Permanyer: «El Koldo Mitxelena necesita ya una transformación después de 24 años»

Jordi Permanyer, ayer en el Koldo Mitxelena.
Jordi Permanyer, ayer en el Koldo Mitxelena. / SARA SANTOS
Jordi Permanyer, bibliotecario

El especialista catalán asesora al departamento foral de Cultura para la transformación del centro donostiarra

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Con una dilatada experiencia a sus espaldas como gerente del servicio de Bibliotecas de la Diputación de Barcelona, Jordi Permanyer ha trabajado durante el último año en la convergencia de las bibliotecas Municipal y del Koldo Mitxelena. Una vez descartada la confluencia física de las dos entidades, Permanyer asesora al departamento de Cultura de Diputación en la transformación del KM, una tarea que en su opinión toca ya acometer tras 24 años de funcionamiento. El bibliotecario catalán considera que el Koldo Mitxelena debe adaptarse a los cambios, aunque reconoce que quizás no lo perciba así el usuario del centro donostiarra.

- ¿Qué función tienen en 2017 las bibliotecas públicas?

- Han sido un espacio para que la ciudadanía se acercara a la cultura, pero en este momento, con tantas herramientas, juega el papel de lugar de creación, encuentro y participación de la ciudadanía en la formación y en el hecho de compartirla con los demás.

«Al usuario le cuesta pedir cambios porque no echa en falta cosas si no las ha conocido»

- Pero la actividad del usuario en el Koldo Mitxelena es individual.

- Lógicamente, nos hemos de situar en una biblioteca que se diseñó hace más de 25 años. En este tiempo todos hemos vividos una transformación muy grande y a veces por las dificultades de la propia Administración, la biblioteca no se ha transformado al mismo ritmo que la sociedad.

- ¿Es el caso del Koldo Mitxelena?

- Sí, es el caso del Koldo Mitxelena y, en general, de muchos servicios públicos, culturales o no. Las bibliotecas deben evolucionar al mismo ritmo que la sociedad.

- Y para eso, ¿qué hace falta?

- No dejar de invertir. Hace falta preocuparse de que estos servicios tengan los recursos necesarios para transformar el servicio que se quiere prestar a la ciudadanía. También hay que abrir puertas, nunca cerrarlas.

- ¿Qué servicio debía ofrecer una biblioteca pública en 1992 y cuál debe prestar ahora?

- En 1992, esta en concreto creo que no tenía ni servicio de préstamo de libros. Era de consulta, si no recuerdo mal. Estaba pensada para venir a trabajar y a estudiar. En cambio, ahora la biblioteca busca que el máximo número de ciudadanos la utilicen para cualquier cosa que necesiten en su vida, también para el debate. Por eso han crecido tanto los clubes de lectura.

- Usted participó también como asesor en la red de bibliotecas donostiarras. ¿Cómo ve el resultado?

- Ayudé en su momento a Susana Soto y a su equipo y debatimos bastante, pero era su proyecto y cada ciudad tienen el suyo propio. No se puede replicar el modelo de una ciudad en otro. Aquí se hizo un desarrollo muy importante en los barrios, pero los éxitos no tienen que esconder las ganas de ir más allá. El espíritu de los directores de las bibliotecas no es pensar en el hoy, sino en el mañana, y la administración público debe hacer lo mismo.

- Ahí sitúa el proceso de convergencia del KM con la Biblioteca Municipal.

- Hace un año Donostia Kultura y Cultura de la Diputación iniciaron una reflexión para buscar confluencias porque este edificio necesita una intervención -por carencias, deficiencias y necesidad de renovación-. Ése fue el motor para que cada institución hablara de lo que tenía cada una. La ciudad tiene un buen servicio bibliotecario, pero dado que se quiere reformar este edificio, tan laberíntico para el usuario y que ahora se quiere reconvertir en más abierto y dialogante, se aprovechó para buscar otro tipo de organización.

- ¿Hay duplicidad entre los servicios que ofrece el KM y los de las bibliotecas municipales?

- Hay usuarios para todas. Que los equipamientos sean cada vez mayores favorece una mayor entrada de personas. Si el espacio es abierto y dialogante multiplica los usuarios.

- ¿Qué es un espacio dialogante? ¿Sin puertas? ¿Sin paredes?

- Sin puertas, seguro. En cuanto a los muros, cada edificio tiene los suyos. Los que hay que buscar son espacios abiertos, cuantos más mejor. Y el edificio del KM, histórico y con sus muros, tiene sus dificultades, pero todo es adaptable y transformable. Quizás cuando se diseñó se concebía la biblioteca como un templo de la cultura y ahora estamos más en crear espacios abiertos a la participación. Una biblioteca debe transformarse cada diez años como mínimo.

- ¿Qué papel debe desempeñar el personal de una biblioteca?

- Debe ayudar a descubrir, a encontrar las cosas. El mundo de internet es mucho más laberíntico que el Koldo Mitxelena. Buscas una información y te encuentras 10.000... ¿Qué hago con esto? El personal bibliotecario está formado para encontrar mejor lo que yo estoy buscando, por lo tanto, tiene que ser muy dialogante con el usuario.

- ¿Eso requiere un conocimiento exhaustivo de los fondos?

- No tanto eso como conocer estrategias y formas de trabajar. Yo podría colocarme en el mostrador del Koldo Mitxelena y sin conocer los fondos, pero con las herramientas que me dejaran, podría llegar a encontrar cualquier cosa. En cambio el usuario tiene mayor dificultad. Por lo tanto, el personal técnico debe trabajar con sus herramientas. Quizás lo que el usuario busque no esté aquí, pero el técnico le tiene que dar la respuesta de dónde lo puede encontrar.

«Antes las bibliotecas eran templos de la cultura y ahora, lugares de participación»

- En los últimos tiempos, en San Sebastián han surgido nuevas bibliotecas, como Ubik en Tabakalera o la del edificio Carlos Santamaría del campus universitario...

- Respecto a la segunda, las bibliotecas universitarias están dando un giro de 180 grados porque se trabaja más en la investigación y en digital, por lo tanto sus espacios se dedican a acoger a los estudiantes. En cambio, Ubik está más en el camino de la transformación de la biblioteca pública. Ya es otro paso más allá de lo que hacían las bibliotecas y ha encontrado el apoyo institucional para hacer una apuesta distinta que el usuario ha aceptado, utilizándola mucho. Esto ha hecho reflexionar a la administración sobre la necesidad de invertir en el resto de los servicios bibliotecarios.

- ¿Hay entonces que dotar de una nueva identidad al KM?

- Justo, exactamente. Algunos dicen: «Con tanta tecnología, ¿por qué necesitamos espacios tan grandes?» Y yo recordaría muchas grandes bibliotecas, como la que acaban de abrir en Aarhus (Dinamarca), con una población de casi 300.000 habitantes. ¿La necesitan los daneses, que tienen de todo? La biblioteca también se ha convertido en esa gran galería expositiva en la que no es tan importante la cantidad de documentos que tenga como la forma en que los muestre y los ofrezca a la ciudadanía.

- ¿Qué le parecen los fondos del Koldo Mitxelena?

- Muy interesantes, tanto en el acceso abierto como en materia de fondos patrimoniales y de documentos. Está muy bien posicionada para afrontar un giro distinto para ver cómo logra que la gente conozca sus fondos documentales históricos. Es una biblioteca viva porque si no, sería un depósito.

- Si lo importante no es tanto la cantidad de referencias que ofrezca como su exposición, ¿le sobran documentos?

- Necesita más espacio. Aquí hay muchas oficinas, como las que ocupan la planta segunda. Si la biblioteca gana espacio puede exponer mejor sus fondos y organizarlos de otra forma. Esos pasillos y esa sensación de cueva que tiene ahora se puede mostrar de otra forma porque la densidad de libros ahoga. Cuando entramos en una librería muy llena no sabemos por dónde empezar. Nos gusta cuando expone muchos libros en mesas, pero frente a estanterías repletas nos mareamos.

- Es decir, usted es partidario de destinar más espacio a libros en el Koldo Mitxelena y menos a oficinas.

- Aquí conviven Cultura de la Diputación y la Biblioteca. A lo mejor, si Cultura va a otro lugar, la Biblioteca puede ocupar más espacio.

- En cualquier caso, ¿cree que la convergencia física entre la Biblioteca Municipal y el KM será inevitable con el tiempo?

- Puede que sí o que no, pero sí llegará la convergencia de cooperación y ésta es la importante. Cuando dos instituciones que no se habían hablado prácticamente nunca se sientan para reflexionar se abren puertas. Ahora es un buen momento para promover servicios conjuntamente, hay mucho terreno para avanzar y no es necesario que todo confluya en un mismo espacio físico.

- El usuario del KM, ¿es exclusivo o también recurre a la Biblioteca Central o a la de su barrio?

- Creo que hay muchos que recurren a distintos servicios y otros que sólo buscan su rincón para el estudio. A veces creemos que aquellas personas que vemos a diario son el usuario final y no es así: los que vienen todos los días son pocos, el usuario global no es identificable porque son muchos, pero pasan una vez a la semana o una al mes. Los que vienen a estudiar son muy pocos.

- ¿En qué se cifra el éxito de una biblioteca pública?

- En la satisfacción de los usuarios y que éstos sean muchos.

- ¿Y cumple el Koldo Mitxelena esas condiciones?

- Está en esa necesidad de transformación.

- ¿Lo reclama el usuario?

- Al usuario le cuesta mucho reclamar cambios porque no echa en falta las cosas si no las ha conocido.

- ¿Y hay resistencias al cambio?

- Pueden existir, eso es lógico. Se focalizan en el estudio porque esas personas no entienden que haya un cierto ruido ambiental. Esto genera roces pero si el espacio es amplio, puedes generar unas áreas con más silencios y otras, con más movimiento. Cuanto más espacio mejor puedes satisfacer las necesidades de los distintos grupos de usuarios.

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