«Los hilos que nos vinculan con el pasado son cada vez más débiles»

Landa sintetiza en esta obra su capacidad creativa y su trayectoria académica. :: JOSE MARI LÓPEZ
Landa sintetiza en esta obra su capacidad creativa y su trayectoria académica. :: JOSE MARI LÓPEZ
Mariasun Landa, escritora

En 'Mayi y Jakes' ha recuperado la balada vasca, que fue la última en perder su carácter exclusivamente oral, y la ha reescrito en clave contemporánea

NEREA AZURMENDI SAN SEBASTIÁN.

Los libros de Mariasun Landa (Errenteria, 1949), se reeditan una y otra vez, de modo que algunos de los personajes que ha creado para los lectores más jóvenes ya pueden decir que han acompañado en el descubrimiento de la literatura a más de una generación. Mientras esos personajes siguen haciendo camino, y otros se van sumando a la familia, Landa -que remató su larga carrera docente como profesora titular de Didáctica de la Literatura en la Escuela Universitaria del Profesorado de la UPV/EHU-, ha sintetizado en su último libro, 'Mayi y Jakes. La última balada' (Erein, 2017), su capacidad creativa y su trayectoria académica.

-'Mayi y Jakes. La última balada', que se acaba de publicar en castellano, se editó el año pasado en euskera como 'Azken balada'. El origen del proyecto, sin embargo, no es tan reciente.

-En realidad, he hecho un ejercicio que tenía pendiente desde hace muchísimos años. Cada vez que impartía a mis alumnos la clase de baladística, me proponía desentrañar la balada, analizarla, ver exactamente qué pasa, cómo lo cuentan y, después, transformar ese contenido tradicional en una narración, en un relato. Me ha costado veinte años ponerme y hacerlo, pero finalmente ya lo he hecho.

«Las baladas siempre han estado abiertas a que cada transmisor deje su huella»

«En esta nueva escritura de la balada, la versión tenía que ser la de la chica»

«El reto está en descubrir cómo en un mundo tan globalizado insertas tu aportación»

-Ha conseguido integrar todo ese trabajo, y contar de paso dos historias, casi tres, en menos de 70 páginas. El libro se saborea como un destilado de intenciones muy concentrado.

- Yo vengo del relato breve, me gusta la intensidad, que no sobre nada. Miro mucho los textos, corrijo mucho, elimino mucho. Me gustan los textos que son como bombones de licor, que te los comes en un momento pero su sabor perdura. Las baladas también nos llegan así: constreñidas, abreviadas, intensas.

- El repertorio baladístico vasco es bastante extenso. ¿Por qué eligió para realizar ese ejercicio 'Oreina bilakatu neska' ('La muchacha convertida en ciervo')?

- Me ha gustado desde siempre, desde que escuché por primera vez la versión que hizo el grupo Haizea ['Ura ixuririk', en 'Haizea' (1977)]. Me funcionó la música, me gustaba mucho escucharla y cantarla, como profesora también la había trabajado bastante... Además, muchas baladas se basan en temas épicos, guerreros, pero esta -que mantuvo su carácter exclusivamente oral hasta que Pierre Lafitte la publicó en 1965 en 'Gure Herria', razón por la que se considera la 'ultima balada' en euskera-, cuenta una historia que me interesó mucho más.

-Una historia terrible con un final de película 'gore'.

-Pero muy propio de la tradición oral, que no se anda con chiquitas. No hay más que ver cómo son los cuentos de Perrault, el primero en trasladar lo oral a lo escrito. Aunque las hemos convertido en narraciones más 'light', eran historias fortísimas. Yo, en un primer paso, he mantenido la historia original, y en un segundo ejercicio he escrito un texto más desmitificador, para que todos esos aspectos medio mágicos que concurren en el relato tuvieran una explicación más lógica, más cercana a nosotros.

-¿No han estado siempre las baladas sujetas a cambios y reinterpretaciones?

-Claro. Las baladas, que vienen de un mundo tradicional que no sabemos ni adónde se remonta, han sido transmitidas durante siglos por la gente. Por una parte son poemas que se contaban cantados, pero también son narraciones que nos cuentan una historia. Están llenas de elipsis, y mientras las personas se las van pasando, van añadiendo o quitando cosas. En el curso de la transmisión las baladas evolucionan, cambian, están abiertas a variantes, y a que cada transmisor deje su huella.

-En su caso, ¿cómo ha convertido la balada en relato sin modificar sus contenidos?

-Coger temas de la tradición oral y convertirlos en narrativa es algo que en la historia de la literatura han hecho muchos escritores. Lo hicieron los músicos y humanistas del Renacimiento, los dramaturgos del Siglo de Oro, los escritores románticos... El más cercano en la temática es Gustavo Adolfo Bécquer, que recoge un relato oral tradicional muy similar en 'La corza blanca'. La tradición oral es una enorme cantera de temas, pero nos hablan de un mundo muy alejado del nuestro, un mundo mítico en el que se mezcla lo acontecido con lo soñado. En este caso, nos habla de una chica que consigue los poderes para ser ciervo de día y volver a su ser de noche, con un hermano que es un cazador empedernido y una madre que se da cuenta de que algo pasa y avisa al hermano, aunque no puede evitar un final trágico. Se trata de destripar la balada y ver cuáles son las secuencias narrativas, que es lo realmente importante. Una vez que identificas las secuencias que hay que contar, el siguiente paso es contarlo con una narrativa de hoy en día, pero siendo completamente respetuosa con la historia.

- En un segundo paso, lleva la balada a su terreno, tanto en la forma como en el fondo.

-Así como en la primera parte me he atenido a la balada sin poner nada de mí misma, en la segunda me invento un personaje que cuenta la historia desde otra perspectiva. Se mantienen el espacio y el tiempo en el que ocurren los hechos, pero se dan otros datos, va adquiriendo un cariz más contemporáneo, ya se alude a la ciudad... Frente a la fidelidad a los valores que vehicula el mundo tradicional, que impera en la primera parte, en la segunda me puedo manifestar como una escritora actual, y los hechos y los personajes se acercan más a nuestra visión y a nuestras realidades.

-Sobre todo en lo que respecta al destino de la protagonista, que en la versión tradicional acaba cantando, troceada y guisada, desde el fondo de un puchero.

-Sí, claro, en la segunda parte he cambiado las cosas que no me gustaban, les doy la oportunidad de vivir, emerge otro tipo de mujer... En esta nueva escritura, en la que la balada original se convierte casi en una historieta de amor juvenil, la versión tenía que ser la de la chica.

-Ha mencionado 'La corza blanca', en la que hay muchos elementos coincidentes con la balada que ha recreado. No es el único caso.

-No, el de la muchacha-ciervo es un tema tradicional muy extendido. En este caso, como en tantos otros, parece estar clara la correspondencia de la balada vasca con una balada francesa de amplia difusión, la relativa a 'la blanche biche', de la que se conocen varias versiones.

-La versión en euskera, ¿es una mera traducción o tiene alguna peculiaridad?

-No somos tan originales como a veces hemos querido pensar, sino que aplicábamos a nuestra lengua y a nuestra cultura baladas que ya funcionaban por Europa. Sin embargo, en esta balada -y me refiero a la versión original- hay dos diferencias claras y sustanciales, sobre todo en los personajes femeninos. Por una parte, la chica no es la víctima pasiva de un ritual, sino que lo quiere, lo busca, lo hace queriendo. Por otra, la madre no está de acuerdo con lo que sucede y, como muestra de desaprobación, se suicida. Las dos toman sus propias decisiones.

-¿La única manera de que pervivan las baladas y el mundo del que nos hablan es someterlas a este tipo de ejercicios de actualización?

-A las baladas, a la tradición oral, les ha pasado como a la mitología, de la que apenas se ha salvado Olentzero, por el aspecto comercial que tiene. En nuestra sociedad y en nuestras culturas se han dado cambios trepidantes, y las dos instituciones que podrían dar continuidad a la transmisión de la tradición oral, que son la familia y la escuela, no lo hacen en absoluto, o no lo hacen bien. En principio, la institución escolar tendría que asegurar que sus alumnos salgan con una pertenencia y una vinculación a una cultura que incluye un pasado mítico, un mundo de leyendas, pero se centra más en otras cosas. Por lo tanto, los hilos que nos vinculan con el pasado son cada vez más débiles. El reto está en descubrir cómo, en un mundo tan globalizado, logras insertar lo tuyo, lo propio, la pequeña originalidad, tu pequeña aportación cultural... Veo la cosa muy difícil, pero si queremos mantener nuestras raíces, en caso de que tengamos que tener raíces, deberíamos ir un poco más atrás y un poco más lejos de lo que solemos.

MAYI Y JAKES. LA ÚLTIMA BALADA

Estilo: Literatura juvenil.

Editorial: Erein.

Páginas: 72

Precio: 9,50 euros.

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