«La música da sentido a mi vida»

Charles Lloyd recibirá hoy el premio del Jazzaldi. / MARC DUCREST
Charles Lloyd, premio Donostiako Jazzaldia

JOSU OLARTE SAN SEBASTIÁN.

«Es un gran honor, un momento conmovedor que ya pude experimentar hace unos años cuando se lo dieron a mi colega Elvin Jones». En su apacible remanso insular de su gira europea Charles Lloyd (Memphis, 1933) evoca desde Funchal (Madeira) su paso previo de 2002 por «un festival de gran tradición» que esta noche le otorga el Premio Donostiako Jazzaldia como reconocimiento a una carrera que, partiendo del clasicismo europeo y el blues, ha acercado la innovación jazzística al público del rock para, con sensibilidad espiritual, abrirse con sutileza a «amplia paleta musical del planeta». «Soy un buscador del sonidos», apunta en vísperas del recital que el saxofonista (y flautista) ofrece esta noche en la Plaza de la Trinidad con su nuevo cuarteto que integran Gerald Clayton (piano), Reuben Rogers (contrabajo) y Eric Harland (batería).

- Como su coetáneo Wayne Shorter sigue a sus 79 años muy activo ¿Un jazzman genuino nunca se jubila?

- Nunca he pensado en la retirada, la música es lo que da sentido a mi vida, sin ella soy un extraño. En eso me inspiran colegas como Mundell Lowell que sigue tocando a los noventa y tantos, así que comparado con él soy aún joven. La música siempre ha sido como una misión espiritual para mí, me completa como persona y trasmite un sentimiento de gozo elevado que ayuda a hacer mejor el mundo que me resulta incomprensible. Soy un buscador de sonidos. Vengo de la tradición del jazz pero me he aproximado a través de ella a la rica paleta musical que hay en este pequeño planeta al que tan mal tratamos y en el que solo estamos de paso. De eso habla mi último disco 'Passin Thru' (Blue Note 17).

- ¿Qué aporta la edad a un músico de jazz?

- La experiencia siempre da un grado de sabiduría, sutileza y expresividad sin necesidad de tocar un montón de notas Yo intento hacer tapetes de sonido combinando tradición y modernidad, creo que está en mi espíritu, en la mezcla de identidad afroamericana e indígena que hay en mi sangre.

- ¿Está esa identidad marcada por su Memphis natal donde comenzó tocando blues y en cuyo Salón de la Fama ha sido incluido?

- Fue una bendición que Dios quisiera que naciera en un lugar lleno de alma como Memphis, con una tradición de geniales artistas con los que crecí. Siendo un crío tuve la suerte de tener como mentor a Phineas Newborn, uno de los mayores pianistas que han vivido en este planeta. O mi amigo Booker Little: con él escuchaba a Lester Young, Charlie Parker o Duke Ellington en la escuela donde también escuchábamos a Ravel y a los compositores clásicos franceses. Cuando Count Basie venía a Memphis se hospedaba en la casa de mi familia y me levantaba de niño para preguntarle cosas de Bird (Charlie Parker) o Dizzy (Gillespie). Siendo aun un crío pude tocar con George Coleman y con gigantes del blues como Howlin Wolf, Junior Parker, Charlie Ace, Bobby 'Blue' Bland..., con un gran trompetista como Willie Mitchell... Ha sido y sigue siendo un lugar bendecido, una meca en la música que pervive por encima del tiempo.

Probar nuevos sonidos

- Es sabido que en su época de estudiante hizo amistad con Ornette Coleman. ¿Comparte su idea de hacer música experimental pero a la vez accesible?

- Cuando estudiaba a los clásicos en la Universidad del sur de California solía tocar y discutir de música con Ornette, Bobby Hutcherson o Eric Dolphy. Éramos grandes amigos con una mentalidad parecida. Coincidíamos en la idea de probar nuevas ideas y sonidos del mundo que el público pudiera asimilar. Luego Ornette me aconsejó irme a Nueva York. Allí tuve la oportunidad de ganarme la vida, pero lo pasé mal cuando Atlantic quiso pervertir mi música haciéndola predecible y no tan avanzada como yo quería.

- Y se refugió en la meditación.

- Sí, entré en conflicto conmigo y me curé a través del hinduismo Vedanta. Fue una búsqueda espiritual que hizo que desapareciera del mundo cerca de diez años para vivir en soledad en la naturaleza salvaje del Big Sur de California, donde solían venir a verme músicos, poetas y escritores como Charles Bukowski. Pero, aunque huyas, los problemas del mundo no desaparecen y regresé cuando Michel Pretucciani vino a rescatarme en los 80, estuve a punto de morir unos años después, pero desde entonces he seguido cultivando esta maravillosa tradición con (la discográfica) ECM y ahora con Blue Note.

- Su álbum clásico 'Forest Flower' (65) acercó el jazz al mundo del rock. ¿Por qué cree que tuvo tanta influencia en formaciones como los Beach Boys, Grateful Dead, Jefferson Airplane, The Doors, Santana...?

- Porque salió en mitad de los sesenta y capturaba la música que tocaba con mi cuarteto de entonces en Monterrey o San Francisco, donde toda la escena de rock vino a vernos y se hicieron fans de mi música artistas como Grateful Dead, Janis Joplin, Jefferson Airplane, Santana, Byrds o Beach Boys, las puertas de cuyo estudio siempre tuve abiertas. Toqué con ellos y también con Cream o Hendrix, que quiso grabar conmigo pero nunca encontramos tiempo. La radio ponía la música de mi cuarteto junto a la de Dylan, la gente joven la escuchó y se empezaron a vender discos en todo el mundo. Fue como una ventana abierta para el jazz. Tuvo una gran influencia en músicos cubanos como Chuco Valdés o Silvio, al que adapté hace poco (en 'Rabo de Nube' ECM 08) y su influencia todavía continúa.

- ¿Cómo será su concierto en San Sebastián?

- Será un reflejo de mi vida musical ligada con mi nuevo disco. Una panorámica actual con el nuevo y excelente cuarteto que ahora tengo. Con ellos me expreso en directo como el cantante que siempre he querido ser. Cuando hago solos con ellos es como si cantara.

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