Las librerías a orillas del Sena, embajadoras de la cultura francesa

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Estas librerías están inscritas en el Patrimonio Mundial de la Unesco y se extienden a lo largo de tres kilómetros

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Herederos de los vendedores ambulantes de libros del siglo XVI, inscritos en el Patrimonio Mundial de la Unesco, los famosos 'bouquinistes' instalados en las orillas del Sena en París quieren seguir defendiendo las tradiciones, sin ceder al comercio de recuerdos turísticos.

En París «está la Torre Eiffel, Montmartre y nuestras cajas verdes», dice Jérôme Callais, de 53 años, 'bouquiniste' desde hace 25 a orillas del Sena y presidente de la Asociación cultural de los 'bouquinistes' desde 2012. Callais es uno de los embajadores de libros que venden exclusivamente clásicos de la literatura, libros de historia y de ciencias humanas. «El oficio de 'bouquiniste' es aconsejar y transmitir una cultura», añade.

Estos vendedores de libros de segunda mano practican su actividad en 240 cajas de madera pintadas de verde oscuro que se extienden sobre tres kilómetros a orillas del Sena, en los muelles altos de la capital francesa, desde el Pont-Marie al Quai du Louvre en la margen derecha y desde el Quai de la Tournelle hasta el Quai Voltaire en la izquierda.

Estas librerías están inscritas en el Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1991 ya que «forman parte del paisaje parisino, participan del encanto de las orillas del Sena y constituyen una animación, una atracción cultural, un patrimonio literario e histórico único que la ciudad desea preservar y poner en valor», subraya el ayuntamiento de París.

Son «los únicos comerciantes parisinos que no pagan un alquiler o renta a la ciudad», precisa el ayuntamiento, que les entrega una autorización para ocupar un lugar por un año renovable, que no pueden ceder ni transmitir. Los vendedores son los que tienen que mantener las cajas, que son de su propiedad, y garantizar que sean seguras.

Tradición y turismo

Pero la profesión está frente a un dilema. Muchos cedieron al deseo de los turistas, cada vez más ávidos de llaveros que de libros raros y de segunda mano. «Una perversión del oficio», lamenta Callais. Sin embargo la reglamentación es clara. En las cuatro cajas de dos metros de largo que cada 'bouquiniste' tiene, una sóla puede contener otra cosa que libros, como «monedas, medallas, sellos postales, pequeños objetos de anticuario, tarjetas postales y recuerdos de París», recuerda el ayuntamiento.

Enfrente del Museo del Louvre los libros están bien escondidos detrás de chucherías y objetos turísticos. «Ya no podemos contar con los libros», explica uno de los vendedores quien confiesa que no lee mucho y, por lo tanto, es incapaz de aconsejar a las personas interesadas por las historietas y los libros forrados en cuero con líneas doradas de la prestigiosa colección 'La Pléiade' propuestos en las cajas.

Sin embargo, para muchos las casetas permanecen como símbolo de la ciudad y son un lugar de interés. «Prefiero comprar recuerdos aquí que en los negocios. Los 'bouquinistes' es París», explica una pareja estadounidense venida de Saint-Louis, Missouri, en el quai du Louvre.

Pierre Debois, bibliotecario y buscador de gangas, de 61 años, inspecciona las cajas cada día caminando por los quais del Sena, de regreso de su trabajo. «Encontré últimamente los catálogos de exposición de la BNF (Biblioteca Nacional de Francia) sobre mapas marítimos». Dubois admite que prefiere este tipo de venta ya que «se puede hablar con los bouquinistes, no como por Internet, que desvirtúa las relaciones humanas».

No obstante, a pesar de la competencia de Internet, la meteorología o la contaminación, el oficio aún seduce. Un centenar de nuevos 'bouquinistes' fueron designados desde 2010 para una profesión que se rejuvenece y se feminiza, admite el ayuntamiento.

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