Un itinerario sentimental por 'Donosti'

'De San Sebastián de toda la vida' repasa la historia de un centenar de iconos de la ciudad

El autor sostiene el libro que acaba de publicar. El volumen tiene más de 400 imágenes. / Michelena
BORJA OLAIZOLASan Sebastián

Puede que no muchos donostiarras sepan que los destellos del faro de Igeldo alcanzan hasta 48 kilómetros. O que 'Pakito', el entrañable delfín que hizo de la bahía su residencia entre 1999 y 2004, medía 3,4 metros y pesaba 300 kilos. O que la maquinaria que mueve los relojes de La Concha fue diseñada para aguantar vientos de hasta 120 kilómetros por hora. O que en San Sebastián llueve 185 días al año, cuatro veces más que en Madrid. O que el espacio en el que ahora se levanta el edificio del Real Club Náutico estuvo ocupado antiguamente por una piscifactoría.

Son solo algunos de los datos que se pueden encontrar en 'De San Sebastián de toda la vida', el segundo libro que el donostiarra Pablo Muñoz Gabilondo dedica a su ciudad natal después de que en 2012 publicase 'Donostia-San Sebastián, una nueva mirada'. Como su primera obra, que era en realidad un libro de fotografías tomadas desde perspectivas inéditas, 'De San Sebastián de toda la vida' es un volumen en el que predomina el material gráfico. «En total son unas 400 imágenes de ahora y de antes con el añadido de otros muchos elementos como reproducciones de billetes de autobús de varias épocas, de antiguas entradas de cines ya desaparecidos, de viejos carteles turísticos o taurinos o de abonos del campo de Atotxa», explica el autor.

Muñoz Gabilondo, de 44 años, periodista que se dedica a la comunicación corporativa, vive a caballo entre Madrid y San Sebastián. «Mi trabajo está en Madrid pero procuro volver los fines de semana. Cuando tienes que desplazarte a otra ciudad es cuando te das cuenta de la enorme suerte que tenemos los que podemos vivir en San Sebastián. La distancia te da otra perspectiva y proporciona a la ciudad una nueva dimensión, creo que podría decirse que la engrandece».

«Vivir fuera te hace tomar consciencia de la enorme suerte que tenemos los vecinos de San Sebastián»

El periodista donostiarra se sirve de un centenar de iconos para realizar su particular recorrido por la ciudad. Empieza por la figura del santo aseteado que adorna la fachada de Santa María y termina con la Paloma de la Paz, la escultura 'itinerante' de Néstor Basterretxea que ahora remata el litoral costero desde Sagüés. En medio, un periplo que tiene mucho de memoria sentimental de su generación pero también de las que le precedieron. «Tampoco he querido irme demasiado lejos en el tiempo porque ya hay bastantes obras de la etapa de la 'belle époque', podría decirse que la que he escrito es un viaje por el San Sebastián de los últimos 80 años».

El libro, hay que decirlo, es una apasionada declaración de amor por Donostia. Un sentimiento que el autor recibió en herencia de su madre, Clara, a quien dedica la obra. «La dedicatoria es para mis padres, pero en realidad todo el libro es un homenaje a mi madre, que falleció muy joven. Fue ella la que me enseñó a amar San Sebastián. Recuerdo que solíamos salir mucho de paseo y que a veces se asomaba a La Zurriola, dejaba que su mirada se perdiese en el mar y exclamaba: 'Esto es media vida'. Así aprendí a apreciar la belleza de la ciudad».

En barco por el cielo

La edición del libro está muy cuidada. La combinación de imágenes, datos históricos y anécdotas hace que resulte ameno y fácil de leer. La estatua de San Sebastián es el recurso para centrar las primeras páginas en todo lo que rodea la festividad patronal y situar al lector en enero. Se habla así de la bandera y el escudo de la ciudad, de la Tamborrada, del himno y de la plaza de la Constitución. Febrero sirve para repasar las olas de los temporales y el sirimiri. Los meses de primavera son un cajón de sastre en el que cabe un poco de todo, desde la historia del delfín 'Pakito' hasta los patos de la Plaza de Gipuzkoa pasando por empresas tan emblemáticas como El León, Lagarto, Koipe o Savin o la Compañía del Tranvía.

El verano es la estación estrella en la medida en que se despliegan los lugares y fenómenos de mayor carga simbólica, desde la bahía o la isla a la barandilla de La Concha, los gabarrones o las galernas. También hay espacio para hitos como el Jazzaldia o la Quincena Musical, además de menciones a los fuegos artificiales y los helados, la plaza de El Chofre o atracciones de Igeldo como la Montaña Suiza o el Río Misterioso. «El País de Nunca Jamás -escribe el autor a propósito de esa última atracción- está en San Sebastián. Igual que en la novela 'Peter Pan', en 'Donosti' se puede navegar en un barco por el cielo mientras divisamos una isla entre las nubes».

La llegada del otoño trae recordatorios de las regatas, el Festival de Cine o la Real, preludio de un invierno que se cierra con el belén de la Plaza Gipuzkoa. «No he querido hacer un repaso sistemático, simplemente es un paseo sentimental que permite redescubrir cosas en las que igual no reparamos. Escribiéndolo he descubierto por ejemplo el origen de la sirena de las doce del mediodía o el proyecto que hubo para unir la isla con el actual paseo de Eduardo Chillida, cosas con las que estamos tan acostumbrados a convivir que ni siquiera nos planteamos de dónde vienen».

La tarea de recopilación de imágenes ha sido muy laboriosa. «He tenido que tirar mucho de archivo y estoy muy agradecido a Kutxateka, el Koldo Mitxelena, San Telmo o El Diario Vasco. También he tenido oportunidad de conocer personajes como coleccionistas de billetes de autobús, gente que me ha brindado su ayuda cediéndome material que de otra forma no hubiese podido encontrar». El autor no descarta hacer en el futuro una edición ampliada de la obra con imágenes proporcionadas por otros donostiarras. Para ello ha abierto una página en Facebook con el nombre del libro en la que invita a los lectores a sumarse al proyecto «compartiendo experiencias y fotografías icónicas sobre 'Donosti'».

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