Víctor del Árbol: «Cuando era un escritor de culto no me leía nadie»

El escritor Víctor del Árbol. / Marta Jara

«Cataluña recuperará la cordura", vaticina el novelista y antiguo mosso d'esquadra, que novela sobre la dignidad y la épica de los resistentes

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Cree Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) que cuando en noviembre reciba en París los honores como Caballero de las Letras y las Artes de la Academia Francesa "las aguas estarán volviendo a su cauce" y "Cataluña comenzará a recuperar la cordura tras el griterío". Y para eso la única receta del escritor es "hablar, hablar y hablar". Dialogar y "rescatar las palabras secuestradas y utilizadas torticeramente por los secesionistas". "Mi papel como escritor es quitar la careta a los impostores, hablar de las trampas del discurso patriótico, de la demagogia", plantea el narrador, que cree que este delirio nacionalista "se cura leyendo a Machado y a Miguel Hernández".

Imposible no hablar de Cataluña con este catalán, hijo de extremeño y madrileña, seminarista en Barcelona, mosso d'esquadra durante dos décadas y escritor de culto en sus inicios. "Eso quiere decir que no te lee ni Dios", ironiza el ganador del Nadal hace dos años, el segundo escritor español honrado por la Academia Francesa tras Arturo Pérez Reverte y que confiesa sin remilgos que "sueña" con ganar el Planeta desde se presentó por primera vez con solo quince años.

Hoy, en la esfera de Planeta, Víctor del Árbol presenta 'Por encima de la lluvia' (Destino), séptima novela del ahora apreciado narrador que tras ganar el Nadal con 'La víspera de casi todo' echó a la hoguera los cientos de cartas de rechazo de los editores a los que tentó. Vuelve a la arena en busca de sus lectores y con una tirada de 25.000 ejemplares, una cifra reservada por los editores a los 'caballos ganadores'.

Algo que colma de felicidad al escritor, consagrado en Francia antes que en España y que debutó en 2006 con un tirada de quinientos copias de 'El peso de los muertos' (Castalia), premio Tiflos de Novela. "Entonces me convertí en un escritor de culto y eso quiere decir que no te lee ni el gato", ironiza. Con 'La tristeza del samurái' (Alrevés) triunfó en Francia. Obtuvo el Prix du Polar Européen 2012, fue traducida a una decena de idiomas y fue su catapulta en casa.

«La dignidad de los resistentes»

Ahora ha escrito una novela sobre "la dignidad de los resistentes". Un relato "plagado de héroes que no saben que lo son, de gente corriente con vidas extraordinarias", resume. Es un viaje "físico y metafórico" por la memoria de sus protagonistas, Helena y Miguel, que se conocieron en una residencia de ancianos de Tarifa y con quienes el lector viajará del norte de África al sur de Suecia, de Tánger a Malmö, y de los años cincuenta hasta 2014.

"Es una 'road movie' optimistamente rabiosa, plena de optimismo vital en la que se habla del dolor, de malos tratos, de racismo, de memoria histórica, del ascenso de la extrema derecha, del peso de los recuerdos y de la fuerza irrefrenable de quienes no se rinden ni se resignan, ni siquiera en la vejez", enumera. Es su homenaje "a la gente que ama la vida por encima de las derrotas", explica Del Árbol, "a esos héroes anónimos que no se resignan: el padre que sale cada día a buscar trabajo, el enfermo terminal que no admite la derrota o el médico que batalla para seguir adelante en medio de recortes y falta de medios".

"No es una novela negra, ni policial, ni extremadamente dura", dice en su empeño de luchar contra las etiquetas que le han colgado. "No quiero dejarme atrapar por ningún cliché. Mi único propósito es escribir bien. Ser conciso como Delibes, crear atmósferas y decir verdades esenciales. La literatura no es anécdota, es hablar de lo que somos", apunta. "La literatura pide honestidad, reflexión y lentitud no rabia y prisa", dice volviendo al desafío secesionista, que, según afirma, "recurre a un uso torticero de las palabras", contra lo que es escritor "debe poner el acento a las palabras para que recuperen el significado".

«Desvirtuación de la palabra»

"Me niego a creer que hayamos caído en la locura colectiva. La palabra tiene un poder enorme, pone en evidencia todas las demagogias y ese es el papel del escritor", insiste. "Vivimos una desvirtuación de la palabra. Cuando se habla de franquismo, de represión, de democracia, de legalidad, de pueblo, de legitimidad, se hace un uso torticero de las palabras, que es lo que hace la demagogia en cualquier ámbito de la vida", plantea.

"Cuando el fuego pase, cuando los pirómanos ya se hayan quedado a gusto y pase el griterío, ¿cómo recomponemos la convivencia?", se pregunta Del Árbol. "Hagamos lo que hay que hacer, hablemos de todo y, cuando no quede nada de qué hablar, sentémonos de nuevo y volvamos a hablar. Esa es la postura del intelectual y del escritor, y me voy a mantener ahí aunque me insulten. El insulto de ahora es ser equidistante, pero a lo mejor el equidistante es quien se niega a dejarse arrastrar hacia esa polarización", plantea.

Seminarista durante cinco años, mosso d'esquadra desde 1992 hasta 2012, Del Árbol estudio Historia en la Universidad de Barcelona. Se dio a conocer con 'El peso de los muertos', a la que seguirían 'El abismo de los sueños -inédita y finalista del XIII Premio Fernando Lara en 2008-, 'La tristeza del samurái' ,'Respirar por la herida' , 'Un millón de gotas' (ganadora en 2015 del Grand Prix de Littérature Policière) y 'La víspera de casi todo'.

Desoye Del Árbol los cantos de sirena del cine y no ha dejado que sus novelas se conviertan en películas. Aunque quizá claudique y permita que en Francia se haga una serie de doce capítulos con 'Un millón de gotas', novela que se publicará el año próximo en Estados Unidos, poco antes de que 'La tristeza del samurái' aparezca en Japón.

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