Spirou, un joven de 80 años

Portada de 'Spirou y Fantasio. Integral 1. Franquin 1946-1950'. /Dibbuks
Portada de 'Spirou y Fantasio. Integral 1. Franquin 1946-1950'. / Dibbuks

El icono del cómic francobelga ha logrado adaptarse a los tiempos

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

No se conserva mal el joven Spirou para estar celebrando los 80 años de vida. Aquel 21 de abril de 1938, cuando apareció por primera vez una revista, era la mascota pensada por Rob-Vel para la nueva publicación para niños de Jean Dupuis. Ha pasado mucho tiempo fuera de las viñetas y aquel espigado botones ya ha conseguido su ascenso a indiscutible icono del tebeo y de la sociedad belga. «Desde el punto de vista cultural, es uno de los personajes más conocidos del cómic en Europa, es el estandarte y representante de 'Journal de Spirou', su homónima, que además es la única revista de cómic que sigue realmente viva y pujante en el mundo francófono», explica Frank Pé, dibujante de sus aventuras en 'La luz de Borneo' (Dibbuks).

A la hora de analizar los secretos para la longevidad del muchacho pelirrojo que encabeza junto a Fantasio las historietas, destacan su progresión camaleónica y su inusual paternidad colectiva. «Es un personaje curioso, yo creo que es el único de los grandes que no pertenece a un autor sino a una editorial (Dupuis). Los autores podían llevar el personaje donde quisieran pero es ella la que elige los derroteros y el aporte fundamental ha sido saberle llevar siempre con los tiempos. Ha sabido acompañar perfectamente a cada una de las generaciones de lectores. Ha tenido una parte europea, otra de viajes al espacio, otra en selvas tropicales... Nos ha acompañado en cada uno de los eventos sociales que han ocurrido y ha ido siempre un poquito por delante, con lo cual ha acompañado muy bien a la juventud y a los adultos en cualquiera de sus manifestaciones. Eso ha hecho mantener fresco y joven a ese personaje y que siga tan vigente», sostiene Ricardo Esteban, editor de Dibbuks.

A la sombra de Sacarino

A la hora de entender por qué un icono del cómic franconbelga no ha sido tan popular en España hay que tener en cuenta la acertada estrategia de una editorial. «Hubo una cosa muy curiosa. Cuando empezó a tener mucho éxito en Francia y en Bélgica (Dupuis) quiso venir a España y Bruguera encargó a Ibáñez un personaje que le hiciera un poco frente. No hay que olvidar que el botones Saacrino es una mezcla perfecta entre Spirou y Gastón el Gafe -otro personaje del que sacó brillo André Franquin-. Lo que pasa es que lo hizo tan bien, tan bien, tan bien, que el personaje de Spirou quedó en España un poco a la sombra. Es un poco la rémora que tenemos porque todo el mundo conoce a Astérix y Tintín perfectamente, pero a Spirou le conocen unos pocos», explica Ricardo Esteban, editor de Dibbuks -la compañía que ha tomado el relevo de Planeta para publicar las aventuras de Spirou-.

Uno de los principales atractivos del muchacho belga es su capacidad para enganchar a lectores muy diferentes. «Tanto el personaje como la serie (Spirou y Fantasio) se crearon con el concepto de ser algo para todos los públicos: niños, adolescentes y adultos. Las historias y aventuras tienen distintos niveles de lectura. En el primero, ves elementos muy sencillos, te puedes quedar con los elementos más divertidos, aprender algo y ya está. Pero, al mismo tiempo, en esas historias en apariencia más sencillas subyacen elementos mucho más complejos que incluyen todo tipo de reflexiones y que pueden despertar el interés de todo tipo de lectores. Es una serie que funciona a muy diferentes niveles y que está muy bien organizada y estructurada en ese sentido. Podría compararse incluso con las buenas películas del cine norteamericano que son para todos los públicos pero que tratan elementos muy distintos sin considerar a nadie tonto», reflexiona el veterano Frank Pé sobre un muchacho inquieto desde su creación (Spirou significa 'ardilla' en valón).

Portada de 'La Luz de Borneo'.
Portada de 'La Luz de Borneo'. / Dibbuks

La lista de dibujantes y guionistas que han contribuido a la popularidad de la mascota es extensa desde que Rob-Vel le diseñara como mascota de la perenne revista 'Journal de Spirou'. Entre sus sucesivos padres fue elegido José Luis Munuera, un español que le dio cierto toque manga desde 2004 a 2008 antes de dar el relevo a Yoann (dibujante) y Fabien Vehlmann (guionista). No obstante, tanto lectores como artistas señalan la aportación definitiva de André Franquin (desde 1944 a 1968). «Si no hubiera dibujado a Spirou un genio como él, el personaje habría caído en el olvido. El diseño, la riqueza, la energía de los personajes... todo eso está presente en la obra de Franquin. Marcó a varias generaciones con un puñado de álbumes. Para los profesionales, es todo un modelo que nos sirve de fuente de inspiración», recuerda Frank Pé sobre el autor que comenzó a trabajar con el botones que se convirtió en reportero para poder recorrer el mundo.

Comentarios y dibujo de Franquin cuando tomó las riendas del personaje.
Comentarios y dibujo de Franquin cuando tomó las riendas del personaje. / Dibbuks

Por el camino, aparecieron unos personajes secundarios atractivos: Fantasio, compañero de aventuras y cabeceras; el marsupilami, animal legendario; y los villanos Zantafio, Zorglub y el Conde de Champignac. Todos contribuyeron a crear un producto clásico de la 'bandes dessinées', la historieta francófona de línea clara que miró a los jóvenes y a la diversión en su origen.

La incógnita del futuro se une a la dificultad para perfilar al personaje La editorial ha probado con varios autores y ha aclarado que algunas de las recientes obras no pertenecen a su cronología principal sino que son ensayos con la materia prima y los condicionantes actuales. «Desde luego, es un personaje que todavía puede ocupar un lugar muy importante en la sociedad actual. Es cierto que todo acaba por morir, incluso en Spirou, pero también es verdad que todavía no ha dicho su última palabra», reconoce Frank Pé.

«Me parece que estamos en un proceso de encontrar a un Spirou válido para el mundo actual. Es una de las grandes dificultades a las que se enfrentan hoy en día tanto editores como autores dado que es una serie para todos los públicos que persigue llegar a todos. Se encuentran con dificultades porque hoy en día el mundo está tan fragmentado y dividido y hay pocos elementos que lleguen a toda la sociedad. Es muy difícil que un cómic consiga el mismo efecto con un personaje de un tono eminentemente positivo y hacerlo sin que parezca idiota. Lo que parece muy sencillo, muchas veces requiere un nivel de madurez enorme y difícil de lograr. Spirou es un personaje joven, yo llevo 40 años de carrera y todavía me cuesta llegar a comprenderlo», reconoce el autor belga.

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