Raúl Guerra Garrido: «He escrito con miedo»

Raúl Guerra Garrido, en el despacho de su domicilio donostiarra en el que habitualmente trabaja./SARA SANTOS
Raúl Guerra Garrido, en el despacho de su domicilio donostiarra en el que habitualmente trabaja. / SARA SANTOS

Cuarenta años después de la aparición de 'Lectura insólita de El Capital', el escritor descarta retratar en una novela la Euskadi post ETA

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Cuarenta años antes de que 'Patria' se convirtiera en un fenómeno editorial y en seria aspirante al título de 'La Gran Novela Vasca', Raúl Guerra Garrido (Madrid, 1935) ganó el Premio Nadal con 'Lectura insólita de El Capital', en la que relata el secuestro de un empresario a manos de una organización armada abertzale y de izquierdas. Ya antes y después de esta obra, el autor de 'Cacereño' o 'La carta' se ha acercado con su narrativa a la violenta historia reciente del País Vasco, lo cual le ha acarreado no pocos inconvenientes y también un cierto reconocimiento. Ahora, descarta volver a hacerlo con una novela sobre la Euskadi post ETA: «Me daría vergüenza, sería como hacer toreo de salón». Eso sí: así como Fernando Aramburu siempre ha reconocido el ascendente de Guerra Garrido, otros intelectuales, como Mario Vargas Llosa, muestran su perplejidad por el hecho de que nunca antes de 'Patria' se hubiera narrado esta tragedia. «Hombre, Marito... Hay que leer más», comenta con sorna.

- Se cumplen 40 años de la publicación de 'Lectura insólita de El Capital', que el año anterior había ganado el Premio Nadal. ¿Fue una obra adelantada a su tiempo?

- Funcionó muy bien, ha tenido bastantes reediciones y bastante mala suerte con las traducciones porque la editorial francesa quebró y la estadounidense consideró que el background vasco no era suficiente como para comercializar la novela. Sí que es la primera novela que se edita en la que se habla de ETA, aunque no se la cita, pongo otro grupo. Pocos años antes, publico 'Cacereño', en donde una de las frases que no pasó la censura es la pintada en la que ponía «Gora ETA». En 1968, gané el Ciudad de San Sebastián con el relato 'Con tortura', que me obligó a pasar por comisaría para explicar que yo no era de ETA.

«Me he sentido a veces muy solo y eso genera una neurosis de si no serás tú el equivocado»

- Cuatro décadas después de escrita, ¿qué le parece su novela?

- Hombre, la novela me sigue gustando porque es un análisis muy importante del proceso de industrialización del País Vasco. El protagonista es ese Lizarraga capaz de montar un pequeño imperio a partir de una empresa siderúrgica y que ya salía en 'Cacereño' porque el protagonista trabajaba ahí. El señor Lizarraga es casi una constante en mi narrativa y siempre que se habla del País Vasco siempre hay alguien que conoce al personaje, ese Lizarraga de Eibain, el contratipo de ese binomio típico guipuzcoano: Orbegozo-Zumarraga, Aristrain-Legazpia... Y a lo largo de mis novelas, pasa de ese esplendor reflejado en 'Cacereño' a la última vez que se le menciona, en 'Tantos inocentes', cuando la empresa está prácticamente en liquidación, con la gente en prejubilación, ese neologismo.

- ¿Qué piensa cuando escucha que la narrativa vasca no se ha ocupado lo suficiente de la violencia? Porque usted es un escritor vasco, ¿no?

- Esto es otra historia. Tuve una polémica cuando 'Egin' me pidió un artículo sobre qué entendía yo por 'escritor vasco' y dije una tesis horrible de la que ahora me arrepiento porque fue una herejía. Dije que 'escritor vasco' es el vasco que escribía. Hoy, con el paso de los años y la sabiduría acumulada puedo rectificar y aprovechar la ocasión para decir que 'escritor vasco' es el vasco que cocina.

Además

- Y ahora más en serio...

- No, más o menos, los cocineros siguen siendo los líderes de opinión.

- Le preguntaba sobre los diagnósticos en torno a la supuesta falta de interés de la narrativa vasca por el tema de la violencia...

- Qué quiere que le diga... Es verdad que no se ha ocupado mucho. Me he sentido a veces muy solo y casi con esa especie de neurosis que te lleva a pensar que si vas tú solo en una dirección por la autopista igual es porque tú vas mal. Recurriendo al símil taurino, yo creo que siempre he estado en el tercio de varas, donde te juegas algo. En este momento, me parece muy bien que la gente quiera hacer su relato. En mi caso, sigo opinando lo mismo que escribí en esas cuatro o cinco novelas, ahí está mi opinión sobre el País Vasco, sigo opinando lo mismo y ahora no voy a volver a opinar porque me daría vergüenza. Me sentiría haciendo toreo de salón. Si has estado en el tercio de varas y a la hora de matar...

- ¿Quiere decir que no escribirá su novela post ETA?

- Siempre había dicho que me gustaría escribir la novela del posterrorismo, que sería una historia de amor entre dos jovencitos en ese País Vasco absolutamente feliz y aburrido. Y me gustaría, no por novelar, sino por decir que ha terminado, pero la verdad es que no es así. Está la maldición esa de «ojalá vivas en un tiempo interesante». Pues bien, esto sigue interesante.

«No voy a escribir otra vez sobre el País Vasco, me daría vergüenza, sería toreo de salón»

«Nadie entenderá lo que ha pasado aquí si no mira a través del cristal del miedo»

- Pero ya no hay violencia...

- Sí, efectivamente, la gente se pone menos de luto.

- O sea que no le tienta...

- No, los temas te tienen que coger a ti. Cuando Vargas Llosa dice: «No sé cómo nadie había escrito cosas como esto». Hombre, Marito, hay que leer más... Pero en 'Tantos inocentes' o en 'La soledad del ángel de la guarda' ya está ahí todo.

- Y en 'La carta'. ¿Fue ésta una novela maldita?

- En mi caso, bastante maldita, sí. Me trajo bastantes problemas. La terminé en el curso 1989-90, cuando publicaba con Mondadori. Y en plena Europa, en 1990, no se atrevieron a publicarla. Se dice pronto.

- ¿Qué excusa le dieron?

- Que no querían publicarla. La había negociado Carmen Balcells y era el bestseller de Mondadori para eso año, pero cuando la leyeron dijeron que no.

- Pero se publicó.

- Se publicó y se ha ido reeditando en sellos en donde se la han ido quitando como una patata caliente, de una editorial a otra. Tiene muchas reediciones, pero ha tenido problemas. Cuando se leyó, fue citada porque la gente entendió un poco las cosas que pasaban en el País Vasco, algo que ha sido siempre dificilísimo porque la promoción de ETA como una especie de Robin Hood ha sido muy complicado de quitarse de encima. Es tan significativo como que en Europa, una editorial internacional como Mondadori no se atrevió a publicar 'La carta'. Para que ahora Mario (Vargas Llosa), que estaba en la 'cuadra' de Balcells, diga: «¡Hombre! ¿Cómo no se había escrito nunca nada de esto?»

- ¿Qué le ha parecido 'Patria'?

- Está estupenda y Fernando (Aramburu) es un tipo que siempre me ha admirado, desde pequeñito, cuando apareció por Kurpil y yo creía que nos había metido un plagio de alguna cosa porque un tío tan joven no podía escribir tan bien. Está bien y saldrán más cosas, pero lo que no te pueden decir es que esto no lo has escrito. Alguna vez me han interpelado incluso personalmente: «Oye, esto que me acabas de contar, ¿por qué no lo has escrito?» Pues vale, qué le vamos a hacer. Esto demuestra que quizás no se lee demasiado.

«La independencia tiene un precio, no puedes renunciar a tu derecho a la disidencia»

- En los noventa, quizás antes también, ya hay otros escritores que abordan el tema, cada cual, desde su punto de vista.

- Sí, sí... Tampoco conozco tantas. Están las de Ángel García Ronda, que coinciden cronológicamente con las mías, pero verdaderamente comprometidas son menos, no hay tantas. Llamar 'malos' a los 'malos' no se ha hecho tanto o desde muy lejos: «¡Malooooos!».

- Hay nombres, como los de Jokin Muñoz, Ramon Saizarbitoria o Bernardo Atxaga, por citar a tres .

- Efectivamente. Faltaría más, no vamos a tener la exclusiva del tema. En ese sentido, creo que lo que generó más problemas fue 'La carta' porque está muy explícito todo, se explican muchas cosas que dan vergüenza decir, tan terribles que la gente no ha podido negarlas. Están reflejadas en la hemeroteca. Cuando alguien del mundo nacionalista dice: «No porque lleguen a ser más o a tener más votos les vamos a dejar mandar en nuestra casa» es definitivo.

- ¿Eso está en las hemerotecas?

- Sí.

- ¿Ha leído a sus contemporáneos? ¿Ha estado al tanto o más bien ha pasado?

- La verdad es que sobre el tema vasco no he leído mucho. Era un sufrimiento, me costaba mucho. He escrito con miedo. Cuando escribí 'La carta' lo primero que hice fue dársela a mi familia para que la leyera y para decirle que si se atrevía la publicaba y si no, la quemaba ahí mismo y desaparecía. Y sobre todo al principio, fue una soledad muy fuerte. Un amigo, Manuel Villar Raso, publicó en 1980 'Comando vascos', que se inventó y que era un disparate. Después, me decía: «Me gustaría pasar unos días en San Sebastián y en Euskadi para ver si la realidad coincide con la novela». Bueno, suele hacerse al revés, primero uno conoce la realidad y luego escribe.

- A finales de los setenta y principios de los ochenta hubo un auténtico 'kitsch vasco', con novelas como ' Y dios en la última playa' u 'Operación Guernica', por citar un par de ejemplos.

- Eso también te hace desfallecer y decir: ¿para qué?

- Dice que ha escrito con miedo. Pero se sobrepuso.

- Sí. El miedo es el protagonista de mis novelas del País Vasco y todo el que quiera hacer un estudio de lo que han sido estos últimos cincuenta años aquí no entenderá nada si no lo mira a través del cristal del miedo. El amedrentamiento de esta sociedad me ha impresionado mucho y me sigue afectando cuando veo noticias.

- Ha escrito otras novelas, como 'Tantos inocentes' que, a priori, parecen al menos tan comprometidas como 'La carta'...

- Es que fue muy fuerte aquel crimen, aunque ahora estas cosas se han convertido en costumbrismo. Acabo de leer que un grupo de diez tíos han intentado violar a una chica... Esto ya es costumbrismo.

- ¿Hemos retrocedido?

- En educación, no sé; en formalidad, sí. Antes no te dejaban entrar en zapatillas en la discoteca, ahora entras hasta en el Congreso.

- ¿Cree que eso es un retroceso?

- Hombre, hay una cierta formalización. Cuando vas a ver a tus padres lo formalizas en un regalo, en un gesto de cariño, respetas ciertos ámbitos. Y si tus padres son nudistas no puedes ir a verlos a la playa de chaqué. Cuando yo era niño e iba en el metro, ni siquiera me molestaba en sentarme porque iba a tener que levantarme para cederle el sitio a una persona mayor. Ahora, me sorprende mucho cuando alguien se levanta para dejarme el sitio y compruebo naturalmente que suele ser sudamericana.

- Tampoco ha tenido mucha relación o no muy fluida con las instituciones culturales del país.

- Verdaderamente, no he tenido mucha relación. Cuando se presentó 'Castilla en canal' en Valladolid descubrí que existían los consejeros de Cultura.

- ¿Guarda rencor?

- Ah, no, no. Mi lema es: «La mejor venganza es vivir bien». Encima, le vas a hacer un favor increíble, ni hablar. Por las razones históricas que hemos pasado, no he tenido prácticamente ninguna relación con las autoridades académicas o políticas del País Vasco. Y eso que fui miembro del primero consejo de EITB, cuando se organizó el ente, como independiente, con la gente del PSOE. Es igual: no ha funcionado ni con los amigos, ni con los menos amigos, lo cual está muy bien. La independencia tiene un precio. No puedes renunciar a tu derecho a la disidencia. Por muy amigos que sean, no tienes por qué opinar lo mismo y cuando lo haces al final eso termina notándose. Pero bueno, lo sigues haciendo y ya está.

- Y con los lectores?

- Creo que buena por la sencilla razón de que siempre he tenido editores.

- Y por la calle, ¿también se le han acercado?

- Bueno, esto ha sido patético. Las opiniones vertidas públicamente en papel impreso y las que te decían por la calle cambiaban radicalmente.

- ¿Se refiere a los críticos?

- A los críticos y a gente que saltaba por ahí opinando. Con lo que he contado antes sobre qué es un escritor vasco fue horroroso, estuve varios meses recibiendo insultos por todos los lados. Y en la calle te decían: «Tienes razón». O «yo estoy con usted». En fin, lo del miedo.

- Pero los lectores han comprado sus libros...

- La verdad es que no me puedo quejar. Desde que empecé he publicado ininterrumpidamente todo lo que he escrito y por fortuna, he mantenido una frecuencia de una novela cada dos años o así. Y también he recibido muchas pruebas de afecto.

- ¿Han eclipsado sus novelas más políticas el resto de su obra?

- En cierto sentido, sí. Lo que pasa es que cuando he escrito del Bierzo de mi infancia, todo el pueblo se ha comprado, no un ejemplar, sino dos, uno para ellos y otro para su hijo. Ninguna novela ha podido tener más éxito. Con 'Castilla en canal' puedo presumir, creo, de haber puesto en valor ese lugar. Cuando salió el libro, nadie sabía lo que era eso.

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