Diario Vasco

Cuando la música entra por los ojos

Cuando la música entra por los ojos
  • Portadas del rock esenciales

  • El periodista musical Xavier Valiño desgrana las claves de 50 carátulas de discos históricos desde 1956 en un lujoso volumen

No están, ni mucho menos, todas las que son o han sido, pero sin duda que todas las que están, las 50 elegidas, son parte fundamental del aspecto iconográfico de la historia del rock y el pop de los últimos 60 años. Nacieron para ilustrar el contenido de los discos y, con el tiempo, muchas de ellas, se convirtieron en obras de arte en sí mismas o en símbolos de una época, de un estilo o tendencia musical, cuando no en marca de la casa propia y reconocible desde la que identificar a un artista o banda e incluso a un diseñador.

El periodista musical Xavier Valiño (Cospeito, Terra Chá, Galiza, 1965) se ha sumergido en las páginas de la historia del género para rastrear el origen y los porqués que están detrás de algunas de las portadas más emblemáticas, reconocibles y especiales que han ilustrado discos desde los años 50.

Dice Valiño en el prólogo que no se puede juzgar el contenido de un disco por su portada pero sí se tiene en cuenta porque hubo una época en la que «el contenido de un disco, sus canciones, van íntimamente ligado al continente. El impacto de esas carátulas siempre ha estado ahí, en los vinilos y, en menor medida, en los compactos y la fuerza de una fotografía o una tipografía está bien clavada en nuestro subconsciente».

El autor no se limita a explicar los detalles de cada carátula sino que los textos que acompañan cada portada incluyen tanto las influencias artísticas como otros diseños, imitaciones o referencias similares, así como si fueron un modelo de inspiración para otros proyectos. Valiño reconstruye la historia de cada carátula e incluye elementos que había pasado desapercibidos, conexiones con otros trabajos, referencias, homenajes y copias plasmadas en discos publicados después. «Lo más importante de todo lo que valoré es que tuviese una historia detrás, que su realización fuese lo suficientemente interesante como para dedicarle varias páginas. Si su realización fue sencilla y no había más que una persona detrás de una mesa dibujando o con una fotografía, pero nada más se quedaba fuera».

La importancia de una portada como reclamo quedó clara desde el primer momento. El primer diseñador fue el joven grafista Alex Steinweiss cuando fue nombrado director artístico del sello Columbia en 1939 que hasta esa fecha lanzaba los vinilos con carátulas monocromas oscuras. Con los diseños más atractivos de Steinweiss, en pocas semanas, las ventas de discos crecieron un 800%.

Década dorada

Valiño ha llevado a cabo un proceso de cribado a partir de una primera selección y todo el proceso, incluido el contacto con diseñadores y fotógrafos, la localización de imágenes, le ha llevado dos años. «Trabajé con una lista de 104. En esas 50 que no se publicaron, hay la misma cantidad más o menos por década que la que se publicó. Solo traté de compensar entre los que se incluyeron y los que se quedaron fuera».

En la selección final predominan las portadas realizadas en la década de los setenta, hasta veinte originales, por 11 de los años sesenta, ocho de los ochenta y noventa, respectivamente, solo un par del siglo XXI y una, la primera, de los años 50, la que ilustra el referencial debut de Elvis Presley. «Los setenta fue la época gloriosa del diseño de cubiertas. Discográficas y músicos buscaban impactar con envoltorios elaborados. Los dobles se convirtieron en la norma incluso para artistas noveles, con desplegables, troquelados, formatos únicos, pósters, libretos y todo tipo de reclamos buscando deslumbrar», rememora.

El autor cree que en los setenta «surgieron colectivos o artistas bien conocidos, había grandes presupuestos y se llevaban a cabo las ideas más increíbles, por inverosímiles que parecieran, incluso con la aparición de los primeros diseñadores revolucionarios del punk. La aparición del formato digital representó claramente la estocada definitiva».

La irrupción del CD es el motivo que explica que a partir de los años noventa la cifra de seleccionadas vaya menguando. «Con el compacto y más incluso con las descargas digitales, las portadas no se ven o, como mucho, se contemplan en la pantalla de un móvil o un ordenador. No es lo mismo ilustrar un vinilo, con mayor superficie, que un compacto, algo más deslucido. Luego con las ventas en descenso continuo, es mucho más difícil que se conozca la portada de un disco. Tampoco se puede olvidar que hace falta que transcurra cierto tiempo para sopesar qué portadas acabarán teniendo impacto con los años, algo que para la última década y media quizás sea aun pronto para valorar eso».

El lujoso volumen incluye trabajos de los Beatles, los Rolling Stones, Pink Floyd, David Bowie, Elton John, Santana, Small Faces, Black Sabbath, Cream, la Velvet, King Crimson, Ramones, Grateful Dead, Bob Marley, Led Zeppelin, Jethro Tull, Sex Pistols, The Clash, Joy Division, Talking Heads, The Smiths, XTC, Grace Jones, Depeche Mode, Stone Roses, Suede, Spiritualized, Pulp, U2, Björk y Gorillaz, entre otros.

Puro negocio

Pese al supuesto resurgimiento del vinilo como codiciada pieza para coleccionistas, Valiño no las tiene todas consigo. «Hay melómanos que prefieren el vinilo, pero nunca se llegará ni por asomo a la décima parte de los que se vendían antes. Otros lo prefieren como elemento de colección y escuchan compactos, descargas digitales o plataformas de internet. Las discográficas por ahora se creen esa apuesta solo por negocio: mientras se venda, lo editarán, aunque de nuevo están cayendo en el error de siempre, inflar los precios para exprimirlo al máximo».

El periodista gallego ha usado para ilustrar la portada del libro una variación de la célebre carátula del popular disco de Pink Floyd. «Es una imagen hecha por los mismos diseñadores, aunque distinta y que solo se vio en una reedición y el titulo hace referencia a que en el libro me dedico a destripar lo que no se sabe de la elaboración de esas portadas, busco su lado oculto».

No cree que sus autores fueran ninguneados. «Hay que pensar que lo que se vende en el producto es música, es lógico que recordemos el nombre del artista y solo algunas veces la portada. En el diseño y entre aficionados son bien conocidos nombres como Higpnosis, Peter Saville, Roger Dean o Jamie Reid. Es cierto que para la mayoría son desconocidos, pero se les pagó su trabajo (bien o mal, esa es otra cuestión) y muchos vivieron de ello. En mis conversaciones con ellos ninguno se quejó de haber sido ignorado, aunque alguno sí consideró que no se le conocía como debiera».

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