«En el arte todo es válido, si te suscita cierta emoción»

El autor publicará en primavera 'Demolición', una reflexión sobre la creación enmarcada en el ámbito del arte contemporáneo

A. MOYANO SAN SEBASTIÁN.

Durante décadas, Raúl Guerra Garrido ha mantenido un frecuencia de publicación de un título cada dos años aproximadamente. Ahora, prepara ya la aparición de su próxima novela, 'Demolición', con la que se ha «divertido» y de la que espera que «resulte lo suficientemente irritante», bromea.

- ¿Se ha arrepentido de haber escrito alguna novela?

- Bueno, de 'La carta' me siento petulantemente orgulloso. Para escribir algo el sentimiento te tiene que atropellar a ti y eso me pasó con esa novela. Muchas veces me he tenido que sobreponer al impulso ético para que no destrozase el estético. Cuando escribí 'Cacereño' el introducir una imagen metafórica me parecía una falta de energía y de compromiso. Había que ir directamente al grano y ése fue un error que hube de pagar en varios libros. Hoy en día me hubiese gustado pulir más el estilo, pero sí tenía una energía narrativa muy fuerte.

- Y al revés: ¿se arrepiente de no haber escrito alguno que se le ha quedado en el tintero?

- Hay una cosa que empecé a escribir de muy joven, quizás demasiado joven. Mi padre, que es de Cacabelos -el Bierzo profundo- era marino mercante, estudió náutica en Bilbao. Navegó en un barco de miles de toneladas, el 'Mar Blanco'. Y con veinte años o algo así comencé a escribir una novela protagonizada por ese barco, pero enseguida me cansé. Una novela es una cosa bastante fatigosa de escribir y siempre he tenido una preocupación por la estructura... Me lo he tomado en serio. Y me di cuenta que aquello exigiría mucha documentación más allá de las dos o tres anécdotas que conocía de mi padre. Y lo que he escrito del mar, ya no tenía nada que ver con la navegación de cabotaje, sino con la pesca del bacalao con 'La mar es mala mujer', un tema que me apasionó mucho.

- ¿Escribe algo en estos momentos?

- Acabo de entregar a Alianza una cosa que espero que se publique en primavera. Tiene un título muy optimista: 'Demolición'. Es una metáfora sobre el final de la vida del artista y el final de su tiempo histórico. No es muy larga, me he divertido escribiéndola. Espero que resulte lo suficientemente irritante.

- ¿Quién es el protagonista? ¿Un escritor?

- No, he querido desplazar el protagonismo a un escultor, lo cual me permite hablar sobre el mundo del arte, del que nunca he opinado. Este escultor no sabe si terminará su trayectoria artística en su línea clásica de siempre o desviarse hacia la infografía y la performance.

- Y ya que nunca ha opinado, ¿qué le parece el mundo del arte? Me refiero al contemporáneo.

- Nuestro gran organista del Siglo de Oro, Antonio de Cabezón, tiene una frase referida a la música que la hago extensible a cualquier otra actividad artística y es que «el arte suscita los afectos del hombre». Lo expresa así porque la palabra 'emoción' no existía todavía en castellano, tardó un siglo o dos en aparecer. A mí hay muchas cosas del arte abstracto que me parecen ridículas, pero la primera vez que vi un cuadro de Lucio Muñoz, sin saber nada y en una tienda de muebles de San Sebastián, me quedé absolutamente paralizado. Me emocionó. Ésa es la diferencia. Todo es válido, pero si te suscita cierta emoción. Lo que no puede ser es lo del chico joven que viene, te enseña cuatro paparrachadas que ha escrito y te dice: «He venido a deconstruir el idioma». Hombre, constrúyelo antes, qué vas a deconstruir, si no tienes nada.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos