«La música y el arte son derechos humanos», reivindica Gustavo Dudamel

«La música y el arte son derechos humanos», reivindica Gustavo Dudamel

«La democracia es la única solución para mi país», asegura el director de orquesta venezolano, que debuta en el Teatro Real al frente de la Filarmónica de Viena

MIGUEL LORENCI MADRID.

Con seis años y la batuta que le regaló su abuelo, Gustavo Dudamel (Barquisimeto, 1981) «ya dirigía en casa a mi Filarmónica de Viena de juguete». Tres décadas después, consagrado como uno de los grandes directores del mundo, el joven talento venezolano dirigirá a los maestros de carne y hueso de la mejor orquesta del mundo en el Teatro Real de Madrid. Será el viernes día 13 con un programa en que alternará a Berlioz -'Sinfonía Fantástica'- con Mahler -'Adagio de la Sinfonía número 10'-. Confía en que su país salga de su profunda crisis con «democracia» y dice que «la música es un derecho humano».

En su debut en el Real está dispuesto a adecuarse «a sus misterios acústicos» y a disfrutarlo «como un niño que abre una chocolatina». «Dirijo con idéntica pasión a la orquesta infantil de Barquisimeto que a la Filarmónica de Viena», asegura un Dudamel risueño, resuelto y muy cercano. Desde que la dirigiera por primera vez en 2005 se ha puesto al frente de la formación vienesa «casi ochenta veces», la más notable para el Concierto de Año Nuevo de 2017.

Para Dudamel, «la música, el arte y la belleza son derechos humanos». «La libertad que hay que dar a un pueblo es la cultura», dice citando a Unamuno. Casado y «enamoradísimo» de la actriz española María Valverde, el director confirma sin complejos que gracias a ella «también disfruto de Pink Floyd, Led Zeppellin, Coldplay o los Beach Boys». Grupos a los que ahora combina con Mahler, Mozart y Beethoven y «con zarzuelas como 'Los gavilanes'».

Con su país sumido en una gravísima crisis política y social desde hace años, Gustavo Dudamel solo tiene una receta para solucionar la grave situación que atraviesa Venezuela: «democracia». «Igual que las diferencias y disonancias de una orquesta se convierten en armonía cuando se toca, así deberían funcionar los países y el mundo», propone.

«No sé dónde está mi techo»

«Democracia -reitera- es la única manera en que podemos salir de esto», asegura cuando se le plantea si la solución pasa por Nicolás Maduro. «Mi pueblo tiene que madurar mucho, porque Venezuela es un adolescente que está construyendo su historia y tiene que pasar por baches; crecer es un proceso complejo y requiere tiempo, y la solución saldrá de la ciudadanía y de la madurez del pueblo», aseguró optimista el hoy director titular de la Filarmónica de Los Ángeles.

«Hay que crear más puentes y menos fronteras», es su muletilla ante las constantes preguntas sobre Venezuela, que no elude. En mayo pasado pidió al presidente Maduro que «rectificara y escuchara la voz del pueblo» al agravarse la ola de protestas antigubernamentales. Una valentía que se tradujo en la suspensión por parte de Maduro de dos giras internacionales al frente de la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela y de la Sinfónica Simón Bolívar.

Dudamel se reconoce orgulloso como el hijo de un milagro, El Sistema, la red de orquestas y coros juveniles e infantiles creada en 1975 en Venezuela como una obra social y cultural del Estado por el «visionario» José Antonio Abreu y que mereció el premio Príncipe de Asturias de las Artes.

«No sé dónde está mi techo. Me queda mucho por delante», dice el joven director, que afrontó a Mahler con una orquesta real con solo dieciséis años y que con 26 era aclamado en Viena como un mago de la batuta.

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