Oscar Gómez Mata: «Me fui de aquí en un momento de enfado con las políticas culturales»

Oscar Gómez Mata: «Me fui de aquí en un momento de enfado con las políticas culturales»
Autor, director y actor de teatro

Irunés y ginebrino, cofundador de las compañías Legaleon-Ty L'Alakran, acaba de recibir el Premio Nacional de Teatro de Suiza

MARIA JOSÉ ATIENZA

A finales de los 80, un grupo de jóvenes amigos amantes del teatro comenzó a reunirse en las antiguas escuelas del barrio irunés de Anaka para crear espectáculos de clown. A aquella cuadrilla «de payasos y bufones» pertenecía (y pertenece) Oscar Gómez Mata, que acaba de recibir el Premio Nacional de Teatro de Suiza, otorgado por el Ministerio de Cultura helvético. Desde los 80 hasta hoy, este actor, director, autor y escenógrafo ha fundado dos rompedoras y reconocidas compañías: Legaleon-T (Irun, 1987) y L'Alakran (Ginebra, 1997), ha puesto en escena una treintena de espectáculos, marcados por la poesía visual, el espíritu crítico y el humor, ha realizado giras por Europa y Latinoamérica y ha impartido clases en varias escuelas y universidades. Su país de adopción, al que se trasladó en 1995, reconoce ahora toda su trayectoria.

- ¿Cómo ha recibido uno de los premios más importantes del teatro suizo?

- Con mucha alegría. Suiza es el lugar donde trabajo, tengo la doble nacionalidad, pero no he nacido allí. Que ese país en el que he desarrollado más de veinte años de mi trayectoria, me reconozca el trabajo, es muy importante para mí y me da mucha tranquilidad. Eso es lo que me da el premio, tranquilidad, porque el trabajo de todos los días sigue siendo el mismo. Cada día hay que pensar en la obra, en la compañía, en las giras y en cómo hacer funcionar todo este tinglado.

- ¿Por qué se fue y por qué se quedó en Ginebra?

- Me fui en un momento en el que estaba muy enfadado con las políticas culturales de este país. Nosotros, con Legaleon-T teníamos ya una repercusión, teníamos proyectos muy serios y cada vez que había un cambio político, a mí me daba la impresión de que todo lo que había hecho el responsable anterior, el nuevo que llegaba lo tiraba a la basura. Había que empezar a explicarlo todo otra vez. Eso era lo que nos pasaba a nosotros. En aquel momento, yo conocía la realidad suiza porque había estado trabajando y estudiando allí, en la escuela de Serge Martin. Además, tenía una relación con el país, porque mi esposa, (Delphine Rosay, actriz y bailarina) es de Ginebra. Pensé que quizás allí, haciendo el mismo trabajo que estaba haciendo aquí, alguien responsable me escucharía. Pensé que la apuesta institucional, con el tiempo, sería otra. Y por eso me decidí a irme. Quería ver si lo que yo pensaba y hacía podía tener otro tipo de apoyos a medio o largo plazo.

- Y los tuvo.

- En mi caso, sí. No sé si debido al trabajo que hice o a que llegué en el buen momento a los sitios oportunos o a que tuve suerte, la escucha de la gente de allí fue la adecuada y encontré apoyos para trabajar. Puede decirse que las condiciones para hacer lo que quería me parecieron las ideales.

- Pero cambiar de país, de idioma, de compañeros de trabajo... A pesar del apoyo familiar, no resultaría fácil al principio.

- Es una dicotomía, un buen lío. Con los años ya estoy muy tranquilo con todo eso, pero durante mucho tiempo no fue fácil. Por un lado, podía hacer lo que siempre había querido y por otro, estaba siempre añorando mi tierra, porque a mí me encanta volver a la bahía de Txingudi, me encanta estar allí, porque es el lugar en el que me siento bien. El sitio de donde vienes es la base. Es fundamental. No hay que olvidarlo nunca. Está presente todos los días en mi trabajo. Ginebra me ha aportado la estabilidad para desarrollar ese trabajo, me ha aportado estructuras y también me ha aportado un reconocimiento, claro.

- En realidad nunca se ha ido del todo, porque ha seguido trabajando con Legaleón-T, en coproducciones, como 'Carnicero español', 'Tombola Lear', 'Psicofonías del alma'...

- Siempre he guardado el contacto con Irun, con el País Vasco y con la gente de Legaleón. Estuvimos un montón de años trabajando juntos Edurne Rodríguez, Antxon Anduaga, Ana Pérez, Espe López... La colaboración se ha mantenido siempre. Con Espe López he seguido trabajando regularmente durante estos veinte años, prácticamente en todos mis espectáculos.

- De hecho, hace dos años estrenó 'La conquista de lo inútil', una obra que interpretan tres actores vascos.

- Sí, fue una coproducción con el teatro Saint Gervais de Ginebra y los tres actores son vascos: Espe López, de Irun, Txubio Fernández de Jauregi, de Gasteiz, y Javier Barandiarán, de Donostia. Estrenamos la obra en Madrid y la hemos girado por España, Suiza y Francia.

- Es una obra que reflexiona sobre el entusiasmo y la pérdida de éste con el paso de los años. ¿Ha perdido el entusiasmo por el teatro en algún momento?

- El entusiasmo es un circuito al que he dado muchas vueltas y si lo había perdido, lo he recuperado con mis amigos y colegas de 'La conquista de lo inútil', porque Espe, Txubio y Javier son tres entusiastas de primera.

- Se ha pasado la mitad del mes de mayo en las Naves del Matadero de Madrid. ¿Qué le ha llevado allí?

- Han organizado una especie de retrospectiva sobre mi trabajo y sobre la compañía L 'Alakran. Han seleccionado una serie de obras que la gente ha podido ver en vídeo. También he impartido un taller para profesionales y una master class y he presentado un ciclo de películas que me pidieron que seleccionara y que han influido de alguna manera en mi trabajo. Además, los días 18 y 19 representamos la última obra que he dirigido, que es 'Le Direktor. (El jefe de todo esto)', inspirada en la película de Lars von Trier.

-¿Cuándo podremos ver la próxima obra del Premio Nacional de Teatro de Suiza en los escenarios guipuzcoanos?

-Ójalá sea pronto. A mí me encantaría que se programase 'La conquista de lo inútil', sobre todo por los actores. Me gustaría que se pudiera ver en nuestra zona, porque nosotros, aquí, también tenemos un público.

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