Diario Vasco

Cuando el paso del tiempo se retrata con el pincel de Spirou

Evolución del personaje, según los diferentes dibujantes de la serie a lo largo de la historia
Evolución del personaje, según los diferentes dibujantes de la serie a lo largo de la historia
  • Dibbuks publica el álbum número 52 del antiguo botones

El tiempo. Algo tan etéreo que ni la física es capaz de aprehenderlo del todo sin desbordarse en paradojas. A medida que se aleja de algo que ocurre, funciona como un curioso mecanismo, resultando según el operador. Creará recuerdos o expectativas; el sentido en que gire la rueda determinará el lado de la moneda, y el cómic no es ajeno a su paso, ni como agente exógeno generador de historias, ni como protagonista de las mismas. Un joven botones, nacido literalmente tras ser pintado en un lienzo, es fiel testigo de hasta qué punto el tiempo lo es todo.

El 21 de abril de 1938, menos de dos meses antes de que cierto hijo de Krypton aterrice en el planeta Tierra, dato temporal sin más conexión que la curiosidad, el número uno de la revista "Le journal de Spirou", en cuyo título figura la declaración de principios "pour la jeunesse" (para la juventud), presenta la creación de Rob-Vel, firma del francés Robert Velter y que, aún sin saberlo, está destinado a pasar a la historia como padre de uno de los personajes más famosos de la bande dessinée.

Franquin y Chaland

Protagonista de historias cortas, de humor sencillo y limpio, pronto se hará muy popular entre los lectores. A partir de ahí, la guerra mundial, causante de que Vel resulte herido y hecho prisionero en 1940, la cesión de sus aventuras a Jijé dada su ausencia, el retorno del soldado en 1941, la posterior prohibición de la revista en 1943 que provocará la compra de los derechos del personaje a su creador por parte de la editorial Dupuis, marcan un devenir que comienza con las sucesivas etapas a ritmo de cambios en lápices y nuevas incorporaciones de actores a un universo cada vez más rico.

No es ningún secreto: cuando Jijé pasa los trastos en 1946 a André Franquin (3 de enero de 1924, Etterbeek, Bélgica - 5 de enero de 1997, Saint Laurent du Var, Francia), la serie alcanza una de sus cimas (la otra, que merece historia propia y que está recogida también por Dibbuks en un integral, es la correspondiente a la época de Yves Chaland, uno de los talentos más puros del cómic y que fallece en 1990 a los treinta y tres años a causa de un accidente de automóvil). Franquin traerá nuevas incorporaciones de actores a un universo cada vez más rico, con lo que la fantasía más permisiva se apoderará de Spirou, ya para entonces acompañado de su inseparable amigo Fantasio y la ardilla Spip. Los inventos locos del conde de Champignac, el Marsupilami o los malévolos planes de Zorglub favorecerán andanzas por selvas perdidas o países al otro lado del globo. Pero el fondo de la cuestión sigue siendo el reloj, más allá de los viajes temporales que de hecho suceden en "Spirou y Fantasio"; el muchacho pelirrojo es su heraldo. En sus páginas, las ciudades, los vehículos, la tecnología no inventada, se convierten en cuaderno de bitácora de buena parte del siglo XX y de lo que va del XXI, de la eterna pelea entre la escuela de Bruselas de Hergé y la de Marcinelle de Jijé, algo que siempre es motivo de una buena tertulia tras una comida a la altura de la polémica.

Spirou, aún vestido de botones pero tiempo ha reportero, sigue joven y con su descomunal flequillo. Sus aventuras continúan siendo encantadoras, representantes de una ingenuidad poco acorde con lo que sucede en cuanto quien las transita cierra el álbum y mira a su alrededor; por eso, son tan necesarias. Reivindicar el humor, la lectura amable y la frescura de un héroe de casi ochenta años que, paradojas del tiempo, por no envejecer provoca que el lector rejuvenezca, merece la continua revisión, la vuelta a unas páginas para quienes por tiempo, físico o mental, comparten edad con Spirou y Fantasio.

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