«Compartimos una actitud artística y trabajamos desde la libertad total»

El sello Bidehuts celebra diez años de autogestión con el disco 'Mirailak' y una fiesta que llenará Intxaurrondo el día 16

Karlos Osinaga, 'Txap', cantante y guitarrista de Lisabö además de productor de muchos de los discos de Bidehuts, prepara los discos de vinilo que estos días han llevado a la Azoka de Durango. / F. DE LA HERA
Karlos Osinaga, 'Txap', cantante y guitarrista de Lisabö además de productor de muchos de los discos de Bidehuts, prepara los discos de vinilo que estos días han llevado a la Azoka de Durango. / F. DE LA HERA
JUAN G. ANDRÉS

'Ezlekuak', el cuarto disco de Lisabö, inauguró en febrero de 2007 un sello que no tardaría en convertirse en referencial dentro de la escena vasca. Poco después de la desaparición de la discográfica Metak, el citado grupo irundarra, Hotel e Inoren Ero Ni fundaron Bidehuts, un colectivo que diez años después se puede vanagloriar de atesorar un envidiable legado: apoyado siempre en la «autogestión y la libertad creativa», su catálogo supera la docena de grupos y alcanza ya las 40 referencias musicales.

En realidad son 41 se si suma la última, 'Mirailak', una suerte de disco recopilatorio que ha visto la luz en vísperas de la Azoka de Durango y en la que los grupos del sello se versionan unos a otros. El día 16, sábado de la próxima semana, el centro cultural Intxaurrondo acogerá un minifestival en el que tocarán Anari, Audience, Joseba Irazoki, Lisabö, Mursego, Nire, Sacco, Jupiter Jon e Inoren Ero Ni. La cita ha levantado tal expectación que las entradas se agotaron hace dos semanas, poco después de salir a la venta.

Sin ánimo de lucro

«No teníamos unos objetivos iniciales muy trascendentales, simplemente ir editando nuestros discos tal y como los sentíamos y no morir en el intento», recuerda Eneko Aranzasti, uno de los dos baterías de Lisabö. Ante todo, fue «una época de aprendizaje» porque tras la experiencia de Metak sabían cómo editar un disco, pero lo ignoraban todo acerca de la fabricación de vinilos, las licencias Creative Commons, la distribución o el depósito legal: «Hoy es un proceso bastante generalizado, al menos en nuestro entorno, pero hace diez años nos quitó unas cuantas horas de sueño».

En una década el catálogo de Bidehuts ha superado la docena de bandas y los 40 discos

Mientras otros grupos se iban sumando al colectivo, en 2009 la eibartarra Maite Arroitajauregi publicaba por su cuenta su debut como Mursego. Antes había grabado algunos chelos en 'Ezlekuak' y acompañaba en directo a Anari, uno de los nombres fuertes del sello. «Me dejaron caer que mi segundo disco, 'bi' (2010), podría encajar en Bidehuts, y para mí era el paso natural porque eran mis amigos y compartía una forma de ver y hacer la música: no le di más vueltas», rememora la artista.

Preguntados por cómo definirían un proyecto tan atípico como Bidehuts, ambos destacan su carácter asambleario e independiente. «Yo lo veo como una plataforma en la que varias bandas que compartimos amistad y una actitud artística, podemos publicar nuestros discos trabajando siempre desde la libertad total», asegura Arroitajauregi antes de que Aranzasti subraye cuál es, a su juicio, la clave: «Las personas o bandas que integran Bidehuts no sólo piensan en sus respectivos discos, sino que también tienen en cuenta las necesidades colectivas. En estos tiempos es un ejercicio de generosidad y de sacrificio por todo el tiempo y trabajo que ello exige».

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Huelga decir que el sello carece de ánimo de lucro y que, en términos económicos, el objetivo consiste en cubrir gastos y poco más. Cada grupo se autoproduce y financia sus discos ocupándose de todo lo relacionado con su creación, grabación, producción y fabricación, y encuentra en Bidehuts «un mecanismo de acompañamiento para distribuirlo y promocionarlo». «Una vez que se ha vendido lo necesario para recuperar el dinero -y sólo entonces-, la banda deja un porcentaje muy pequeño en el sello que sirve para cubrir los gastos mínimos del proyecto», explica Arroitajauregi en alusión a capítulos como el alquiler del local y al mantenimiento de la página web.

A diferencia de los sellos convencionales, Bidehuts no contrata a personal externo para ninguna tarea, sino que entre las distintas bandas forman grupos de trabajo que gestionan la web, el stock, la venta por correo, la promoción y las redes sociales, la contabilidad, el contacto con la distribuidora, etc. «Y las cosas van saliendo adelante en función de la energía y dedicación de las bandas», asegura antes de arrojar luz sobre el funcionamiento asambleario de la asociación.

Arriba, la última asamblea que Bidehuts celebró el pasado sábado, con miembros de Audience, Anari, Llsabö y Jupiter Jon, entre otros grupos. / F. de la Hera

Se realizan un mínimo de dos asambleas al año para tomar las decisiones de los siguientes meses y si es preciso, se organiza alguna más para casos concretos como el lanzamiento del disco 'Mirailak' o para preparar la Azoka de Durango, tal y como reflejan las imágenes que acompañan a este reportaje, que fueron captadas el pasado fin de semana en su local de Irun. «Las decisiones son tomadas de manera colectiva, lo cual tiene varios inconvenientes porque es posible que lo que tú harías para tu disco no sea lo que más conviene al colectivo, y para colmo, las personas con las que discutes son amigos y gente a la que admiras. Pero de todos modos, siempre compensa porque al final sirve para ponerte en la piel del otro y aprender de los demás», asegura Mursego.

'Síndrome Bidehuts'

La pregunta en torno a si existe una especie de 'marca' o 'sonido Bidehuts' es bastante recurrente. Hace unos meses, el periodista y responsable del portal musical 'Badok', Jon Eskisabel, respondía en una entrevista que ese supuesto sonido «afortunadamente no existe» porque «más que en la estética coinciden en la ética». A su juicio, la mayor aportación del sello es haber llevado «la cultura del compañerismo» a un ámbito muy proclive al individualismo. «Comparten amistad, una actitud similar ante la música y una misma manera de trabajar», agregaba.

Tampoco en Bidehuts creen que exista un sonido que vertebre a todas las bandas. «Tenemos una manera parecida de vivir la música, un compromiso y un deseo de autogestionar nuestros proyectos», opina Maite Arroitajauregi. «Quizá lo que existe es un interés hacia las ediciones de Bidehuts por parte de un pequeño grupo de personas que se acercan a todo lo que se edita bajo nuestro sello», añade Eneko Aranzasti. Esto último sería algo similar a aquello que Beñat Goitia, líder del grupo Montauk, llamaba 'síndrome Bidehuts': el descubrimiento de un grupo del sello te lleva irremediablemente a querer conocer al resto.

¿Y ahora qué? Los aniversarios siempre son un buen momento para reflexionar y mirar al futuro, pero el batería de Lisabö lo tiene claro y no necesita pensar mucho la respuesta: «El mayor reto al que se enfrenta Bidehuts es Bidehuts». Por ello, al margen de cómo cambie el voluble mundo de la música, el sello «depende al 100%» de «las ganas del colectivo de realizar proyectos nuevos y continuar gestionándolos de forma independiente». «Bidehuts seguirá hasta que nosotros mismos decidamos que ha llegado el final», concluye Aranzasti.

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