Winter: «Que la gente venga relajada, se siente en la arena y disfrute»

Stefan Winter, creador del montaje inaugural, en la playa de la Zurriola. / LOBO ALTUNA
52 HEINEKEN JAZZALDIA

Entusiasmado con el escenario de la playa, Stefan Winter propone al público «que se deje emocionar con una visión poética del amor»

M. E. SAN SEBASTIÁN.

El artista alemán Stefan Winter, con una larga trayectoria profesional y actuaciones por todo el mundo, se declara «entusiasmado» con el paisaje de La Zurriola e invita al público a que esta noche disfrute con su espectáculo 'Poem of a Cell' en el marco de la 52 edición del Heineken Jazzaldia. «Es un escenario maravilloso. Quiero que el rumor de las olas se integre en el espectáculo, que la gente venga relajada a sentarse en la arena con una cerveza o un vaso de vino y que se deje emocionar». Esa es la condición fundamental que repite: «Mi objetivo es llegar al corazón del público».

Para Winter, 'Poem of a Cell' «más que una película es un poema, o una pintura», que ha sido rodada por el mundo a lo largo del último año. «El rodaje empezó en agosto del año pasado en Tanzania, pero hemos estado en Israel, la Toscana, el Vaticano e Irán. El rodaje en Irán fue en noviembre y resultó peligroso. Teñimos las aguas de un río de rojo, con productos naturales, sin pedir permiso. Corrimos un riesgo pero es lo que debíamos hacer para lograr la intensidad que buscamos en la película. Busco el diálogo entre religiones y culturas», dice el alemán, afincado en Munich, que visitó Donostia hace unas semanas para ultimar los detalles del montaje con su esposa y productora, la japonesa Mariko Takahashi.

El espectador que acuda esta noche a la playa encontrará «una instalación con una gran pantalla en la que se proyectan tres películas paralelas que corresponden a una misma historia, y que dura 138 minutos. Hay unos paisajes sonoros que han sido grabados en Japón, en África o en Israel, y música en directo sobre el mismo escenario con artistas de primera línea que vienen de todo el mundo. Las películas son como cuadros en movimiento».

¿Es una propuesta minoritaria en un escenario de grandes públicos? A Winter le molesta la pregunta. «Yo confío en la gente al cien por cien. La gente es más sensible e interesada en el arte de lo que algunos piensan. La música es un increíble viaje de varios siglos, desde la clásica al pop pasando por el jazz. Es una enorme ola sonora que envuelve las emociones. Yo quiero crear arte que emocione a la gente, no arte como un elemento intelectual. Hice una instalación con Werner Herzog para el Whitney Museum de Nueva York y el Getty Museum de Los Ángeles que también conectaba imágenes con música y la gente lloraba al verla. Me emociona ver cómo los demás se emocionan. Pido a la gente de San Sebastián que vaya a la playa con espíritu abierto».

El proyecto arrancó «cuando alguien me dio un pequeño libro de poemas de la monja cisterciense Matilde de Magdeburgo, del siglo XIII, con poemas de amor muy eróticos. Luego encontré otra obra de una mujer árabe del siglo VIII, Rabi'a de Basora. Me impactó una de sus frases: 'Quiero llevar agua al infierno y fuego al paraíso, porque no quiero que la gente rece solo para evitar el infierno o para ir al paraíso, sino que disfrute del amor'. El amor es el elemento que cohesiona mi propuesta. Es el deseo, también, y el miedo a no disfrutar del amor. El amor hermana las religiones más importantes, como el judaísmo, el cristianismo y el Islam».

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