Diario Vasco

48 ediciones de historias humanas

Las coralistas de Indonesia se hacen un 'selfie' momentos antes de entrar al Leidor.
Las coralistas de Indonesia se hacen un 'selfie' momentos antes de entrar al Leidor. / IÑIGO ROYO
  • La 'intrahistoria' del concurso es un reflejo de la propia evolución que ha experimentado la actividad coral y el mundo en general

  • Apasionados romances o el director que casi se queda en calzoncillos, entre las anécdotas del certamen

Hay coralistas que viven apasionadas historias de amor entre canción y canción. A otros les suena el móvil en plena actuación. Unos tienen la 'chuleta' de la obra escrita en la mano porque no se saben la letra, y algunos directores dirigen con tanta energía que casi se quedan en calzoncillos. Cuarenta y ocho años de certamen coral en Tolosa dan para muchas anécdotas. Pequeñas historias que son también el reflejo de la evolución que ha experimentado el propio mundo. Hoy, todos los cantores visten la misma ropa, las mismas zapatillas de marca. Da igual que sean letones, sudafricanos o chinos. Antes no era así.

Cómo no recordar, en la época soviética, a aquellos comisarios políticos que viajaban junto a las agrupaciones del Este, controlando todos sus movimientos y filtrando lo que podían decir los directores a la prensa. Y las deserciones a las que tuvo que hacer frente la organización. Coralistas que abandonaba el coro y se declaraban 'refugiados políticos'. Era toda una papeleta.

Los coros han evolucionado muchísimo a la hora de ofrecer sus actuaciones. Antes, era todo más serio en el vestuario y en la forma de cantar. Ahora, introducen elementos sorpresivos, coreografías, teatralizaciones, instrumentos, bailan, lucen vestimentas llamativas, desfilan por el patio de butacas... Este mismo año, por ejemplo, un sueco se ha disfrazado de Freddie Mercury, unos lituanos han usado altavoces como si fueran cantantes de música ligera, y unos holandeses han armonizado sus voces sujetando una tetera roja, no se sabe muy bien para qué.

El vino también ha motivado jugosas anécdotas. Mientras los rusos de un coro de la antigua URSS guardaban todas las cajas de vino 'Don Simón' de la cena para llevárselas a su país, los suecos que participaron hace unos pocos años se montaron un servicio propio de autobús para comer y beber en una de las mejores bodegas de La Rioja, donde se corrieron una juerga monumental. Años más tarde, otros suecos se fueron de sidrería a Astigarraga, «pasando» de cenar en el self-service oficial.

La tolosarra y el esloveno

En el ya desaparecido 'baile coral' se solían vivir momentos de pasión entre los coralistas. Pero la más bella historia de amor la protagonizaron un francés y una polaca. La coral de Zielona Gora ofreció un recital en una ciudad francesa, poco antes de llegar a Tolosa. Un joven espectador galo quedó prendado de los encantos de la polaca y le acompañó hasta la villa, que fue testigo de su intenso romance. Otra historia de amor, ésta muy conocida, la protagonizaron la acompañante tolosarra de un coro esloveno y uno de sus coralistas. Se enamoraron y se casaron. Hoy día son matrimonio. Tienen unas hijas preciosas, residen en Tolosa y el esloveno es un tolosarra más.

Celebradas son las juergas nocturnas que se vivían en el baile. Uno de estos excesos se saldó con un tobillo roto, como en el caso de una coralista búlgara. Más grave fue el ataque al corazón sufrido por un lituano, que debió permanecer unos cuantos días hospitalizado. También ha habido mareos en plenas actuaciones.

En 48 años ha habido directores enérgicos, hieráticos, simpáticos, antipáticos, fríos, protagonistas... Algunos agitan los brazos de manera enérgica, otros saltan sobre el escenario, algunos desaparecen, otros cantan de solistas... La anécdota más graciosa la protagonizó un norteamericano que dirigía con tanta pasión..., que se acabó soltando el enganche de los tirantes y el pantalón fue poco a poco bajando, hasta que asomaron los calzoncillos. Ni se dio cuenta de lo concentrado que estaba.

El clima también ha protagoni-zado historias divertidas. El mismo día en que los cubanos se quejaban del «frío intenso» que hacía en Euskadi y que «les obligaba a no salir del hotel», los ucranianos se bañaban en la playa de la Concha.

Ha habido momentos curiosos que dan para llenar páginas. Esas máscaras que usan muchos coralistas orientales para no enfriarse, aquel director de Leipzig que exigía agua embotellada y no de jarra, o el turco que pidió un local estrictamente cerrado para ensayar. Un director checo invitaba a sus coralistas a beber un traguito de licor para calmar los nervios. Y otro finlandés hacía chocar sus dedos con los de sus coralistas antes de salir a escena. El cantor de Pamplona a quien le sonó el móvil en plena actuación. Lo pudo parar pronto pero... ¡Tierra trágame! El búlgaro que se olvidó los zapatos negros antes de entrar en el escenario, y hubo que prestárselos entre bastidores. La coreaografía andaluza con la que un coro de Ucrania sorprendió cantando una canción vasca. El coro de la universidad china que tenía más estudiantes (24.000) que habitantes Tolosa (19.000)...

Cada año es más sorprendente la perfecta pronunciación de las canciones en euskera de las corales extranjeras, que hacen suyas estas piezas y las difunden por todo el mundo. A unos turistas tolosanos que cantaban el 'Boga boga' en un restaurante de Roma se les unió un coro húngaro que había pasado por el Certamen y que les deleitó con canciones vascas.

En fin..., son sólo pequeñas historias de un certamen que sigue haciendo historia.

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