Volodos: «Hoy en día somos terroristas del ruido»

«Constantemente suena ruido organizado que llamamos música, pero que no deja de ser ruido», sostiene el pianista ruso.
«Constantemente suena ruido organizado que llamamos música, pero que no deja de ser ruido», sostiene el pianista ruso.
Arcadi Volodos, pianista

MARÍA JOSÉ CANOSAN SEBASTIÁN.

El pianista Arcadi Volodos (San Petersburgo, 1972) sustituye hoy al esperado dúo formado por el violinista Leonidas Kavakos y la pianista Yuga Wang. El artista ruso ofrecerá un recital en el teatro Victoria Eugenia centrado en obras de la última etapa compositiva de Schubert.

- Usted ha tocado en otras ocasiones en San Sebastián. ¿Qué recuerdo tiene de sus anteriores visitas?

- Las recuerdo muy bien. He tocado mucho con la Orquesta Sinfónica de Euskadi y me acuerdo tanto de los conciertos de San Sebastián, como también de los que dimos en otras ciudades cercanas, todos en muy buenas salas. En cuanto a San Sebastián, me encanta. Es una de las ciudades más bellas de España.

-¿En qué medida influye en usted el auditorio o el lugar en el que toca?

- En un concierto influye mucho todo, pero no sólo la sala, sino también el viaje, tu estado de ánimo, cómo te sientes, en qué ciudad estás, el público... todo influye.

- Esta vez actúa sustituyendo a Leonidas Kavakos y Yuga Wang. ¿Cómo vive afrontar un concierto de última hora?

- Lo cierto es que ha sido algo imprevisto. Yo estaba de vacaciones y me llamaron hace unos días. Esto ocurre a veces y es difícil acudir inmediatamente a hacer una sustitución, pero como me gusta ir a San Sebastián, que es una gran ciudad, no he dudado en aceptar.

- ¿Qué repertorio va a ofrecer en su recital?

- Interpretaré las dos últimas Sonatas de Schubert, así que de alguna manera, el concierto supone un monográfico de la última etapa de la vida de Schubert. Es como su testamento musical.

- Usted nació en San Petersburgo pero se formó en el Reina Sofía de Madrid y se quedó en España a vivir. ¿Por qué?

- Nací en San Petersburgo, pero mi padre se divorció y se fue a vivir a París, por lo que a los 20 años elegí vivir en Francia por razones familiares. Más tarde decidí vivir en España y los últimos años he vivido entre España y Francia. Lo que ocurre es que cuando nació mi hija hace tres años, dejé de vivir en Francia y decidimos quedarnos definitivamente en España.

- ¿Hasta qué punto es importante para un artista tener una estabilidad emocional?

- Es importantísimo, pero para todo el mundo, no solo para los músicos. Pero además, para un artista que viaja mucho es especialmente importante regresar a casa y ver a su familia.

- Desde que saltó a la fama hace ya más de dos décadas, ¿diría que ha evolucionado como músico?

- Yo creo que todos evolucionamos como personas y somos diferentes cada día. Esa es la clave de todo, porque cada nuevo día nos transformamos y de hecho, cuando escucho una grabación que realicé hace seis o doce años, me doy cuenta del cambio. La evolución es algo totalmente natural, que se da sin forzar, nunca es algo pensado. Tienes otra mentalidad, eres otra persona, otro mundo... No podemos tener las mismas percepciones a los 20 años que a los 45.

- Su último disco está centrado en Brahms. ¿Por qué?

- Porque es uno de los compositores que siempre me ha acompañado y he tocado toda mi vida. He elegido los últimos 'Intermezzos,' algo muy profundo en su creación y en su vida. He tocado esta música toda mi vida y he pensado que era el momento de grabar estas obras. Amo a Brahms y lo más importante es que no quiero saber por qué me gusta tanto Brahms.

- Creo que también ha descubierto recientemente al compositor catalán Federico Mompou.

- Lo he descubierto en Barcelona, en casa de un amigo mío que tenía una gran relación con él, y tras conocer su mundo de los últimos años me parece un creador increíble.

- Usted ha sido famoso por sus interpretaciones de la música de Rachmaninov. ¿A qué cree que se debe? ¿Opina que por el hecho de ser ruso y de admirarlo como pianista y compositor ha aportado algo especial como intérprete?

- No creo que el hecho de ser ruso tenga algo que ver. La conexión que tengo con Rachmaninov es un verdadero misterio porque hay muchos rusos que no saben tocar la música de compositores rusos. Por eso, creo que es un misterio, porque Rachmaninov y yo tenemos una conexión metafísica que no se puede explicar.

- Tengo entendido que usted escoge el repertorio que desea interpretar y la literatura que existe para piano es amplísima e inabarcable en una vida. ¿En qué se basa para elegir lo que toca?

- Es algo muy difícil, porque hay muchas cosas que deben darse para que se cree esa conexión. Ocurre con Rachmaninov, Mozart o Scriabin, pero también tiene que haber una conexión con las tonalidades, e incluso así hay que hacer un estudio de cómo desarrollar un programa de concierto. En el caso del concierto que toco mañana en San Sebastián, es de alguna manera, tal y como le he dicho, un monográfico sobre la última etapa de la vida de Schubert.

- ¿Se considera especialista en algún repertorio concreto?

- Yo trato de concentrarme y no toco demasiados repertorios diferentes. En los últimos años me he dedicado a Schumann, Brahms y Schubert. Considero que para tocarlos bien hay que dedicarles mucho tiempo. Hay que tocarlos poco a poco y dedicarles tiempo.

- ¿Cuáles diría que son sus mejores armas como pianista?

- No lo sé. Hay muchos pianistas interesantes en la historia, desde Rachmaninov en Rusia hasta Cortot en Francia. Los pianistas tenemos que ser diferentes, mostrar distintos colores y sonidos. Cada concierto y cada piano es único, y también cada compás de cada obra.

- ¿Qué es para usted el silencio?

- Es muy importante. Los que escriben de música saben del silencio y sobre todo hoy. Al que le gusta la música está buscando el silencio porque hoy en día somos terroristas del ruido. Todo es ruido y por eso buscamos el silencio. Constantemente suena ruido organizado que llamamos música, pero que no deja de ser ruido. Y con tanto ruido uno no puede quedarse solo con su alma, ¿Cómo se puede apreciar la música de Schubert o Mompou si todo es ruido?

- Una de sus peculiaridades ha sido su capacidad de improvisar, algo más propio del jazz. ¿Continúa haciéndolo?

- No, eso se ha acabado, aunque a veces improviso algunos arreglos en el momento en el que toco alguna obra. Para tocar música de Schubert hay que sacrificar todo lo demás; no se puede mezclar con más cosas.

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