Espiritualidad y amor para ir en paz del Jazzaldia

Gregory Porter, con su voz grave y con su inseparable gorra-verdugo, cerró los conciertos de la Trinidad. / Usoz
52 Jazzaldia

Abdullah Ibrahim y Gregory Porter pusieron un colofón de gran belleza entre el jazz y el soul

RICARDO ALDARONDOSan Sebastián

Hemos tenido muchas clausuras festivas y efusivas en la plaza de la Trinidad, como para tirar cohetes. Pero dado que en la noche del lunes ya se superaron todas las estadísticas de baile e invasión de la pista vino bien el contraste de este martes por la noche, con una clausura de muy alto nivel musical y emocional, con el jazz de exquisita sensibilidad e importante contenido espiritual que siempre ha practicado el pianista sudafricano, y el jazz soul del cantante estadounidense, distinguido como pocos.

Ambos músicos tienen una trayectoria, credibilidad y seriedad en el mejor sentido que les hacían perfectamente válidos para ocupar el lugar de honor de la velada de clausura. Abdullah Ibrahim con una carrera mucho más larga, cuestión de edad (tiene 82 años aunque parezca muchos menos), y Gregory Porter celebrando que está un momento álgido, confirmado como una de las mejores voces, y de los más serios compositores e intérpretes de la actualidad, a veces tan dada a la inconsistencia en los terrenos del soul-pop. Y ambos les hemos visto en todo sus esplendor, y en conciertos memorables en pasadas ediciones del Jazzaldia.

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Abdullah Ibrahim ha estado en el Jazzaldia en cuatro ocasiones anteriores, en 1998, 2002, 2009 y 2011, siempre atrapando de un modo casi mágico al oyente con su particular manera de dar valor a los sonidos más delicados, con su forma de acariciar las teclas del piano creando momentos sublimes, especialmente en aquel concierto que dio en el Victoria Eugenia. Y Gregory Porter ha ido creciendo de escenario en escenario: en las terrazas del Kursaal en 2013 y en el Verde en 2015.

Con la discreción que le caracteriza, Abdullah Ibrahim ha salido este martes por la noche solo y se ha sentado al piano para elaborar de forma intuitiva y concentrada una de sus progresiones entre la música clásica y el jazz, plena de delicadeza. Pura comunión con la música, con un punto de dramatismo y muchas emociones contenidas. Aún de día, a cielo abierto y ante un público que llenaba la plaza, Ibrahim ha creado al instante una atmósfera de recogimiento como nos tiene acostumbrados, de esas que parecen sostenerte un palmo por encima del suelo, o de la silla.

En medio de esa quietud que como todo lo que toca Ibrahim tiene un halo de espiritualidad, han salido los seis componentes de Ekaya, con batería, contrabajo, tres saxos y trombón, Además, Cleave Guyton jr. con la flauta y el piccolo. Y en el centro, Terence Blanchard, que ha ido subiendo la intensidad con sus briosos solos de trompeta.

En forma de suite se han ido sucediendo distintos tramos hasta que Ibrahim ha dejado todo el protagonismo en el grupo, conducido por un veloz contrabajo y dando oportunidad a cada uno de los músicos a hacer su solo. Y todos ellos singulares. Ibrahim ha vuelto a quedarse solo, citando al piano melodías de algunas de sus composiciones más conocidas. Y el grupo ha continuado viaje por el swing, por un paisajismo africano, por una Nueva Orleans en calma. Un viaje maravilloso con un conductor excepcional, que nos ha brindado una hora y media de música cargada de belleza, sin etiquetas posibles. Y con un público en vilo, abducido y agradecido por esa belleza y emoción. Que por mucho que le hayamos visto en anteriores ocasiones, Abdullah Ibrahim siempre alcanza lo sublime.

Con su propia versión de ese ‘Holding On’ que ha cantado para el grupo Disclosure, Gregory Porter se ha presentado en llamativo beige y blanco y por supuesto enfundado en su peculiar gorra, con esa visera que impide que se le vea la mirada. Y no es que Gregory sea huidizo o distante, todo lo contrario: se congratulaba con una enorme sonrisa en una plaza que ha observado de un lado a otro con un expresivo «Oh my godness!». Ha aprovechado la presentación de «On My Way To Harlem’ para decir que en San Sebastián, «la más bonita entre las ciudades bonitas», se siente como si regresará a casa.

El envolvente Hammond de Ondre J. Pivec, el saxo de Tivon Penicott o el piano de Chip Crawford tienen una importancia fundamental en la música de Gregory Porter, que es mucho más que un cantante de soul y crea un colchón de mucho nivel jazzistico para su maravillosa voz. Un ‘Take Me To The Alley’ más lento, degustando cada palabra, cuidando cada expresión, ya ha marcado el gran nivel pasional de su concierto, con la permanente devoción del público donostiarra.

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