Un vendaval de etiquetas y tornados

La banda de Lapurdi Z-Bone Project Quartet amenizó la tarde a los que se acercaron al Escenario Coca Cola. / SARA SANTOS
52 HEINEKEN JAZZALDIA

Ray Gelato y Houston Person llenaron de calidad las terrazas de Zurriola, con Niña Coyote eta Chico Tornado como rockero complementario

JUAN LUIS ETXEBERRIA

Vivimos rodeados de etiquetas. Las que vienen adheridas a nuestras camisetas, por ejemplo, pueden dar para una amena lectura en un viaje en tren. Otras las usamos para afirmar que un colega es de un equipo concreto de fútbol o que otro es ‘concebollista’ en lo relacionado con las tortillas de patatas. Hasta nosotros, los periodistas, las empleamos para intentar explicarles por dónde pueden ir los tiros de un grupo. Pero la reina de todas ellas, la más empleada y famosa estos días, son las etiquetas de internet. Las que se añaden a las fotos o mensajes que se suben a las redes sociales. Los hashtags, que se dice en el argot.

Darse un paseo por las dedicadas a este nuestro #Jazzaldia es un buen ejemplo del éxito del festival. Imaginen si la marca funciona que la palabra es empleada con fines promocionales por bares, comerciantes, tiendas, marcas, pastelerías, agencias de viajes, clínicas dentales y fontanerías.

Mucho jazzaldia en redes

Como bien supondrán, The Pretenders y su oscura actuación (hablo de las ropas, porque las crónicas especializadas lo denominaron como sobresaliente y más allá) se llevaron la palma en la subcategoría de «gente como usted y yo colgando fotos». También hubo mucho grupo de amigos sacándose autofotos. O archivos de otros escenarios, los de pago. Y atardeceres, demonios, que el del viernes pasado dio para un álbum completo. Conceptos que, con otros objetivos y distintos acompañantes, seguirán poblando las redes sociales estos días.

Pero uno no puede evitar ponerse ‘vintage’ en sus recuerdos. Y rememorar cuando el término ‘etiqueta’ se refería al porte y la distinción. Por eso, en estos días de tocar en shorts porque hace calor, es un gustazo asistir a conciertos en los que los músicos siguen calzándose una chaqueta y un pantalón de tela aunque ahí fuera, donde estamos nosotros, pueda hacer treinta grados o más. Casualmente, dichas perchas suelen interpretar sonidos igual de distinguidos y seductores.

Enamorados de Ray Gelato

Por esas cuestiones de patronaje (también) nos gustó el nuevo pase de Ray Gelato, celebrado ayer en la Terraza Heineken. De nuevo abarrotando el lugar, de nuevo contagiando felicidad a todo pichichi. A Donostia le gusta el swing, y viceversa. La ciudad está enamorada del cantar clásico de Gelato, que se ha traído a su familia a esta gira.

También chiflan y rechiflan el alocado contrabajista, digno de algún set primerizo de Elvis Presley. O ese baterista de buenas muñecas. No olvidamos a los bailarines del set, que repitieron los gambeteos de la víspera. No fueron los únicos animados. Como afortunadamente suele ser habitual, los seguidores de los bailes lindy-hop hicieron acto de presencia en la zona. Quienes bailamos como los gigantes de las fiestas populares les mirábamos con visible admiración.

Paladares ávidos de cariño

¿Quieren más ejemplos de elegancia textil y sonora? Los tenemos. Porque ilustre y cuidado en sus ropajes se mostró también Houston Person, Ayer la banda aterrizó en el Escenario Frigo, el más grande y abierto de esta zona. Con unas tonadas tan dulces como las de la víspera (hubo hasta quien puso cara de tontorrón en más de un tema), su actuación fue algodón de azúcar para paladares ávidos de cariño. Houston y su saxofón de añejos tonos dorados saben mantenerse vitales. Siendo el autor octogenario la cosa es digna de aplauso y educada atención. La que le ofrecía el público, que no desviaba la mirada de un protagonista que a veces apoyaba su posadera en una silla alta. Bueno, los de la despedida de soltero de un tal Julien presentes en la zona igual estaban más a otras cosas.

A la vera de Person estaba Dana DeRose, que se erigía como co-protagonista del momento. El resto de músicos también contó con espacio para los correspondientes solos. Juntos tocaron clásicos mundialmente conocidos (’Sunny’) y temas propios de similar alcance.

A los chicos de Z-Bone Project Quartet les tocó bailar con la -estancia- más pequeña: el Escenario Coca Cola. Los de Lapurdi hicieron girar las composiciones alrededor de un trombón y sus jugueteos sobre los pedales wha-wha. Resultó curioso el resultado, bien amparado en un teclado hammond y apoyándose todos en el jazz para más tarde juguetear con otros animados ritmos como el funk o el soul. Para quienes venían de la ternura de Person aquello fue una ducha de agua fría. Con el consiguiente chute de vigor sonoro.

Un tornado de grupo

Aunque para fuerza y viveza, la del dueto donostiarra Niña Coyote eta Chico Tornado, que hizo buenas migas con el clima gris y ventoso. Menudo vendaval sonoro el suyo en el escenario principal de la playa, pardiez. Una tormenta de rabietas rock, bien repleta de truenos y fiereza, casi siempre en euskera.

Muchos se sorprendieron con la propuesta. Los que ya les conocíamos nos alegramos mucho de poder disfrutarlos en este tablado relevante. La organización suele ofrecer sus carpas más elegantes a los grupos locales que más se lo merecen. Coyote y Tornado son unos de ellos. Lo saben en las tascas, en los festivales rock y hasta en Japón, país por el que ya han girado un par de veces. Y allí les dejamos, zurrando de lo lindo sus guitarras y baterías, para entregar este texto de urgencia.

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