«Nos quieren hacer creer que ser racista está bien. Y no lo está»

Gregory Porter con Miguel Martín.
Gregory Porter con Miguel Martín. / EFE
52 Jazzaldia

El vocalista Gregory Porter, que ha actuado este martes por tercera vez en el festival donostiarra, prepara un disco dedicado a Nat King Cole

EL DIARIO VASCO

El vocalista californiano Gregory Porter, que ha cerrado este martes por la noche la 52 edición del Festival de Jazz de San Sebastián, amite estar «preocupado» por la situación en su país tras la elección de Donald Trump porque parece que «nos quieren hacer creer que ser racista está bien, pero no está bien».

Porter ha comparecido ante la prensa horas antes del concierto que ofreció en la Plaza de la Trinidad, una actuación que ha estado precedida por la música del pianista Abdullah Ibrahim y el trompeta Terence Blanchard.

Ataviado con su particular gorra negra, Porter no ha tenido reparo en «mojarse» al ser preguntado por las consecuencias de la elección de Trump, al que ha recomendado ser «más reflexivo» y «más sabio» y que «cuide la proyección exterior del poder americano». Casado con una rusa, Porter ha reconocido que está preocupado por el racismo, «sobre todo» por su hijo, porque no quiere que viva cosas que él ha vivido. «Existen los racistas y aunque parece que quieren decirnos que ser racista está bien, no está bien», ha sentenciado.

Acompañado por Chip Crawford al piano, Jahmal Nichols al bajo, Emanuel Harrold a la batería, Tivon Pennicott al saxo y Ondre Pivec al órgano Hammond, su banda habitual, Porter ha ofrecido temas de diferentes épocas de su trayectoria e incluso tenía previsto avanzar alguna de las canciones que integrarán su próximo disco dedicado íntegramente a Nat King Cole. En su nuevo trabajo, Porter estará acompañado de un gran conjunto de 70 músicos con los que interpretará temas del clásico de los años 50 que descubrió cuando era un niño de la mano de su madre y que le ha ayudado a «dar una perspectiva a la música».

«Metáfora» de su carrera

La de este martes por la noche ha sido la tercera actuación de Porter en el Jazzaldia, un festival en el que participó por primera vez en 2012 y posteriormente en 2015, pero en escenarios más pequeños que el de la Plaza de la Trinidad. La posibilidad de cerrar la cita con el jazz donostiarra en uno de sus escenarios principales constituye para Porter una «metáfora» de su carrera. «Es un sueño. Parecen cosas que no pasan nunca, pero pasan», ha asegurado el cantante que ha confesado con incredulidad cómo se había saludado el lunes por la mañana en el hall del hotel en el que se hospeda con el pianista Herbie Hanckok. «Con dos besos», ha remarcado.

Porter que comenzó como jugador de fútbol americano cuando era «mucho más joven» ha asegurado que a pesar del éxito sigue sintiendo emoción por la música como un niño. De esos primeros años de su vida, el cantante guarda el sonido del órgano Hammond, que incluye en sus discos y giras, y que «supone una referencia a la música que aprendió de niño en la iglesia».

No obstante, ha dicho tener cuidado con que las composiciones queden equilibradas ya que el órgano puede «invadirlo todo». En el otro lado de la balanza musical con la que el vocalista afronta sus interpretaciones se encuentra el saxofón, un instrumento troncal en el jazz y fundamental en la carrera de este músico. En última instancia, Porter ha asegurado que su objetivo es «estar contento consigo mismo, como músico y como hombre negro que lleva una curiosa gorra», ha finalizado el músico.

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