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Ibón Martín: «La Inquisición sembró el terror en los pueblos del norte de Navarra»

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Ibón Martín acaba de publicar la tercera entrega de las aventuras de la escritora Leire Altuna y la ertzaina Ane Cestero. / MICHELENA

  • El escritor donostiarra publica 'El último akelarre', su tercera novela sobre las andanzas de la escritora Leire Altura y la ertzaina Ane Cestero

La tercera novela de Ibón Martín (Donostia, 1974) se inicia en el parque Etxebarria de Bilbao, donde un joven estudiante de la Universidad de Deusto cuelga envuelto en llamas a media altura de la chimenea de ladrillo. El escalofriante caso es asignado a la er-tzaina Ane Cestero, quien no duda en involucrar en la investigación a su amiga, la escritora Leire Altuna. En el curso de las pesquisas, ambas se acercan al mundo de las sectas destructivas y de los grupos neonazis, aunque esta vez el autor las separa intencionadamente y mientras Cestero continua su trabajo en Bilbao, la escritora sigue una pista que la lleva a Zugarramurdi. En la localidad navarra la escritora descubrirá las claves para capturar al asesino, será testigo de viejas rivalidades familiares y conocerá el terrible episodio que cuatrocientos años atrás aterrorizó a los pacíficos habitantes de estos pueblos. Tras 'El faro del silencio' y 'La fábrica de las sombras', con 'El último akelarre' Ibón Martín reclama un lugar destacado en la novela negra vasca.

- En esta nueva obra hay un cambio de estructura, con tres historias en paralelo sin aparente conexión que al final confluyen.

- Sí. La acción discurre entre Bilbao y Zugarramurdi y las dos protagonistas trabajan por separado. Pero además hay una parte que nos traslada al siglo XVI para conocer un hecho del pasado de Zugarramurdi relacionado con la caza de brujas. Y también aparece, aparentemente sin conexión, un relato protagonizado por una quesera del pueblo. El lector descubre al final la relación entre las tres historias.

- ¿Se podría decir que conviven dos relatos de ficción y uno histórico?

- Los capítulos sobre el siglo XVI son fieles a lo que ocurrió de verdad. Fue tan terriblemente duro y tan novelesco que no hacían falta grandes adaptaciones. Así que es prácticamente un reportaje.

- ¿Cómo contactó con el episodio histórico?

- Cuando escribía libros de excursiones tuve la suerte de que me invitaron a participar a una de las representaciones de los akelarres que se celebraban en las cuevas. Asistí al último, en 2005. No se ha vuelto a repetir porque un pueblo de 200 habitantes como es Zugarramurdi se vio absolutamente desbordado por la afluencia de turistas. Así que dejaron de hacerlo. Pero a poco que se indague sobre los hechos, lo que no es difícil, se descubre una historia terrible: la Inquisición sembró el terror en los pueblos del norte de Navarra. Fue algo atroz y da pie para una novela y mucho más.

- ¿Dónde encontró documentación?

- Para empezar, en el museo de las brujas. También acudí a la biblioteca de la UPV, donde existe bastante material. Además están los documentos que escribió un inquisidor bueno, Alonso de Salazar, quien relató minuciosamente el auto de fe para convencer a sus superiores de que el proceso estaba plagado de irregularidades. Los textos originales posiblemente estén en el Vaticano, pero existen facsímiles que se pueden consultar.

- ¿La persecución llegó en realidad a diezmar la población de los pueblos afectados?

- Se produjo un éxodo terrible porque se sucedían las denuncias. Durante los tres años que duró el proceso se acusó a más de la mitad de los habitantes del valle de Xareta, Zugarramurdi y Urdax, y también a los de Bera, Etxalar y Lesaka. Una gran parte de los detenidos por el Santo Oficio fueron condenados, once de ellos murieron en la hoguera; muchos sufrieron penas de galeras, destierro o cárcel. Muchos huyeron y los que se quedaron vivieron aterrorizados.

- En la novela hay una descripción muy minuciosa de las torturas de los inquisidores. ¿Ocurrieron así?

- Todo está documentado. Los tormentos fueron más y más terribles de lo que describo. Quienes los sufrieron y pudieron contarlo salieron destrozados.

- ¿Ha mantenido el nombre de los inquisidores como una forma de denuncia para la historia?

- Sí. He cambiado el nombre de las víctimas, pero he conservado el de los inquisidores para que se sepa a las claras quienes fueron los que cometieron tales aberraciones.

- ¿El nombre del instigador también es el real?

- Claro, el abad de San Salvador, León Aranibar, fue quien inició todo por sus intereses personales.

- En el libro aparece una historia de rivalidades vecinales, nada extrañas en los pueblos pequeños.

- Quería demostrar que cuatrocientos años después pueden quedar cicatrices de todas aquellas denuncias infundadas y de lo que llegó después. En la actualidad puede que ese conflicto no sea tan enconado, pero me daba pie para una novela negra. Resulta muy creíble.

- También aborda el mundo de las sectas destructivas.

- Mucha gente me dice que el procedimiento de recaudación que describo no es muy creíble. Sin embargo, está recogido del mundo real; es lo que hacía una secta estadounidense, cuya máxima fijación era convencer a la gente de que los códigos de barras son el anticristo para que los seguidores compren en la tienda de la secta.

- Usted es periodista y sin embargo los informadores no salen bien parados en sus novelas.

- Lo reconozco. Quizá se trata de una visión muy estereotipada. Es una cuestión que debo tener en cuenta en la próxima novela.

- ¿Habrá, pues, cuarta entrega?

-Esa es mi intención y pretendo que esta vez la acción transcurra entre Pasaia y Donosti. Pero advierto que cuando me siento ante el ordenador puede pasar cualquier cosa.

- ¿La cuarta novela cerrará la serie?

-De momento. Necesito descansar de las andanzas de Leire Altuna y abordar otros retos. No sé si continuaré en la novela de suspense con algún personaje totalmente distinto o regresaré a la novela histórica. Pero no voy a matar a Leire Altuna. Quedará en el congelador por si dentro de unos años me apetece descongelarla.

- ¿Volvería a la novela histórica aprovechando la documentación que ha conseguido sobre el auto de fe de Logroño?

- No sería descabellado. Hay muchas cosas que se han quedado sin contar, tanto de los años previos a las detenciones y las condenas, como del tiempo posterior. Pero especialmente sobre aquella guerra que se libró en el seno de la Inquisición y que acabó con una especie de petición de perdón a las víctimas después de haberlas quemado. Daría bastante juego y no lo descarto.

- ¿Sigue con las visitas guiadas a los escenarios de sus novelas?

- Sí. En verano son casi semanales y en esta época, solo bajo demanda, cuando alguna librería o biblioteca reúne gente, y nos vamos al faro de la Plata o a Orbaizeta, el paraje de 'La fábrica de las sombras'. El año que viene seguro que iremos a Zugarramurdi.

EL ÚLTIMO AKELARRE

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