Diario Vasco

Javier Reverte: «Nueva York es una ciudad extremadamente gentil cuando estás acostumbrado a Madrid»

Reverte alquiló un piso y se pateó de arriba a abajo la Gran Manzana para empaparse de sensaciones y de la vida callejera.
Reverte alquiló un piso y se pateó de arriba a abajo la Gran Manzana para empaparse de sensaciones y de la vida callejera. / BERNARDO CORRAL
  • Escritor

  • El autor de literatura de viajes publica su visión lírica de Nueva York tras una estancia de tres meses recogida en un libro a modo de diario

El dinero que le supuso la obtención de un premio literario le permitió a Javier Reverte (Madrid, 1944) cumplir un anhelo de esos que se convierten en obsesión a medida que transcurren los años y no se presenta la oportunidad de cumplir ese sueño. El suyo no era viajar a Nueva York, sino vivir en ella el tiempo suficiente para conocerla más allá de los tópicos.

De esa estancia de tres meses el escritor madrileño se ha traido un libro 'New York, New York...' (Plaza & Janés) donde en formato de diario fue recogiendo las sensaciones y pensamientos que la asaltaban en el día a día en la Gran Manzana.

-Ha cumplido uno de sus sueños ¿Cómo se ha despertado de él?

-Pues muy feliz, la verdad. Era un propósito que tenía desde crío. Siempre pensé que si estaba viviendo en un periodo de la Historia en el que la capital del imperio se llamaba Nueva York, yo tenía que vivir allí.

-¿Qué ciudad se encontró?

-Me encontré con una ciudad de la que esperaba mucho, encontré buena parte de lo que esperaba y me dio también más de lo que esperaba. Las únicas obligaciones que me autoimpuse fueron patearla y escribir.

-¿Había estado antes?

-Sí, pero siempre por cuestiones de trabajo, vacaciones, y no más de una semana. Nada parecido a vivir tres meses de continuo.

-Después de haber recorrido selvas, junglas, ríos y desiertos, ¿ahora busca la aventura en la gran ciudad? ¿Son las prioridades que dicta la edad?

-La aventura es distinta y en el fondo llega a ser la misma. Para mí aventura no es una palabra que evoque selvas perdidas o ir a una guerra, sino asomarte a lo que no conoces y dar un paso hacia lo desconocido, hacia lo que no sabes. Y Nueva York para mí era como una jungla en el sentido de un territorio desconocido y sin explorar.

-¿Fue sin miedo a qué se iba a encontrar al tenerla idealizada?

-Había esos riesgos: que no me gustara, que me sintiera incómodo, pero conocí una ciudad llena de energía y de fuerza que me atrapó.

-¿Es difícil sacudirse los clichés que se tienen en la cabeza respecto a una ciudad como Nueva York?

-Es cierto que tenemos una inmensa cultura audiovisual de Nueva York que conlleva mucho tópico, pero es que es una ciudad tópica. En cualquier momento piensas que por la calle te vas a encontrar a un actor o a Woody Allen. Nunca te los encuentras pero percibes ese ambiente que has visto o leído. Nueva York son los olores de las calles, el clima extremo que hace en la ciudad. Es una naturaleza salvaje.

-¿Iba a lo que surgiera o trazó un plan preestablecido?

-No, salí a patear la ciudad. La he conocido andando pero engaña a primera vista. La ves y parece fácil de recorrer por cómo está organizada, porque lo cierto es que está hecha para tontos, pero luego las distancias son mayores de lo que piensas. Pero no cogí un taxi en tres meses. Ni llevé guías turísticas.

-¿Por qué?

-Porque a Nueva York le ocurre como a todas las grandes ciudades, que cambian constantemente, negocios, solares, espacios. Solo llevaba un mapa. Fui por barrios, uno por uno. Y cuando ya la dominé, me dejaba ir cada día. Entendí que no es una ciudad hecha para estar en la calle sino para ir de un sitio a otro, aunque mantiene mucha vida de barrio. Todo cambia con cruzar una calle.

-¿Hasta qué punto es peligrosa?

-Ya no. Fue la ciudad más peligrosa de Estados Unidos pero ahora, tras el 11-S, hay un policía cada tres paseantes. He paseado a las tantas de la madrugada por Harlem y no he tenido ninguna sensación de peligro. Lo único que te recuerda el policía allí es que eres libre de hacer lo que te dé la gana, pero hay una ley, la ley se cumple y la hacen cumplir, en eso son muy estrictos.

-¿Es cierto que no se parecen al resto del país?

-Y están orgullosos de sentirse diferentes. El neoyorkino es como si no fuera de ninguna parte. Es la ciudad de la inmigración desde sus orígenes. Es una ciudad acostumbrada al extranjero y nunca te sientes extraño porque todo el mundo te lo parece.

-Adopta el formato de diario ¿le dio vueltas a cómo contarlo?

-Lo que me planteé es cómo llegar mejor al lector y el método del diario era una forma acercarse, porque le estás contando cómo ha sido tu vida en una calle o un lugar determinado. Era la manera más íntima de hablar al lector.

-¿Qué idea se ha traído de allí que no esperaba encontrar?

-Nueva York es una ciudad extremadamente gentil cuando estás acostumbrado a una ciudad como Madrid donde hay mucha urgencia, muchas prisas. Pensaba que la gente iba a ser grosera como es Madrid ahora, de un tiempo a esta parte. Pero no, es una gente que cuando les paras a preguntarles algo, es como si el tiempo desapareciera para él. Es una ciudad donde constantemente están pasando cosas y mucha vida de barrio. Es a un tiempo la ciudad del siglo XXII y la del siglo XIX.

-¿Más que un libro de viaje es un libro de estar?

-Pero también es de viajes en la medida en que estás en un territorio extraño al que te acercas de forma temporal. Digamos que es un libro de viajes en la quietud.

-¿Cómo aconseja acercarse a ella?

-Como a todo en la vida. De forma abierta y sincera, con una actitud receptiva y generosa.

NEW YORK, NEW YORK...

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