Jazzaldia: Tripulación de veteranos a toda vela

52 HEINEKEN JAZZALDIA

Charles Lloyd ha recibido el premio honorífico del festival con una gran demostración de vigencia

RICARDO ALDARONDO

Ha querido el azar, o las agendas de los músicos o los diseños de programación del festival que la primera jornada de la plaza de la Trinidad se convirtiera este sábado por la noche en un festival de saxos, con tanta veteranía como vigencia. Los dos conciertos que ofrece cada noche el tradicional escenario tenían este sábado, como en muchas ocasiones, la misma importancia, que no hay modo de dividir en teloneros y estrellas un programa con nombres de la importancia de los que este sábado se han reunido.

El recinto ha estrenado el recorte de aforo obligado por la ley, pero sus 1.780 plazas actuales han estado prácticamente llenas, pues solo han quedado unas decenas de entradas por vender. Más ordenada pero igualmente acogedora ha lucido la plaza que tanto gusta ver a los músicos que la contemplan desde el escenario.

Lo primero ha sido darle el premio honorífico del festival a Charles Lloyd, a sus 79 años uno de esos veteranos plenamente reinvidicables: no hace falta en el caso de los buenos aficionados al jazz, porque es todo un clásico vanguardista el saxofonista nacido en Memphis en 1938, aunque no tenga la popularidad de otros.

Para empezar habría que agradecerle su carácter de descubridor de otros genios: en 1965 formó un cuarteto en el que casi debutaba nada menos que Keith Jarrett, además de Jack DeJonette, el batería que tanto ha colaborado con el legendario pianista. En los años 80 Lloyd estuvo un tiempo mano a mano con otro pianista de primera, Michel Petrucciani.

Y especialmente fructíferos fueron sus discos de finales de los 80 en el sello ECM, como ‘Fish Out of Water’, en los que sin abandonar su esencia del blues y el gospel cercano al Mississippi, se contagiaba de atmósferas de otras culturas, asiáticas y africanas, que están en sus ancestros familiares.

Por su parte los también estadounidenses Saxophone Summit llegaban como un auténtico supergrupo dedicado al instrumento, pues sus tres protagonistas tienen carreras propias muy notables. A Joe Lovano (saxo tenor y clarinete alto) le hemos visto en el Jazzaldia junto a Paul Motian en 1995 y y como lider en Joe Lovano Us Five en 2009. Dave Liebman (saxo tenor) tiene más de medio centenar de discos como líder que le acreditan entre los mejores saxos contemporáneos a sus 70 años. Y Greg Osby (saxo alto), algo más joven, 56 años, bebe en las fuentes del funk y del free.

Por si fuera poca esa fusión de vientos que han hecho viajar a la Trinidad a toda vela, en el sexteto Saxophone Summit han estado también otros músicos de prestigio propio: Phil Markowitz (teclados), Cecil McBee (contrabajo), Billy Hart (batería).

«Mi corazón habla ahí, con la música», dha dicho Charles Lloyd señalando el micrófono donde iba a desplegar a continuación el vigor y de su saxo. «Estoy muy emocionado y agradecido por este premio». Y tras una reverencia en toda regla, y chocando los codos entre risas con el director del Jazzaldia Miguel Martin, quien ha destacado la carrera, integridad y compromiso con la música del homenajeado, Lloyd se ha puesto en marcha. Y vaya marcha. Doce minutos sin parar de soplar en todas las direcciones: free, blues, balada y furia juvenil. Y ya se ha llevado una gran ovación, claro.

Pero lo mejor estaba aún por llegar. Y lo mejor ha sido todo lo demás. El New Quartet de de Lloyd tiene dentro a tres jóvenes músicos ya muy hechos. Y extraordinarios. Los amplios solos de Gerald Clayton han sido un gozo de permanente inventiva e intuición que nos han hecho pensar en un Brad Mehldau. Y en total comunicación con el batería Eric Harland, que echaba su cabeza atrás como en permanente éxtasis, y el contrabajista Roger Reubens.

Aires de Nueva Orleans, una pieza con Lloyd a la flauta, su versión de ‘Rabo de nube’ de Silvio Rodríguez y un final extasiante a toda velocidad han acabado en ovaciones y bravos. Por si fuera poco, en tono grave y dramático, han cerrado con una impresionante versión de ‘La llorona’. Y toda la plaza en pie.

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