Diario Vasco

El Kutxa Kultur Festibala eleva su listón

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Los navarros Berri Txarrak llenaron el escenario principal durante la velada del viernes. / JOSÉ MARI LÓPEZ

  • La quinta edición del certamen organizado en Igeldo se cierra con más de 10.000 espectadores

La quinta edición del Donostia Kutxa Kultur Festibala echó el telón la noche del sábado con éxito de público en las horas centrales de la programación y una asistencia final de más de 10.000 espectadores, 4.700 el viernes y 5.300 el sábado. Si bien es cierto que hasta las ocho de la tarde la afluencia de público a Igeldo fue los dos días tirando a minoritaria, de igual forma a partir de las diez de la noche y la puesta del sol no cabía un alfiler en el recinto de atracciones.

Dos propuestas vascas, Berri Txarrak y Belako, arrasaron en el escenario principal en horarios estelares y con el personal entusiasmado, entregado y volcado con ambas bandas euskaldunes. Corizonas, Young Fathers, Neuman y !!!! (Chk Chk Chk) dejaron muy buen sabor de boca entre los aficionados.

Otra de las sorpresas positivas fue el abrasador y torrencial espectáculo desmadrado que dieron los bilbainos Yellow Big Machine en el escenario improvisado que hubo que habilitar en medio del paseo que unía la explanada del escenario principal y las escaleras para acceder a la zona de las atracciones y el segundo escenario. Como solución de urgencia para suplir el escenario pato sobre el estanque, novedad de este año que finalmente se truncó y hubo que descartar salvo para varias sesiones de pinchadiscos.

Contratiempo

El mayor contratiempo tuvo como protagonista involuntaria a Cat Power. La intérprete norteamericana tenía previsto actuar junto a su banda pero sus músicos fueron retenidos por inmigración y la artista se vio obligada a tener que dar el concierto en solitario con la sola compañía de su guitarra y un piano de cola que la organización tuvo que buscar a última hora como solución de urgencia para salir del paso.

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Así que una propuesta que se auguraba como uno de los momentos estelares del programa quedó un poco desubicada en formato intimista sobre un escenario pensado para el modelo de banda y no para los temas acústicos ideales para distancias cortas y recintos cerrados, pero algo deslucidos sobre un escenario para grandes formatos.

Como el recinto es el que es, las músicas de los escenarios coincidían en determinados momentos de la velada, con lo que además el ruido de ambiente se solapaba con las músicas, con un resultado desquiciante porque la confusión sonora era a veces formidable.

Hubo zonas, como el acceso al segundo escenario, que colapsaron y resultaba imposible atravesar el tapón y el embudo generados junto a la fuente y la pista de autos de coches. Es evidente que ese escenario, y su explanada correspondiente habilitada para los espectadores, se han quedado pequeños para albergar conciertos nocturnos con reclamos con tirón popular.

El escenario central es el que mejores prestaciones ofrece. Situado al fondo, con un impagable telón de fondo procurado por los árboles del monte, es visible desde cualquier parte del recinto, incluso desde arriba de la explanada. Lo de las atracciones funcionando quizás sea una de las señas de identidad que da personalidad al festival pero lo cierto es que también aporta barullo a su manera, dispersan la atención pero cumplen con su misión de servir de excusa para desconectar del atracón de actuaciones. Lo que resulta innegable es que el festival está claramente consolidado e Igeldo comienza a quedársele pequeño.