Los clásicos mudan de piel

Los clásicos mudan de piel

Las editoriales renuevan su imagen «porque no son piezas de museo». Las obras de Dostoievski, Homero, Lorca o Jane Austen no tienen fecha de caducidad y renuevan su tirón en el Día del Libro que se celebra hoy

ISABEL URRUTIA CABRERA SAN SEBASTIÁN.

La literatura se puede equiparar a la comida. No importa tanto la cantidad sino la calidad. «De nada vale zamparse un montón de libros al mes. Resulta mucho más provechoso tener un criterio selectivo», reflexiona Valeria Ciompi, directora de Alianza Editorial. Los clásicos son pura proteína. Proporcionan energía sin efectos explosivos. La digestión dura toda la vida y -todavía mejor- es habitual volver a hincarles el diente. Son obras que no tienen fecha de caducidad.

Se consideran 'long sellers', porque gozan de un éxito duradero y sostenido. Con motivo del Día del Libro, -en San Sebastián 16 librerías expondrán sus fondos en la Plaza de Gipuzkoa desde las 09:30 horas- los profesionales del gremio comparten las novedades de un sector que renuncia a lucir como una momia. «Son títulos vivos, no piezas de museo. Se cuidan las portadas, el diseño y la encuadernación. Un libro es más que la pantalla de una tablet. Y eso, evidentemente, también se aplica a los clásicos. Son obras maestras que se dirigen a lectores del siglo XXI», apunta Ciompi.

Todas las grandes firmas -desde Planeta a Penguin Classics o Castalia- están renovando a marchas forzadas la imagen de la mayor parte de su catálogo. Una inversión que no cae en fondo perdido. Sobre todo con 'El guardián entre el centeno' que despacha 40.000 ejemplares cada año en Alianza; sin olvidar la vigencia de 'La casa de Bernarda Alba' que llega a 10.000 en la edición de Cátedra. Cifras brutales. Baste recordar que la tirada media de los libros publicados en España apenas supera los 2.740 ejemplares, según los últimos datos del Gremio de Editores. Conclusión: los autores con más pedigrí, como Federico García Lorca y J. D. Salinger, también hacen caja.

«En EE UU llevan dos décadas recuperando a estos autores con diseños rompedores»

«¿Quiénes son los compradores habituales? Pues hay de todo. Además de los estudiantes, de Bachillerato o universitarios, hay muchísimos lectores con inquietudes que deciden comprar un clásico por puro placer y curiosidad. Cada vez se valora más el aparato crítico (prólogo, apéndices y notas a pie de página) que enriquece la lectura. Es un 'plus' que, además, se actualiza en cuanto se considera pertinente, ya sea en 'El Quijote', 'Madame Bovary' o 'La Odisea'», detalla Josune García, directora de Cátedra.

El importe de este tipo de obras, sea cual sea la editorial, ronda los 17 euros. Hasta ahora. No tardará en estallar la guerra de precios. En junio está previsto el lanzamiento de la línea Austral Mini, que ofrecerá todos los volúmenes a 4,75 euros. «Una propuesta irresistible que arrancará con Paul Auster, Patrick Süskind, Marguerite Duras y Ana María Matute», avanza Eva Romero, máxima responsable de Austral y Booket. En la actualidad pertenecen al Grupo Planeta y disponen de colecciones muy competitivas, que lo mismo ofrecen títulos como 'Moby Dick' y 'Cumbres borrascosas' que 'La isla del tesoro' y 'El libro de la selva'. Y cada uno, por algo más de 10 euros.

- ¿Cómo es el mercado de los clásicos en otros países?

- En Estados Unidos llevan ya un par de décadas recuperando a los clásicos con diseños rompedores y los países del norte de Europa, además de cuidar mucho la alta literatura, también apuestan por ediciones con diseños muy vistosos y coloridos. Uno y otros siguen el mismo modelo, que no diferencia la literatura contemporánea de los clásicos en el modo de editar. En España todavía queda mucho trabajo por delante.

Los gustos de Pablo Motos

El mercado de los libros más ilustres está ganando en dinamismo y, en ocasiones, puede volverse también un poco loco. Fue lo que sucedió el año pasado, cuando Pablo Motos recomendó a Mercedes Milá la lectura de 'Meditaciones' de Marco Aurelio, en el programa 'El Hormiguero'. De la noche a la mañana se dispararon las ventas del vademécum del emperador-filósofo del siglo II. Y más de lo mismo sucedió en las navidades de 2003, con la novela de trama caballeresca 'El doncel de don Enrique el doliente', de Mariano José de Larra, que se hizo tremendamente popular al saberse que Letizia Ortiz se lo había regalado al entonces Príncipe Felipe.

Para Iñaki Aldekoa, director de la editorial en euskera Erein, «el fenómeno de los clásicos es irrepetible, ahora todo es muy fugaz y nada perdura». Pese a todo, reconoce que se vende bien 'Obabakoak', publicada por Bernardo Atxaga en 1988. Un clásico moderno que en su día tocó la fibra sensible. Y lo sigue haciendo. Otra obra sin fecha de caducidad.

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