Diario Vasco
Los delicados trazos y colores de Jesús Alonso Iglesias.
Los delicados trazos y colores de Jesús Alonso Iglesias.

Autobiografía de un hombrey un perro

  • Dibbuks publica 'PDM', un retrato tan inusual como sugerente

Entrar en un parque de atracciones, en la sala de los espejos, girar sobre sí mismo y, de pronto, quien mira a quien se mira, ve, con suerte, infinitas figuras deformadas de la auténtica aunque, a estas alturas, ¿cuál es la real? Lo bueno de la sala de espejos es que allí está todo. Como una cascada desordenada de chips de memoria transparentes, a menudo salados.

Una autobiografía es, por definición tramposa, que no mentirosa. Es difícil, quizá imposible, no llenar en exceso el vaso de la complacencia o partir en busca de la complicidad del lector con una mochila a sabiendas vacía. Sin embargo, ¿por qué no? Que cada cual viva su vida como pueda, a ser posible como quiera, y la recuerde como sus mejores sueños le dicten.

Pierre Paquet, individuo que, por las circunstancias y por su amor al cómic, funda una editorial y comienza una andadura. Otras arrancan al tiempo. Amor, amistades... y un perro. Sin demasiado orden, se van entrelazando como las gotas que se acumulan en los cristales del automóvil a lo largo de un largo viaje. Es ese trayecto, al fin, lo más importante es... el perro.

Fiston

Seguramente, 'PDM' es una obra que despertará con más intensidad la empatía de quienes comparten sus días con una mascota; solo ellos serán capaces de empaparse en cada momento de la comprensión suficiente. Por suerte, no se trata de una novela, y ahí entra Jesús Alonso Iglesias. Y la cosa cambia.

Más conocido a este lado de la frontera (dado que su último trabajo se titula 'Los Dalton', la imagen parece adecuada) por 'El fantasma de Gaudí', Alonso recibe en 2012 la propuesta de dibujar 'PDM, Paquet de mierda', para ser publicada en enero de 2015, obviamente bajo el sello de Éditions Paquet. Hoy, Dibbuks rescata ese trabajo y, aunque pueda parecer un absurdo, es muy posible que dicho orden de publicación no cronológica favorezca al dibujante. El Jesús Alonso Iglesias de 'PDM' es estupendo. Puede que en momentos su lápiz sea frágil, pero es una fragilidad tan poderosa que, a fuer de ser honestos, demasiados momentos brillan merced a su talento; innato, eso es evidente, y curtido como las buenas pieles sin prisa, por las manos más cautas. ¿Acaso no es esa fragilidad una de las grandes revelaciones de 'PDM'?

El perro se llama Fiston. Aprende al tiempo que su hace su ¿dueño?. Mejor compañero. Esa palabra surge no tanto de la historia escrita, como de Alonso. Existen tres maneras de dibujar animales que no sea dentro de universos antropomórficos: Al estilo Disney, al estilo horrible y al de los grandes, es decir, como Alonso Iglesias. Conseguir que un perro no sea una caricatura de sí mismo sino real y que, al tiempo, transmita al lector sus emociones, es tan difícil como placentero. A partir de ahí, todo es un borrón.

'PDM' no es la biografía de un editor narrada paso a paso, con sus logros, su evolución, los trucos del oficio empleados para lograr cada contrato o el favor de determinado artista, si bien hay anécdotas que refieren estos aspectos; no es tampoco su vida amorosa, sus devaneos más o menos pertinentes, ni algún episodio incluido que corre el riesgo de quedar en el capítulo de lo ridículo. Al fin, es la historia en la historia, resumida en una secuencia en negros y azules, cada página de la misma aislada entre el hilo principal del relato pero inconfundible en narrativa y color, de lo que habla 'PDM'.

Dibbuks apuesta y lo hace con una obra íntima, por ello a ratos inconexa, en un escenario donde Jesús Alonso Iglesias vuelve a demostrar su gran momento creativo para retratar el amor, la lealtad absoluta entre un perro y un hombre. Hasta el final.

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