Algo ocurre con el hombre cargado de botes de pintura

Las delicadas viñetas de Aurélie Neyret./
Las delicadas viñetas de Aurélie Neyret.

Alfaguara publica 'Los diarios de Cereza', una deliciosa lectura infantil

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

Ojalá los adultos recordasen lo que sentían, cómo sentían cuando eran niños. Ojalá los adultos fueran capaces de volver a experimentar, desde aquella inocencia que fue machacada poco a poco por la vida, la emoción en su grado más elemental.

La niñez, pocos años antes de alcanzar la adolescencia, no es un lugar donde todos hayan sido felices, por eso posee tanto valor. Luego, ya no hay regreso y cada cual moldea su pasado lo mejor que puede o le dejan.

Y por eso es extremadamente difícil escribir para ese público. El primer paso es que al autor le interese hacerlo, pero el segundo es más complejo, porque requiere del talento, aquel que permitirá viajar en el tiempo, descubrir las claves para modificar el lenguaje y llevarlo hasta la niñez y, por si fuera poco, construir una trama con el punto exacto de complejidad y las dosis exactas de sencillez que harán del relato algo fascinante.

En esa tarea se embarca en 2012 Joris Chamblain, joven de veintiocho años que ya ha debutado dos atrás en el mundo profesional con la serie 'Ciboulot' pero que ahora invierte sus energías en un libro para lectores que, dado el éxito que alcanza en Francia, se convierte en serie. A día de hoy, las secuelas 'Le livre d'Hector' (2013), 'Le dernier des cinq trésors' (2014) y 'Le déesse sans visage' (2016), acompañan al primero de ellos, 'El zoo petrificado'.

Los diarios de Cereza

El cuarteto pasa, pues, a dar vida a 'Los diarios de Cereza', título genérico y exacto, ya que Chamblain estructura la obra metiéndose en la cabeza de Cereza, una encantadora niña de diez años y medio que vive con su madre, de momento poco más se sabe de su familia, cuya curiosidad sin límites, alimentada por sus deseos de ser, en el futuro, escritora, le llevan a vivir distintas aventuras. No conviene pensar, después de lo dicho, que Chamblain pretenda ser heredero de la corriente de la que Enid Blyton representó el mascarón de proa con sus Siete y sus Cinco , porque nada más lejos de la realidad. Las mencionadas andanzas de Cereza y sus amigas Lina y Erika ocurren en un ámbito tan real como un pueblecito cualquiera poblado por la frutera, el carnicero del barrio... y los acontecimientos que alimentan sus ansias de obtener respuestas perfectamente podrían suceder en el mismo momento en que toda persona se dedicara a prestar atención a su alrededor. En ocasiones, las cosas suceden por las ganas de pensar que están ocurriendo, no porque, en verdad, pasen... al menos bajo el prisma de una mentalidad adulta.

Claro que a Joris Chamblain le gusta escribir para que sus historias sean leídos por todas las Cereza, y no es menos cierto que el reconocimiento público le alcanzó como un misil en forma del Premio al mejor Cómic Infantil del Festival de Angoulême, el más prestigioso de Europa sin lugar a discusión. Ahora bien: ¿Merece la pena que los niños lean 'El zoo petrificado'? Absolutamente sí. Y de paso, sus mayores.

El álbum, presentado en una preciosa edición por Alfaguara, ya encandila desde la misma portada, pero se disfruta desde la primera línea hasta la última. Los diálogos suenan a realidad, y al cerrar el libro y dejarlo en la mesilla, antes de dormir, se recuperan ánimos y sensaciones. 'El zoo petrficado' es el regalo perfecto de Navidad para aquellos cuyas edades rondan las de Cereza. Claro, todo esto ocurre porque, además, alguien ha convertido las palabras en dibujos.

Aurélie Neyret, ilustradora de Lyon, autodidacta en buena medida con trabajos tanto para revistas nacionales como internacionales, coautora de libros como 'Michael Jackson en bandes dessinées' (2009), 'Poèmes érotiques' (2009) o 'The Rolling Stones en bandes dessinées' (2010), aborda con 'Los diarios de Cereza' su mayor éxito.

Neyret, para qué retrasarlo más, dibuja con un talento extraordinario. Delicadeza, dulzura al servicio de la obra, pero con unos conocimientos y un estudio previo tras cada trazo evidente. La categoría de su propuesta es exquisita, más en el momento en que completa sus trazos con un color a tener en cuenta por su categoría, por su capacidad de dotar de atmósfera a la acción. Nada se puede objetar a 'El zoo petrificado'. Las páginas que ocurren en el pueblo, en el bosque... de nuevo lugares donde recuperar el tiempo perdido. El ritmo de la obra es perfecto, los encuadres, todo pensado para que las Cerezas lectoras y los jóvenes Miguelángel (escrito así en el original), se arrebujen entre viñetas.

No es malo si los autores persiguen mejorar aunque sea un miligramo el mundo a través de mensajes a quienes empiezan a crecer. No hay aleccionamiento, ni posiciones políticas o religiosas. El presente cómic es una de las lecturas más ausentes de peligro que se puedan imaginar para progenitores interesados en proporcionar a sus pequeños lecturas adecuadas. Es, ni más ni menos, un canto a la bondad, y un recordatorio a que la vida se escapa rápidamente y que exprimirla por medio de bellas acciones es, al fin, lo que debería ser la razón de la humanidad.

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