Un mundo de luz y color

La pintora Dolo Marina vuelve a Hondarribia con nueva obra

ELISA LÓPEZ

«Pintar es transformar la realidad con un poco de color». Con estas palabras Dolo Marina (Bilbao, 1956) presenta en Hondarribia su nueva exposición de verano. Como todos los años, esta artista fiel a sus principios estéticos y en cuya raíz siempre están los paisajes, vuelve con una muestra cargada de color. Cuando uno entra en la Galería Chelines se encuentra ante una serie de cuadros que irradian luz y llenan la estancia de luminosidad.

Sin un título definido, la exposición combina telas y tablas con óleos y acrílicos de diferentes formatos, grandes y pequeños, y se divide en dos partes. Por un lado, en las paredes de la sala cuelgan cuadros realizados al aire libre, intentando reproducir partes del paisaje. «Me gusta plasmar los cambios rápidos que se producen en el paisaje, el movimiento de los árboles, personas que pasan, el agua y los efectos que se producen con el viento, con las olas, con los reflejos en el suelo un día de lluvia, partes de la casa, con pincelada suelta, intentando respetar el primer impacto representado. Aunque esto es lo que más me cuesta porque necesito mucha concentración», confiesa.

Por otro lado, la artista bilbaína afincada en Hendaya, ha trabajado el módulo, la continuidad de la vista, «al final una imagen la enmarcamos porque no puede ser infinita», explica. Cada uno de los módulos, continúa, tiene una composición propia e importancia en el mismo pero forma parte de un todo, que podría ser ilimitado, como es la realidad.

«Un reto»

Para la pintora terminar un cuadro es siempre un reto, «sobre todo cuando sacas el caballete a la calle». Tal y como afirma, «cuando trabajo al natural, en directo, la pintura es más fresca, dinámica, de impacto y pincelada suelta. Además la luz cambia continuamente, sobre todo aquí en el Norte; empiezas con sol y de repente se nubla o empieza a llover. En el estudio es distinto, pinto para conseguir un efecto, me da tiempo de pensar en la técnica».

Dolo Marina no se siente vinculada a ninguna tendencia pictórica. Es una artista independiente. «Cuando estudié Bellas Artes todo el mundo hacía arte abstracto, yo era de las pocas realistas y parecía que no tenía un hueco. Ahora las cosas han cambiado, hay más gente que hace Realismo... Pero me gusta ver todo lo que se hace, lo nuevo o las distintas tendencias, que también me influyen. No tengo un referente claro, pero me gustan muchísimos artistas, como Sorolla, Velázquez, Mari Puri Herrero o Pollock». Para Marina la pintura es «una necesidad» a la que durante muchos años no pudo dedicar todo su tiempo porque tuvo que compaginarla con la enseñanza y a su familia. «Me ocurre al contrario que a muchos: le enseñanza me apasionaba, no lo veía solo como un medio económico. Todo lo que enseñaba a mis alumnos me lo cuestionaba, y comunicarme con gente que pinta es muy especial».

Ahora, vuelve un año más a Galería Chelines, cuya propietaria –con la que mantiene una larga relación de amistad y profesional– lleva toda una vida dedicada al mundo del anticuario y del arte.

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