Las leyendas nunca se pierden un buen cumpleaños

Jack Kirby, en su estudio. El autorretrato no es una rareza, al autor le gustaba dibujarse y aparecer en viñetas.
Jack Kirby, en su estudio. El autorretrato no es una rareza, al autor le gustaba dibujarse y aparecer en viñetas.

El mundo del cómic celebra los cien años del nacimiento de 'The King'

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

. El mundo del cómic gusta de cuidar a sus leyendas. Forman parte de un club muy selecto, muy poco poblado al que le cuesta admitir nuevos socios. Probablemente, Jacob Kurtzberg no pensó que iba a ser uno de ellos ni que, cien años después de su nacimiento, iba a ser homenajeado en todo el mundo gracias a una de las obras más colosales que un autor haya llevado a cabo.

Más conocido como Jack Kirby (28 de agosto de 1917, Nueva York - 6 de febrero de 1994, Thousand Oaks, California), llegó a ser apodado The King, el rey, y aún hoy nadie cuestiona dicho título ni aspira a conquistarlo.

Existen docenas de libros dedicados al hombre que (no solo él) cambió el rumbo de los comics de superhéroes, desde aquellos que catalogan su trabajo, absolutamente asombroso en cuanto al volumen del mismo, hasta otros que intentan comprenderlo a través del análisis más concienzudo. Incluso surgen voces autorizadas cuestionando aspectos de la forma en que Kirby daba vida a los personajes que caían bajo el influjo de su lápiz y que le sirvió para, entre otras cosas, recibir todos los premios posibles. La pregunta es qué hizo tan distinto, por qué llegó a ser tan especial. La respuesta, probablemente, es: todo.

Los 4 fantásticos

En los años sesenta del siglo pasado, Marvel busca contrarrestar la Liga de la Justicia con que DC Comics seduce a los lectores merced a unir a sus mayores héroes en un grupo tan imposible como fascinante. La tarea recaerá en Kirby, que desde 1940 triunfa con Joe Simon tras crear al Capitán América, y en Stan Lee, un guionista tan especial como controvertido, pero con una capacidad soberbia para conectar con el público joven. El nacimiento de 'Los 4 fantásticos' en noviembre de 1961 marca el inicio de una época, tanto en la forma de escribir las aventuras en Marvel como en la manera de dibujarlas. Ahí entra Kirby. No es nuevo en el oficio ni muchísimo menos, de hecho ha abordado a lo largo de su ya notable carrera prácticamente todos los géneros, desde el policíaco al romántico, pero los superhéroes le permiten desatar la locura de su trazo.

Es la época del realismo en el cómic, pero no hace falta ser un catedrático en ortodoxia para, contemplando las viñetas de Kirby, descubrir en ellas auténticos destrozos anatómicos que, sin embargo, de forma misteriosa encajan en un todo. Los superhéroes son, evidentemente, pura exageración, exaltación de lo desmesurado, y en ese teatro el artista neoyorquino se siente como pez en el agua. Thor, los misteriosos X-Men, Silver Surfer, Los Vengadores... Los escorzos se suceden en medio de combates que, es importante remarcarlo, se fundamentan en el principio de que si cada viñeta sucede a la anterior, lo que ocurre en ellas, el desarrollo de la acción, debe ser coherente, algo que en la actualidad muchos creadores de comic-books han olvidado. Al final, páginas que se transforman en coreografías llenas de armonía.

Kirby no está hecho para tiempos de paz. No destaca en las escenas costumbristas, en las conversaciones entre personajes aunque los diálogos que allí acontezcan sean esenciales. Su estilo necesita del movimiento, y las reglas por las que éste se rige se reescriben. Nada funciona como plantea, pero resulta fascinante. Espectáculo puro, como sus máquinas y los artilugios con que rodea a sus héroes.

'Los 4 fantásticos' marcan el camino a seguir, y Stan Lee encuentra en Kirby al dibujante perfecto para su curioso método de trabajo. Sobre ideas básicas se diseña la página que vuelve al guionista para la inclusión de los textos definitivos. Aunque solo una pequeña parte de la ingente obra de 'The King' se desarrolló con Lee, fue más que suficiente para que nadie cuestione ya las aportaciones que aquel hacía al desarrollo argumental de la historia. Sin embargo, lo que parecía una simbiosis natural entre editorial y artista, finalmente se trunca en 1970 cuando, al parecer desencantado del trato que recibía en Marvel, traslada su tablero de dibujo a la competencia. Ya no trabajará con guionistas, y en DC recupera mucha de la libertad creativa perdida. Así, el proyecto que acomete, llamado 'El cuarto mundo', se asienta sobre cuatro patas: 'Superman's Pal Jimmy Olsen', 'New Gods', 'Mr. Miracle' y 'Forever People', las tres últimas creaciones propias. Siendo un derroche de imaginación, no alcanzarán la gloria a la que estaba acostumbrado aunque, probablemente, atesoran las mejores páginas del artista junto a las de su serie 'Kamandi' (1972), donde en un futuro post apocalíptico los humanos han perdido su inteligencia superior en favor de los animales. Un joven de cabellos rubios intentará recuperar lo perdido.

Al fin, los años van pasando, y el estilo de Kirby, más que inconfundible, pasa a ser su talón de Aquiles. No engancha a las nuevas generaciones con tanta fuerza, bien es cierto que ya seducidas por los nuevos talentos entre los que se encuentran, por ejemplo, John Romita o Neal Adams. Sin embargo, el conjunto de su trabajo es tan apabullante, que la influencia del mismo alcanza a prácticamente todos los artistas de comic-book americano, contemporáneos y futuros. Esta semana que se acerca a su fin ha sido, de hecho, lugar de homenajes de todo tipo hacia el maestro.

Qué duda cabe; vendrán otros, pero solo hay un rey.

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