Los monstruos de Goya viven dentro de sus pinceles negros

La sordera de Goya, en cinco magníficas viñetas. /
La sordera de Goya, en cinco magníficas viñetas.

El Torres y Fran Galán publican 'Goya, lo sublime terrible'

OSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

. Francisco de Goya y Lucientes, nacido en Fuendetoros el 30 de marzo de 1746... Era común estudiarlo en el colegio como uno de los genios de la pintura mundial, prestando atención tanto a su vertiente cortesana como a su lado oscuro, aquel que le llevó a crear sus pinturas negras. Creció a caballo de los siglos XVIII y XIX, épocas en las que los historiadores ya pueden bucear sin problemas en las vidas buscando claves que expliquen los porqués. Y, sin embargo, aún hoy son muchos los secretos que guardaba Goya. Puede que lo mejor fuera dejarlos dormir.

'Goya, lo sublime terrible', el último trabajo del guionista malagueño El Torres y del dibujante Fran Galán, no es un cómic histórico. Y conviene dejarlo claro desde un principio, porque el lector podría llegar a pensarlo y, en consecuencia, acercarse a la obra para quedar perplejo ante lo que allí sucede. Otra cosa es que sea evidente el enorme trabajo de investigación que los dos autores han llevado a cabo para plagar cada página de un rigor sobre el que construir una fantasía.

No debería sorprender que así sea. El Torres, el mejor guionista nacional en la actualidad, capaz tanto de escribir las aventuras del youtuber El Rubius, como de adentrarse en el género épico-humorístico con sus 'Bribones', navega cómodo por todos los mares posibles, pero donde destaca en, sobre todo, en el terror. 'Las brujas de Westwood', 'El bosque de los suicidas', 'El velo' o la reciente y extraordinaria 'Camisa de fuerza' son argumentos más que lapidarios para demostrar lo dicho. La conclusión es que, si El Torres se adentra en los demonios de Goya, el resultado estará a la altura del peor de ellos.

Los monstruos reales

'Goya, lo sublime terrible', no busca la verdad, se deja llevar a partir de una premisa que los autores no pretender hacer real. Pero, ¿y si...?

¿Existen los monstruos? No figuras literarias, sino auténticos monstruos. Porque El Torres lleva buena parte de su vida afirmando que sí, afirmando que solo hace falta mirar con atención para descubrirlos. Goya tal vez hasta pintó los que le rondaban, los que le obsesionaban y amenazaban.

Nada fácil, precisamente, dibujar algo así. Dos años de trabajo en conjunto, desde la documentación hasta el color de la última viñeta. Entra en liza Fran Galán, amigo del guionista desde 2014, con quien realiza algunas portadas y dos cuentos sobre el referido 'Bosque de los suicidas'. Aquellos fueron magníficos. Con Goya llega a la excelencia. Su estilo, tal y como puede comprobarse en las imágenes reproducidas, no es realista en las figuras, aunque huye cuidadosamente de la caricatura. Hay que considerar, además, que El Torres recorre muchos años de la vida del artista. Desde su madurez hasta la vejez, Fran Galán retrata a la perfección el paso del tiempo en todos los protagonistas, sin perder ni un solo segundo el rigor en la puesta en escena. Desde los interiores de las casas o palacios hasta juegos basados en llevar a la acción escenas pintadas por Goya, como la pradera de San Isidro que se sitúa al fondo de los personajes en la viñeta central.

E imposible no mencionar el color, esto es, la luz. Es un cómic, no una obra del maestro zaragozano, pero que su insondable paleta de colores aparezca perfectamente reconocible en las páginas es asombroso y, en consecuencia, el lector queda atrapado en un carrusel que combina la demencia con la belleza. Lo sublime terrible.

Que la tesis del álbum no pretende ser tal, sino más bien un juego de salón, cobra importancia por el cuidado con que El Torres trata el lenguaje, salpicado de expresiones y giros de la época, pero adaptándolo al siglo XXI; mantiene la esencia, pero no llega a ser empalagoso en ningún momento. Un logro ciertamente notable.

Y mientras entra en escena la Duquesa de Alba o la sordera se apodera del artista, el cómic avanza hacia su inesperado desenlace, tal y como mandan los cánones. Obtendrá reconocimiento y cosechará muchos premios, eso seguro. Después de caminar por un filo de navaja de ciento doce páginas.

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