Cazador de jaque mates

David Llada reúne en un lujoso volumen de fotos más de 170 imágenes de jugadores de ajedrez de todo el mundo

David Llada, con un ejemplar de su libro./Arizmendi
David Llada, con un ejemplar de su libro. / Arizmendi
Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

El fragor de la batalla. Esto es ni más ni menos lo que el asturiano afincado en Donostia David Llada ha perseguido con su cámara de fotos a lo largo y ancho del planeta durante los últimos cinco años. Los campeonatos de ajedrez han sido su territorio y el gesto concentrado de los jugadores, el material con el que ha trabajado. El resultado es ‘The Thinkers’, un lujoso volumen que reúne más de 170 imágenes -111 en blanco y negro, 66 en color-, capturadas en campeonatos mundiales, olimpiadas ajedrecistas o simples parques en los que jugadores vocacionales echan partidas al aire libre y enseñan los secretos de este juego a cambio de, pongamos, un billete de cinco dólares. «Con este libro quería mostrar que es bonito pensar y que todavía hay sitio en la sociedad para entretenimientos que te exigen un poquito más de esfuerzo que sentarse delante de la televisión».

Nada parecía predestinar a David Llada (Pravia, 1978) al mundo de la fotografía, pero su trabajo en torneos de ajedrez como jefe de prensa le brindó la posibilidad de cubrir como fotógrafo la Olimpiada de Ajedrez celebrada en Estambul en 2012. «Era un encargo para el que no estaba preparado y eso a mí me encanta, así que me obligué a formarme. Estuve durante dos meses estudiando qué tipo de fotos se pueden hacer en un torneo de ajedrez, qué ángulos, qué encuadres y fui allí con los deberes hechos y la lección aprendida». El resultado de su trabajo debió satisfacer a quienes se le encargaron «y comenzaron a llamarme cada vez de más torneos -explica-. Al cabo de casi dos años, tenía muchísimo material y un gran número de fotos que nadie había hecho en ajedrez, así que comenzó a rondarme la idea de hacer una exposición. Ésa era la idea original para darle visibilidad al ajedrez».

El libro: 'The thinkers'

Autor:
David Llada
Editorial:
Quality Chess.
Páginas:
208
Precio:
39,99 euros.
Venta:
en web qualitychess.co.uk.

Tras reunir decenas de miles de fotos -«sólo en 2017 he hecho más de 30.000, de las cuales habré publicado un 10%»-, Llada trabajó sobre la hipótesis de preparar una gran exposición, idea que aunque aún no ha cuajado en nada concreto, aún mantiene, a la espera de que fructifique en los próximos meses en un proyecto de relumbrón. Mientras, ha confeccionado ‘The Thinkers’, una colección de fotografías ajedrecísticas realizadas en más de cuarenta países de los cinco continentes y publicado por el sello Quality Chess, una editorial volcada «más bien en libros técnicos sobre cómo mejorar y dirigidos principalmente a profesionales. Es el sello con más prestigio en el mundo del ajedrez, pero nunca publican libros de historia o de arte. Me lo propusieron ellos porque querían darse un homenaje». Estructurado en cinco apartados, el libro juega con una maquetación muy estudiada -a cargo de Carles Tatjé Isart- en la que aparece retratada la práctica totalidad de la ‘fauna’ del tablero: todas las edades, todos los géneros, todas las razas, todos los credos, decenas de nacionalidades.

«Sé que una foto va a ser buena antes de hacerla»

¿Cuándo sabe un fotógrafo que una imagen va a ser buena? «A veces, lo sé incluso antes de hacerla», afirma Llada. «En realidad, no pienso mucho. Tienes tres parámetros en tu cámara, buscas un ángulo que te permita jugar con una composición y ya está». Respecto al dilema entre blanco y negro o color, confiesa que siempre fue más del primero -«centra mejor el gesto de la persona»-, pero hay lugares, como África, que son en color».

Las fotografías capturan «lo sufrido que es jugar al ajedrez y lo duro que es perder en este juego. En las fotos se ve esas caras de sufrimiento». En contra de lo que pueda parecer, Llada sostiene que se trata de un deporte muy físico. El desgaste es muy grande y en las fotos se ve. Hay jugadores que el último día de competición está con los ojos desencajados, con pérdida de peso, agotados y despeinados. Alguien dijo que era demasiado serio para ser un juego y demasiado juego para tomarlo en serio», apunta.

Cambio de reglamento

Aunque hay un puñado de retratos de jugadores posando, la inmensa mayoría aparecen capturados en plena partida. «Me gusta más hacer fotos durante las partidas». En este sentido, Llada asegura que con su trabajo, «algo he conseguido cambiar en el mundo del ajedrez y es que antes no te dejaban hacer fotos durante las partidas. Solamente te daban cinco minutos al comienzo y luego te tenías que ir. Les convencí de que sería inconcebible que en Wimbledon no te dejaran sacar fotos en el matchpoint y estamos hablando de unos deportistas que también necesitan mucha concentración porque les viene de frente una pelota a 180 kilómetros por hora. ¿Por qué a los tenistas sí y a los ajedrecistas no?», se pregunta de forma retórica. Y aunque para el ojo no experto podría parecer que dispara la cámara a bocajarro, aclara que «no estoy tan cerca como parece. «Utilizo una Nikon y, sobre todo, diferentes teleobjetivos porque no puedo distraer a los jugadores porque quiero captar sus gestos, pero a seis o siete metros de distancia como mínimo». En cualquier caso, de la conveniencia de mantener las partidas abiertas a las cámaras «me costó más convencer a los árbitros y organizadores que a los jugadores, que conocen mi trabajo, me conocen a mí y me toleran».

El autor de ‘The Thinkers’ asegura que «cuando la gente está muy concentrada en algo que le gusta se abstrae de tal manera que todos resultamos muy iguales. Nos diferencia la vestimenta. Hay una foto de una africano descalzo, con los pies recogidos, en una actitud que no te imaginas en un ruso, pero en el fondo hay mucho tics y manías comunes a todos». En este sentido, cita «un manuscrito del siglo XIII en el que se describe cómo algunos jugadores canturrean un sonido muy repetitivo y es algo que lo ves hoy en día: mucha gente canturrea la canción más tonta y repetitiva mientras juega, cosa que en competición, obviamente, no se permite».

Respecto a la época de los grandes desafíos ajedrecísticos cuyas partidas trascendían el ámbito de los aficionados, reconoce que «ha desaparecido, pero yo creo que fue culpa nuestra porque la organización de los campeonatos restó épica y el resultado era más aleatorio, como sucede en el fútbol con la Copa del Rey. El azar influía mucho más y desvirtuó el título de campeón del mundo», explica. David Llada recuerda que «en Donostia vive desde hace tres años el actual número dos mundial, el armenio Levon Aronian, que es un tío con una personalidad muy interesante».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos