Las leyendas se escriben y dibujan en blanco y negro

El impresionante blanco y negro de Carlos Breccia. Obsérvense los volúmenes trabajados a través de la ausencia de línea./
El impresionante blanco y negro de Carlos Breccia. Obsérvense los volúmenes trabajados a través de la ausencia de línea.

Astiberri publica el integral de 'Mort Cinder', un imprescindible del cómic

ÓSCAR GOÑISAN SEBASTIÁN.

En un ya antiguo capítulo de una serie llamada 'Doctor en Alaska', uno de los personajes más carismáticos afirmaba: 'Luz es vida, vida es luz'. Como si la noche fuera anfitriona de cosas no deseadas. En la negrura viven cosas peligrosas. Entre las sombras. Pero para que una sombra se alargue hasta el rincón donde la víctima aguarda, debe haber un farol o un resplandor de la Luna que le dé su entrada dramática, y es así como conviven luz y oscuridad. Blanco y negro.

El blanco y negro de 'Mort Cinder'.

De nuevo es preciso viajar a la Era Preinformática. A aquellos tiempos de las enciclopedias de papel, mamotretos contenedores de la sabiduría humana. Entonces, se sabía lo que había dentro del blanco y negro.

Agosto de 1962. En el número 715 de la revista argentina 'Super Misterix' se presenta una sorprendente serie protagonizada, en un principio, por un viejo anticuario, Ezra Winston. Será preciso prestarle atención porque sus autores son, más allá de cualquier debate, dos de los más grandes del cómic mundial: Héctor G. Oesterheld (23 de julio de 1919, Buenos Aires, Argentina - desaparecido en 1977 por la dictadura argentina), y Alberto Breccia (15 de abril de 1919 -10 de noviembre de 1993, Buenos Aires, Argentina). En aquellos primeros años de la década de los sesenta, los guiones de Oesterheld ya le habían catapultado a la fama. 'Sargento Kirk' (1953) con lápices de Hugo Pratt o 'El Eternauta' (1957), con Solano López, así como 'Sherlock Time' (1958), precisamente dibujado por Alberto Breccia quien, dicho sea de paso, años después versionará dicho eternauta, el viajero en el tiempo

Algo determinante para Oesterheld, no en vano Mort Cinder es un hombre inmortal, aquel capaz de resucitar para contar otra historia. Relatos cortos en los que se mezclan elementos dispares, corrugados en una línea argumental, sí, pero en los que Breccia resulta determinante. Que el dibujante era un superdotado es la conclusión a la que cualquier lector llega buceando en sus viñetas. La definición de los actores, sus rostros, tan reales y profundos que no tienen parangón, explotan en blanco y negro. Su capacidad para la ambientación sin que sean precisos grandes planos generales ni pinceles hiperrealistas, la atmósfera de su obra, algo tan venido a menos, tan ignorado fundamentalmente por buena parte de los autores norteamericanos.

La luz y su némesis

¿Cómo se crea una atmósfera? Con la luz y su némesis, así como con una cohorte de acompañantes narrativos, pero conviene recordar que, aunque 'Mort Cinder' se publica en 1962, su dibujante experimenta sin límites, utilizando todas las técnicas existentes y muchas otras que inventa a fin de obtener resultados mucho más profundos de los que Oesterheld plantea en sus guiones. A este respecto, es esclarecedor leer uno de ellos, 'Diligencia a cuchillo', inacabado, que la edición de Astiberri recoge al final del tomo y que ilustra hasta qué punto el escritor no coartaba la creatividad de Breccia. Técnicas, en efecto. Hoy en muchos casos reemplazadas por efectos de programas informáticos, entonces llevadas a buen puerto gracias a rasgar el papel entintado con cuchillas, a trapos mojados con los que estampar, produciendo texturas, a corchos empleados cual tampones para sellos... en blanco y negro. Y un contraste de la factoría Breccia tan suyo: el abuso de la línea en contraposición a la ausencia de la misma. Blanco sobre blanco, el lector rellenará los huecos. Probablemente sea el episodio 'En la penitenciaría' donde el artista llegue a la maestría absoluta, donde los barrotes de la prisión se entrelazan con los uniformes de los convictos y sus expresiones en un derroche gráfico. Pero, y he aquí lo trascendente, todo esto al servicio de la historia porque, como siempre, lo importante es la historia. Mort Cinder la ha vivido, y la cuenta, y aunque hay lugar incluso para gentes venidas de otros planetas, al fin trata de lo contradictorio de la especie humana a lo largo de los siglos.

Una obra no termina en sí misma. Lo que la convierte en algo único es su capacidad de permanecer en la memoria, de provocar, de influenciar a otros, de abrir caminos. 'Mort Cinder' no solo lo hizo desde su expresionismo en el mundo del cómic, sino desde luego en la literatura y el cine ( 'Dark City', 1998). Ahora, vuelve gracias a la edición en formato integral que Astiberri ha cuidado en extremo, tomando decisiones muy acertadas en cuanto al respeto por los formatos en que se publicó originalmente, así como a la calidad del papel elegido.

Una obra capital, como el protagonista de la misma, no muere fácilmente. Hacen falta muchos hombres con los ojos de plomo para ello. No es solo una metáfora. Están en 'Mort Cinder'.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos