«Aceptamos que los gobernantes sean los más ricos de una sociedad»

Lucrecia Martel, que hoy estará en Tabakalera, durante el rodaje./
Lucrecia Martel, que hoy estará en Tabakalera, durante el rodaje.
Lucrecia Martel, Directora de cine

La cineasta argentina ofrece esta tarde una conferencia sobre su obra, que Tabakalera repasa en un ciclo

RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

Está a punto de estrenar, el día 19 en salas comerciales, su cuarta película 'Zama', que como su obra anterior está producida por Almodóvar. La cineasta argentina Lucrecia Martel, alabada por la singularidad de su mirada desde su primera película 'La ciénaga' (2001), es objeto este mes de una retrospectiva en Tabakalera, dentro de su sección Foco, con la que se pretende guiar a la audiencia por la obra previa de la autora de 'La niña santa' (2004) y 'La mujer rubia' (2008). Lucrecia Martel ofrece hoy una conferencia a las 18.00 horas en la sala Z de Tabakalera, con entrada libre.

- Antes de su estreno en el Festival de Venecia, 'Zama' ya venía precedida de una expectación especial. ¿A que cree que se debió?

- No sé si la gente está tan desesperada por ver una película mía, será que los que escriben eran los que tenían un mayor interés. También hubo que parar el rodaje durante cuatro meses, luego se esperaba que la película estuviera en Cannes pero no estuvo... supongo que todo eso en nuestro pequeño mundo del cine crea cierta expectación.

- En Venecia hubo elogios verdaderamente apasionados.

- Yo aún no había estrenado ninguna película en este mundo ya tan consolidado de las redes sociales. Todas las emociones las palpas más rápidamente, el fervor, el entusiasmo y también el rechazo. No tengo Twitter ni Facebook ni nada, pero los amigos te lo cuentan. Percibo que ahora hay una mayor libertad en los críticos de cine para expresarse en estos nuevos medios, y el discurso es mucho más interesante. Fue estimulante, aunque los rechazos también son más virulentos, pero veo también mucho público con necesidad de expresarse. Con 'Zama' me sorprendió la necesidad lírica de las personas, de expresar sus ideas, a veces comienzan haciendo un comentario sobre la película pero termina siendo una cosa muy personal. Y eso me parece muy bueno.

- ¿Cómo llegó a la novela de Antonio di Benedetto?

- Podría haber llegado mucho antes, me la regalaron en 2005 y hasta 2010 no la leí, cuando hice un viaje en barco y junté todas las cosas que tenían que ver con el río Paraná, sobre el que estaba investigando. Me enamoré.

- ¿De la novela o también del personaje?

- Me enamoré de la forma de reflexionar del personaje. Era una visión sobre la historia y sobre un pasado que no es el momento más atractivo para la industria del cine argentino. Ese momento final de la colonia, antes de las guerras de independencia, no era muy visitado. Y me resultó muy atractivo.

- ¿Cómo trasladó ese talante reflexivo a las imágenes?

- Siempre hay una sospecha sobre lo que puede suceder entre la literatura y el cine, y se tiende a comparar la trama de la novela con la de la película. Di Benedetto, un escritor muy genial, se sitúa en un lugar donde la trama no tiene un protagonismo. Y eso me pareció muy interesante y trasladable al cine.

- Precisamente en su cine destaca siempre la creación de atmósferas y sensaciones.

- El cine norteamericano está muy basado en la construcción de la trama. Cuando te alejas de ese modelo narrativo, el espectador empieza a prestar atención a cosas del cuadro, del sonido... aunque sea porque se aburre. Y empieza a encontrar otros sabores, otras percepciones. Cuando veo cine me gusta que no me subestimen, que la película no avale una moral hegemónica, que mire las cosas desde otro ángulo.

- En su primera película, 'La ciénaga', ya había una cierta fascinación por la decadencia y el fracaso, que también usa en 'Zama'.

- En una sociedad que no ha logrado generar un bienestar para gran parte de sus ciudadanos, las zonas donde fracasa son lugares interesantes para observar. En Argentina es fácil hacer conexiones de lo que sucede en 'Zama' con la actualidad. Acabamos aceptando que un funcionario esté expuesto a la corrupción y que los gobernantes sean las personas más ricas de una sociedad. ¿Cómo es posible que una persona que administra el bien común sea rica? Es una locura, pero lo aceptamos como algo normal. Pero podría no ser así, y resulta atractivo ver dónde está la génesis de todo esto, cómo se va armando este sistema.

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