Medio siglo de historia guipuzcoana

Tellechea, que fue fundador y presidente del Grupo./LUIS MICHELENA
Tellechea, que fue fundador y presidente del Grupo. / LUIS MICHELENA

Un libro repasa los 50 años del Grupo Doctor Camino, que se ha erigido en un referente de los estudios históricos el territorio

BORJA OLAIZOLASAN SEBASTIÁN.

Surgió con el propósito de paliar el vacío que supuso la desaparición en el incendio de 1813 del archivo municipal de San Sebastián y con el tiempo se ha erigido en el principal referente de los estudios históricos de Gipuzkoa. El Grupo Doctor Camino de Historia Donostiarra ha superado con creces los objetivos que se marcaron hace medio siglo sus fundadores. Los más de 600 estudios recopilados desde entonces y los 14.500 libros y documentos que conforman su biblioteca constituyen un patrimonio indispensable para reconstruir nuestro pasado.

Que una ciudad como San Sebastián tenga un grupo de historiadores y académicos dedicado a bucear en su historia local constituye un raro privilegio. Lo recuerda Juan Aguirre en la introducción del libro que Kutxa Fundazioa ha editado para conmemorar el aniversario. «Es excepcional -escribe Aguirre- que una ciudad de tamaño medio como Donostia cuente con un ateneo de historia local tan fértil como el que acredita la producción editorial del nuestro». La historiadora María Rosa Ayerbe, que lleva el timón de la institución desde el fallecimiento en 2008 de José Ignacio Tellechea Idígoras, su fundador y presidente, corrobora esa impresión. «No hay en todo el país una capital de las dimensiones de San Sebastián que tenga su propio boletín de estudios históricos». Ayerbe aprovecha la efeméride de los 50 años para reivindicar el espíritu que guió a sus fundadores, especialmente a Tellechea Idígoras, un erudito que trabajaba con un rigor que ha impregnado todas las publicaciones.

El libro

Título
Grupo Doctor Camino. 50 años de historia donostiarra.
Edita
Kutxa Fundazioa.
Contenido
Facsímil de las actas del grupo.

La historiadora recupera fragmentos de un artículo que Tellechea escribió en las páginas de El Diario Vasco en enero de 1963 para explicar algunos de sus propósitos: «La cultura no es un negocio. Crea espíritu, del cual andamos cada vez más escasos. Sazona un clima con sentido de tradición, abre horizontes nuevos mientras ahonda en las viejas raíces, presta continuidad a la solera histórica, acrecienta la más noble dimensión del hombre. Un pueblo sin raíz cultural es un pueblo sin alma. Una raíz cultural sin la debida atención se agosta. El orgullo del mero dinero es un orgullo emparentado con la barbarie y con el culto a la potencia económica», decía el texto.

Aquellas palabras, recuerda Rosa Ayerbe, removieron conciencias y sembraron la semilla que terminaría germinando en 1967 con la creación del Grupo Doctor Camino de Historia Donostiarra. El nombre reconocía la labor de Joaquín Antonio de Camino y Orella, canónigo donostiarra que estudió y ordenó el archivo municipal antes de su destrucción en el incendio de 1813. El grupo, que surgió como filial de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, entonces bajo el abrigo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, recibió el respaldo económico de la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián para echar a andar.

El Boletín de Estudios Históricos sobre San Sebastián fue desde el comienzo la principal seña de identidad del colectivo. El primero de los boletines vio la luz en 1967 y recogía un artículo del propio Tellechea titulado 'San Sebastián, rompeolas histórico', que constituía una declaración de intenciones. El ya presidente del Grupo Doctor Camino reivindicaba la historia local, la historia pequeña que «posee un doble valor: el de ser nuestra y el de ceñirse, al fin y al cabo, al pálpito de la vida humana, que es como la raíz y el punto más vivo de referencia de la gran Historia».

El grupo tuvo durante años su propia sede en unos locales de la Kutxa de la calle 31 de Agosto, en la Parte Vieja, aunque ahora la biblioteca ha sido trasladada a dependencias de Tabakalera. La publicación del último Boletín, que es también el número 50 dada su periodicidad anual, evidencia que las nuevas generaciones de historiadores han sabido recoger el guante de los fundadores y que hay cantera para rato.

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