Un lugar donde animales y humanos hablan con palabras

Dos planchas con las acuarelas de Hwei Lim. /
Dos planchas con las acuarelas de Hwei Lim.

Astiberri publica 'Mirror, el reflejo de la montaña', de Ríos y Lim

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

Se dice que no existe en el mundo una relación como la que mantiene el hombre con el perro. Dos especies inteligentes tan distintas y que, sin embargo, son capaces de establecer una relación simbiótica de calado, al punto de evolucionar juntas. En teoría. También se dice que los humanos, además de su grandeza potencial, se integran con naturalidad dentro del escalafón, dentro de la pirámide donde superiores e inferiores deben ser identificados para así asegurar el orden natural de las cosas.

Colocar todo este conjunto de premisas en una coctelera no asegura un brebaje delicioso, más considerando que, como es bien sabido, de nuevo, la raza humana posee cierta propensión a romperlo todo.

Un asteroide donde ha de establecerse una colonia, al que se envían seis animales alterados genéticamente una vez completado el proceso de terraformación, los guardianes. Seres que ya no son lo mismo, alterados sus cuerpos y sus almas. Luego llegarán los responsables del experimento. Podría tratarse de una nueva vuelta de tuerca a 'La isla del profesor Moreau', y en cierta forma lo es. No del todo, la historia es de Emma Ríos.

Gallega, nacida en Vilagarcía de Arousa en 1976, licenciada en Arquitectura por la Universidad de A Coruña, desde joven, como tantos otros, colabora en fanzines y prueba suerte con la autoedición. Un momento clave en su carrera se produce en el año 2008, cuando recibe una oferta de la editorial Boom! Studios, a raíz de la cual su trabajo pasará a ser conocido en los Estados Unidos y, particularmente, por Marvel Comics, con quienes trabajará con cierta asiduidad aportando sus lápices a personajes del calado de Spiderman o Dr. Extraño. No obstante, nada de esto hará que la autora abandone sus inclinaciones hacia temáticas más personales que serán celebradas en 'I.D.' y, ahora, en 'Mirror'.

Publicados originalmente bajo el sello Image Comics en formato comic-book, sus primeros capítulos ya dejan clara una cuestión capital: no se trata de ciencia-ficción al estilo space opera. Una travesía para la que Ríos busca dibujos que en esta oportunidad no realizará. La compañera de viaje elegida será Hwei Lim (1982, Kuala Lumpur, Malasia), artista de aspecto frágil, como su trazo ya desde su inicio en 2002 con 'Simple Love' al que seguirá un año más tarde 'Absent'. Reconocida como ilustradora en el campo de la literatura infantil y también parte de esa corriente ya multitudinaria de la autoedición, tan en tela de juicio por determinados sectores de la industria.

Ambas arrancan el primer capítulo de 'Mirror, el reflejo de la montaña', bajo una sentencia: 'La historia de los alquimistas de la Sincronía y la de los animales conscientes de la colonia de Irzah'. Todo un aviso para el lector, que deberá prepararse para un aterrizaje sin contemplaciones.

Ríos y montañas

Nada es fácil en este libro. Ni lo que se cuenta ni la forma de hacerlo. La historia de Ríos se estructura ordenada, pero determinados saltos en el tiempo, al parecer inevitables en toda propuesta seria que se precie, obligan a prestar atención para no perderse entre las acuarelas de Lim, asunto en absoluto baladí. Que la artista malaya, tal y como ya se ha mencionado, es una avezada ilustradora, no pasa desapercibido en ningún momento. Sus dibujos, a veces tan sutiles y quebradizos que parecen diluirse en la página, son muy adecuados cuando están centrados en personajes de personalidad igualmente delicada, como Iván, el joven alquimista dotado de unas capacidades únicas. En otros momentos, por contra, ese registro tan acusado convertirá en livianos instantes en absoluto fáciles. Lim, además, pelea contra la puesta en página habitual, no cabe duda de que intenta narrar también con las formas, más allá de las palabras de la guionista.

En cualquier caso, es innegable que el tándem formado por la en esta ocasión escritora y la dibujante engarza sin fisuras en 'Mirror'. Un lugar donde magia, tecnología, naturaleza y conceptos filosóficos conviven en precario equilibrio, resultan adecuados bajo los diálogos escuetos y a menudo herméticos de los protagonistas, bajo dibujos no concretos, casi inacabados.

Emma Ríos declaró acerca de esta obra que lo más importante para ella era transmitir que las mejores intenciones no garantizan en modo alguno los mejores resultados. En efecto, probablemente lo más atractivo de su historia es conocer a un pequeño enjambre de sujetos entre los que no cabe buscar al archienemigo, a aquel sujeto oscuro sin más motivación que infligir daño. Los que están en ese asteroide son por distintas razones, y la violencia, perenne, se atribuye tanto al deseo de libertad como de mantenerla, aunque cada lector se sentirá más o menos cómodo en un tablero donde las piezas no se mueven al azar, puede que sí dentro de un determinismo inacabable.

Si la intención, también confesada, era entregar al público infantil y juvenil un cuento forjado con una historia seria, 'Mirror, el reflejo de la montaña', no alcanza su objetivo de ninguna manera porque no es, en ningún caso, un cuento infantil, lo cual, evidentemente, no lo convierte en un mal trabajo de ninguna manera.

Ríos es amante confesa del manga. Su primer impacto lo recibió del maestro Katsuhiro Otomo, y aquí se observan influencias de Osamu Tezuka y su 'Oda a Kirihito' en la que un humano, a medida que se va convirtiendo en animal, va perdiendo el afecto hacia sus congéneres. No es esta la moraleja de 'Mirror', pero la fábula es palpable desde la misma portada del volumen maravillosamente editado por Astiberri, editorial vasca que, a día de hoy y ya con una extensa trayectoria a sus espaldas, demuestra que se halla en el podio de los grandes editores nacionales, no solo por lo variado y arriesgado a menudo de sus propuestas, sino por la gran calidad con que edita los comics de su sello.

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