Los festivales guipuzcoanos prescinden de los grandes nombres

Festivales de música

El Jazzaldia y Donostia Festibala vinculan el cambio a motivos económicos y estratégicos. El Azkena Rock de Vitoria, el BBK Legends y el Bilbao BBK Live son las citas veraniegas que acaparan las estrellas internacionales

La banda Berri Txarrak/
La banda Berri Txarrak
JUAN G. ANDRÉS

Tradicionalmente, julio y septiembre han sido meses clave en la agenda de cualquier festivalero guipuzcoano. Tanto el Escenario Verde del Jazzaldia, abierto a grandes nombres del pop y el rock, como el Kutxa Kultur Festibala han solido ofrecer estímulos suficientes para satisfacer el hambre melómana de los aficionados más exigentes. Sólo en la última década, la Zurriola ha acogido las actuaciones gratuitas de estrellas como B.B. King, Patti Smith, Jamie Cullum, Gloria Gaynor, Ray Davies, Elvis Costello o The Pretenders, mientras que por el velódromo, Igeldo y el hipódromo han pasado Primal Scream, Dinosaur Jr., Yo La Tengo y The Jesus & Mary Chain, entre otros.

Este año tampoco faltará la música en esas fechas en las que actuarán Fleet Foxes (10 de julio en el Kursaal) y Ricky Martin (29 de agosto en Illunbe). Sin embargo, los artistas de talla internacional pasarán de largo de los festivales guipuzcoanos, que han prescindido de ellos por razones económicas y de estrategia. Por un lado, el Jazzaldia abrirá su Escenario Verde a ritmo de salsa con el panameño Rubén Blades, mito de la música latina que no tiene mucho que ver con los citados astros, mientras que el resto de la oferta -Anna Calvi, Gary Clarke Jr., Mikel Erentxun, Izaro, Amateur…-, tendrá un perfil menor o más local.

Por otro lado, la cita rebautizada como Donostia Festibala se encuentra inmersa en la búsqueda de una identidad propia y se ha fijado como prioridad atraer al público joven, para lo cual ha primado las músicas urbanas (hip hop, trap…) en un cartel capitalizado casi al completo por artistas españoles y vascos entre los que destacan Kase. O, Berri Txarrak, C. Tangana y Riot Propaganda.

Así las cosas, los musiqueros ávidos de pesos pesados deberán salir de Gipuzkoa para encontrarlos en el Bilbao BBK Live, el Azkena Rock de Vitoria o el BBK Music Legends Fest de Sondika, por cuyos escenarios rondarán The XX, Gorillaz, Van Morrison, Joan Jett o Jeff Beck.

Rubén Blades.
Rubén Blades.

«Había que moderar el gasto»

El responsable del Jazzaldia, Miguel Martín, admite que la programación pop de este año es «bastante heterogénea» y está «alejada de los grandes nombres», aunque subraya que el distanciamiento del indie se apuntaba ya en las últimas ediciones y obedece básicamente a motivos presupuestarios: «Entre 2010 y 2015 había demasiado compromiso económico en el Verde. Había que moderar el gasto porque en ese escenario no hay ingresos por venta de entradas y traer a grupos de ese nivel restaba fuerza a los recintos de pago. El ritmo de esos años no hay quien lo mantenga: hundiría el festival».

Con un presupuesto cercano a los 2 millones de euros y el apoyo «creciente» de Heineken como patrocinador, el Jazzaldia seguirá apostando por la gratuidad de las actuaciones de la Zurriola, aspecto en el que incide Martín. «No se nos puede comparar con otras citas del entorno que sí cobran entrada. Hay que tener en cuenta la viabilidad de todo el presupuesto y Heineken no sólo aporta dinero para el Verde… También ayudaría a obtener mayor rentabilidad de ese escenario que alguna gente no se trajera las bebidas de casa y consumiera en las barras de nuestro patrocinador», observa.

Con todo, el director se muestra satisfecho con un programa que arrancará el día 25 de julio con el regreso a Donostia de Rubén Blades, una figura «intergeneracional» que el año pasado fue la figura «estelar» del Festival de Vitoria y que en la Zurriola actuará gratis. También destacó el talento del 'guitar hero' estadounidense Gary Clark Jr. y de la británica Anna Calvi, el único nombre indie del cartel. Izaro, vizcaína afincada en la capital guipuzcoana, repetirá en la ciudad tras abarrotar recientemente el Victoria Eugenia mientras que la noche más donostiarra la protagonizarán Mikel Erentxun y Amateur, el grupo surgido de las cenizas de La Buena Vida. Al margen del pop y del rock, la oferta jazzística de pago contará con invitados tan ilustres como Gregory Porter, Chick Corea, Caetano Veloso o Brad Mehldau.

«La gente pide otras cosas»

Hace unas semanas el festival antes conocido como Kutxa Kultur anunció cambio de nombre y de filosofía. Un sector del público mostró su sorpresa y tristeza por la ausencia de viejas glorias y nombres sonoros en el cartel, aunque su director, Sergio Cruzado, cree que «a los grupos los hace grandes el público». «Si Berri Txarrak y Kase. O son capaces de meter a 12.000 personas en el BEC o Zaragoza, es que son grandes», sostiene. Y el director de Donostia Festibala parece haber acertado con la fórmula porque la venta de entradas ha empezado «como un tiro»: faltan tres meses y medio para el 14 y 15 de septiembre pero ya han vendido bastantes más entradas que las adquiridas por los 7.800 asistentes del pasado año. Aquella cifra no cubrió las expectativas de la organización, que se vio perjudicada por una mezcla de varios factores: el cambio de ubicación, el mal tiempo y el poco gancho popular de un cartel encabezado por los veteranos The Jesus and Mary Chain.

«Los grupos históricos suscitan mucho interés entre nosotros, periodistas y programadores, pero igual no tienen tanto tirón entre el público. No te puedes dar de golpes contra un muro cuando la gente está pidiendo otras cosas», opina Cruzado. A su juicio, a esas bandas se les paga «una barbaridad desmedida» y aunque aportan prestigio, «no garantizan sostenibilidad ni proyecto de futuro, sino que contribuyen a debilitar económicamente los ciclos y los festivales». Su obsesión ahora es «generar nuevos públicos» gracias a una oferta que mezcle los lenguajes urbanos actuales que atraen a los jóvenes con «propuestas transversales» para que el público adulto «esté cómodo o sienta curiosidad por ver lo que se está escuchando en la calle». «No quiero hacer un festival-nostalgia», asevera.

Otra variable a tener en cuenta es la presupuestaria. Si una cita como el BBK Live trae grandes nombres es porque la promotora Last Tour se juega la vida en ello, porque Bilbao tiene mejores infraestructuras y el Ayuntamiento aporta 1,4 millones de euros a un presupuesto de 7. «Aquí no ha habido nunca una aportación pública clara», lamenta Cruzado, que aún desconoce en qué se traducirá el apoyo del Consistorio donostiarra y de la Diputación, que en 2017 sólo colaboraron con 20.000 y 18.000 euros, respectivamente.

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