Luis Salazar, el pintor donostiarra que triunfa en Lieja

Luis Salazar, con sus trabajos presentados en la exposición en Lieja. / ECHALUCE
Luis Salazar, con sus trabajos presentados en la exposición en Lieja. / ECHALUCE

El artista fue nombrado 'ciudadano de honor' de la ciudad belga y embajador cultural de la provincia

ALBERTO ECHALUCE LIEJA.

La exposición del pintor Luis Salazar (Donostia 1956) sorprendía a cualquier visitante. Salazar, calificado en esta ciudad de acogida como «el pintor de las formas y colores de la ciudad», ha triunfado en Lieja con la muestra celebrada este otoño y ya clausurada.

Detrás de los cuadros se encuentra un pintor con una vida muy prolífica hasta el punto que fue nombrado 'ciudadano de honor' de la ciudad de Lieja un 14 de agosto de 2008; y en junio de 2009 se unió al grupo de embajadores culturales de la Provincia de Lieja. El 23 de abril de 2010 fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa por el Ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand.

Habla con orgullo de su pasado vasco. «Nací en la calle Matía de Donostia. Mi abuelo era un militar republicano y mi padre un activo sindicalista que en el año 1966, cuando tenía 9 años y 11 meses, ante la situación de violencia, huelgas y años difíciles, junto a toda la familia, decidieron marcharse a Bélgica, a Lieja». Eligieron aquella ciudad «debido a que había recibido con mucho cariño a los niños de la guerra en 1937-38 y mis padres tenían un buen recuerdo».

Pese a que han pasado 51 años de su marcha guarda «maravillosos recuerdos» de su infancia donostiarra cuando transitaba entre la calle Matía y la playa de Ondarreta. «Nos bañábamos frente a la estatua de la reina Cristina. Si nos perdíamos, nos decían que nos situáramos siempre delante de la efigie de la reina».

Sus primeros estudios transcurrieron en el colegio de monjas de Montpellier, en el Paseo de Heriz. Su apertura al arte fue cuando, con 7 años, conoció el Museo San Telmo. « Mi primera emoción artística fue conocer la pintura de Francisco Iturrino». A partir de aquí, la sensibilidad artística penetró gracias a los paseos que realizaba con su padre, Víctor, un pastor en Álava reconvertido después en metalúrgico. «Descubrí, con él, un árbol, el alma del árbol , una piedra, la forma de una piedra. Poco a poco me estaba introduciendo en el mundo del arte».

Su adolescencia transcurrió en Bélgica, en los museos, y en las bibliotecas, y leyendo libros de arte. «No se puede ser un pintor actual ignorando los siglos pasados». Se considera «un desesperado alegre», aunque cree que «de antemano todos hemos perdido todo porque nos vamos a morir. Soy totalmente libre; por eso, porque no tengo nada que perder», expresaba Salazar.

Sin exponer en Donostia

Trabajando mucho ha conseguido exponer en New York, Copenhagen, en ciudades rusas como Tomsk, Novosibirsk y San Petersburgo junto como otras como Atenas, la alemana Heidelberg, Amberes, Gante, Bruselas , Lauzanne, Rome....

Guarda una espina clavada: no haber podido exponer en Donostia. Fiel a sus opciones estéticas ha sabido poner en práctica un lenguaje único y reconocible. Visitar su última muestra en Lieja era como adentrarse en el bosque de Oma, de Ibarrola, en recinto cerrado. Postes, cubos, octaedros pintados ofrecían una visión de su imaginación.

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