junto a una sólida banda en la que destacaron las melodías del órgano, mientras que Rubén Ramos ha exhibido las tablas adquiridas tras años al frente de su anterior proyecto, Cohen: ha presentado el disco ‘Ghost Tapes’ (2016), el primero bajo el sello Reuben RG, y también empleó sonidos sintetizados en una propuesta que conviene seguir de cerca. Lamentablemente, no hemos tenido tiempo de catar como es debido la excelencia de Grande Days, grupo donostiarra que en su EP ‘Spark’ (2016) confirmó un desbordante talento en lo referido a la creación de atmósferas.

Más allá del horario de estas líneas queda la esperada actuación de The Drums y, sobre todo, The Hives, cabezas de cartel de este año junto a The Jesus and Mary Chain. También aguardaban su turno esta noche otros nombres internacionales como Hercules & Love Affair y talentos locales como Vulk, Kokoshca, Oso Fan y Luma. El Paddock, peculiar ‘establo’ para los amantes de la música electrónica, vibrará hasta el amanecer con A. Gaultier, Morgan Hammer, Horsemeat Disco y Erol Alkan.

A la espera del balance

Y a la espera del balance final del lunes, dos aplausos: uno para los organizadores, que con el cambio de ubicación han hecho una apuesta valiente que no se ha visto favorecida por lo único que escapa a su control, las inclemencias del tiempo; y otro aplauso, mayor si cabe, para los 8.000 felices y gallardos espectadores que no se han arredrado por un poco de lluvia, frío y barro, y que bailaron y cantaron como si no hubiera un diluvio. Ya lo escribía ayer el compañero Etxeberria en estas páginas, sólo ellos podrán decir «Estuve el primer año de Lasarte» en el estreno de escenario de un festival que, a nada que acompañe el tiempo y se perfeccionen algunos detalles -retrasos, iluminación, etc.-, promete grandes momentos de fiesta en los próximos años.

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