Rosenvinge: «Es muy difícil encontrar poesía en cuestiones tan repugnantes como la corrupción»

La compositora madrileña ofrecerá un concierto hoy en San Sebastián. / DV
Christina Rosenvinge, compositora e intérprete

La madrileña encabeza hoy la primera jornada de Donostikluba, que comenzará a las 20.00 horas con Iker Lauroba y Ane Leux como teloneros

JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

Siempre en la órbita del pop, su carrera ha conocido varias reinvenciones, desde Álex y Christina o su alianza con Los Subterráneos hasta una decena de álbumes en solitario que han mostrado a una artista en constante cambio. En su último disco hasta la fecha, 'Lo nuestro' (2015), Rosenvinge (Madrid, 1964) abraza los sonidos electrónicos y sus letras adquieren un cariz más social. En el concierto que ofrecerá hoy dentro de la décima edición de Donostikluba Festibala (10/12 euros) actuará acompañada de «tres talentazos»: Juan Diego Gosálvez a la batería, David T. Ginzo a los teclados y Manuel Cabezalí a la guitarra.

-El título del disco, 'Lo nuestro', apela a un yo colectivo... ¿Por qué?

-Cuando decimos 'lo nuestro' puede referirse a muchas cosas distintas. Qué es exactamente lo que es nuestro es una pregunta que flota en todas estas canciones que escribí entre 2011 y 2013. Era un momento en el que nuestra vida íntima se estaba viendo muy afectada por los acontecimientos generales. Las crisis irrumpió en muchas casas afectando a nuestra vida personal, y no me refiero solo a la crisis económica, sino a la crisis de valores y creencias.

-Y eso se refleja en las letras.

-En otros discos había un tono más íntimo en general, como si le estuviera cantando a uno que está enfrente. Ahora le estoy cantando a todos los que pasan por debajo de mi balcón. ¡Por eso no me queda más remedio que cantar más alto! (Risas) En algunos temas del nuevo disco le canto al cielo, a alguien que no está. También influye el hecho de tener una banda muy potente detrás, ponerme por encima me lleva a escribir otras cosas.

-Una canción como 'Alguien tendrá la culpa' critica abiertamente la corrupción de la clase política. ¿Son más difíciles ese tipo de letras que las de desamor que usted lleva más año cultivando?

-Son mucho más difíciles. El desamor es un tema fino y elegante, la política es fea. Encontrar la poesía en cuestiones tan repugnantes como la corrupción es muy difícil. Pero aunque está motivada por eso, habla de algo más amplio. Se haga el daño que se haga, todo el mundo se siente perfectamente justificado. Este es un mundo de víctimas en el que nadie admite su responsabilidad. Nadie dice ante el juez: «Miré usted, es que no tengo escrúpulos morales». El criminal se siente una víctima incomprendida que sólo tenía una salida posible. Pero eso ocurre también a pequeña escala cada vez que alguien pisa a otro: parece que pensar solo en tu propio culo es algo justo y natural. Los principios morales se pintan con tiza cuando limitan nuestro interés personal. Esa canción tan sencilla me dio muchísimo trabajo.

-En estos tiempos convulsos a alguno le parecerá una frivolidad escribir canciones puramente pop...

-A mí no. Sería como pensar que solo hay que comer alimentos que te nutran: también hay que comer helados y tomarse alguna copita. Por algún lado hay que tener vías de escape. El pop hedonista está muy bien y cumple su función. A mí me encanta irme a bailar cuando no puedo más con la presión.

-Otro cambio con respecto a los discos anteriores es la idea de experimentación... Esta vez ha usado bases electrónicas sutiles...

-Repetir lo que ya está hecho para mí no tiene mucho sentido. Siempre intento aproximar los discos a un ángulo diferente. Es lo que me mantiene en forma. Ahora tenemos todos ordenador. He aprendido a usarlo como herramienta y me divierte mucho. Me he pasado del piano al sintetizador y programo bases mientras compongo. Estamos perdiendo algo hermoso, la forma orgánica de hacer música en el local y en el estudio, que resulta muy costosa, pero a cambio tenemos la posibilidad de hacer los arreglos de una canción en casa sin quitarte el pijama. Es lógico utilizarla y también que eso provoque otro estilo.

-¿Su voz aún tiene facetas que usted misma desconoce? Lo pregunto por los gritos y gemidos de 'La tejedora', que brindan una atmósfera muy especial a la canción...

-Supongo que sí, eso no estaba pensado. 'La tejedora' tenía esos grititos tribales inspirados en la música andina, pero al final de la grabación me salió algo animal de forma espontánea: un alarido larguísimo, fiero y liberador. La canción lo pedía... Raúl Refree, que estaba en la mesa de mezclas, se quedó helado y entró a ver si estaba bien. Cuando comprobó que me estaba riendo me preguntó por qué no le había avisado y yo le dije que no sabía que iba a suceder eso. Fue imposible repetirlo en otra toma.

-¿Es necesario reinventarse?

-No hay una vocación de reinventarse tanto como un interés por probar nuevos caminos. Yo siempre soy la misma, pero soy muy permeable a las influencias y a los acontecimientos. No lo hago con la intención de sorprender, sino de fluir con los tiempos que me toca vivir.

-Temas como 'Liquen' dejan entrever atmósferas más oscuras. ¿Tiene que ver con su momento vital o es una cuestión más bien estética?

-Lo que tú llamas oscuro para mí es emocionalmente intenso y romántico en este sentido: nos adentramos en nuestras zonas oscuras porque queremos conocernos mejor. Esa canción y otras pretenden reflejar lo frágiles que nos sentimos en este mundo.

«Siempre intento aproximar los discos a un ángulo diferente; eso me mantiene en forma»

«Nos adentramos en nuestras zonas oscuras porque queremos conocernos mejor»

«La masculinidad oculta una forma de soledad todavía más asfixiante que la de las mujeres»

-Louise Bourgeois y Nikola Tesla son algunos de los referentes del disco, en el que también aparecen sus antiguos amantes ('Romeo y los demás')... ¿Alguno se ha enfadado?

-(Risas) ¡Qué va! Hasta hubo quinielas para ver quién era quién y alguno se ofendió por no encontrarse en la canción. En realidad, es un homenaje en el que también aparecen mi padre, mis hijos, mis profesores... Es una canción divertida.

- En 'La muy puta' rapea usted: «Así, danzo desnuda, sin rostro, sin edad. No me afecta el tiempo ni la gravedad». Suena a declaración de principios...

-Bueno. Más bien suena a fantasía de ultratumba. Es un cuento gótico motivado por iniciar una relación con alguien mucho más joven que yo. Eso me puso delante la cuestión de que el tiempo pasa, cosa que evito pensar a toda costa, así que escribí una supuesta confrontación con la muerte en clave de humor...

- Empezó en la música hace tres décadas. ¿Ha mejorado algo la situación para las mujeres artistas?

-No mucho. Pero desde el 2011 estamos hablando de feminismo en serio y eso es esperanzador. Durante mucho tiempo, desde los años 70 se ha vivido con la fantasía de que la igualdad legal se traducía en igualdad social, cosa que no es cierta. Se había asumido que la discriminación sexual era natural, que la función social estaba determinada por la función reproductiva y las propias mujeres lo habían asumido como inevitable. Todo eso se está cuestionando de nuevo.

-¿Y cómo ve el papel del hombre?

-Me preocupa que tantos hombres perciban el feminismo como algo que les perjudica. Hay que meditar sobre si sus privilegios lo son en realidad porque el feminismo también les libera de una carga pesada. Pero todo eso pasa por reescribir lo que es masculino y lo que es femenino, porque son conceptos trasnochados. En el nuevo disco que saldrá dentro de poco, 'Un hombre rubio', he escrito algunas canciones en torno a la masculinidad y lo que creo que oculta, una forma de soledad todavía más asfixiante que la de las mujeres. Tener que aparentar que eres un macho alfa debe ser agotador. Hay un lugar para cada ser humano y no depende del sexo con el que nace, sino de sus preferencias y aptitudes. Hay que repartir mejor las fuerzas.

-¿Existe el peligro de relajarse ahora que al menos la cuestión del feminismo está en el candelero?

-No hay nadie relajado. Cuando antes de esta nueva ola hablaba de feminismo, la gente me miraba con incredulidad y algunos hacían comentarios jocosos y despectivos. Sólo podía desahogarme con algunas mujeres mayores que yo. Ahora todo el mundo quiere discutir. Cuando hace poco se ha intentado eliminar la ley del aborto es señal de que no hay que relajarse. Lo que hay que hacer es mucha pedagogía, meter el tema en la escuela para contrarrestar lo que se ve en las casas, en la calle y lo que enseña la religión. No sé por qué hay tanto miedo. Ni el mundo ni la familia se acaban con la igualdad. Mi prima en Dinamarca tuvo tres hijos antes de los 30 mientras estudiaba Medicina porque su marido se encargó de gran parte de la crianza y el Estado les dio todo tipo de soporte. Ahora es una cirujana estupenda. Pregúntale a los hombres que opera que piensan del feminismo.

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