Una despedida de ricos colores en las terrazas

Charlie & The Colours nunca defrauda. La voz de Sara Azurza acompañó al británico afincado en Donostia. / SARA SANTOS
Charlie & The Colours nunca defrauda. La voz de Sara Azurza acompañó al británico afincado en Donostia. / SARA SANTOS

Los espacios de la Zurriola volvieron a llenarse ayer con las últimas propuestas gratuitas del Jazzaldia. Y empezaron los balances antes de echar el telón

JUAN LUIS ETXEBERRIA SAN SEBASTIÁN.

Finito. Kaput. C'est fini. Se acabó. Agur Jazzaldia 2017. Los análisis y valoraciones oficiales llegarán esta misma semana. Pero eso no evitó que, llegados a la recta final de festival un martes de Santiago, la gente muy paseada por 'Frigos', 'Heinekens' y 'Cocacolas' fuera dejando caer las cosas que más le habían gustado..

The Pretenders fue la palabra más empleada a la hora de hablar de los conciertos gratuitos de las terrazas y la playa. Más allá de los miles de espectadores, que los hubo, Chrissie Hynde y su banda dejaron un buen sabor de boca. En segundo lugar aparecíó Ray Gelato. Tampoco fue una sorpresa. El alegre y simpático trastear de su combo fue bien recibido a cualquier hora.

Cerca del top se coló la monstruosa creatividad de Uri Caine y la calidad de Ernie Watts, jazz de alto voltaje al alcance de todos los espectadores. Potente fue lo de Anne Meredith, un pelotazo colorido y especial que añadió modernismo al certamen. También se habló de la charanga neoyorquina Lucky Chops (aerobic musical de éxitos pop norteamericanos) y sus primos navarros, la Broken Brothers Brass Band. Formación esta última que ha animado las calles de la urbe.

Exitosas bandas locales

No fueron los únicos autores cercanos alabados. Porque también hubo bandas con denominación de origen local que calaron en la gente más que la lluvia: Grande Days, Luma o los distinguidos Ghost Number & His Tipsy Gypsies (1.700 espectadores la víspera, ahí es nada) fueron algunos de los nombrados.

Precisamente esta última formación realizó su último pase ayer en la sección que el establecimiento FNAC ha tenido en la zona del Kursaal. La carpa se quedó pequeña ante una agrupación que se encogió en el escenario. Pura física. No entran seis músicos en tan pocos metros cuadrados. Pero como parece que los ejecutantes tienen un cuerpo de heroica elasticidad, los chicos y chicas de Ghost Number supieron ponerse de canto y poner en danza a los asistentes, que aplaudieron todas y cada una de las melodías.

Contrapuntos folk-pop

El Escenario Coca Cola arrancó con la actuación de Charlie And The Colours. O lo que es lo mismo, el británico afincado en Donostia llamado Charley Atkey y toda su tropa: un par de músicos muy conocidos (Iñigo Asensio, Iker Lauroba), el baterista Michel Longaron, la novedosa sección de viento y la impecable voz de Sara Azurza. Correcta en solitario, y correcta como contrapunto al bello lirismo de Atkey, con esas composiciones folk-pop tan cercanas a la elegancia de Ron Sexsmith.

El combo Flan De Mono se lo batió en el Espacio Frigo. El sexteto musical entretuvo a los presentes con un cantante efectivo, dos tenores bien soplados (trombón y saxofón alto) y una base rítmica que sostenía las partituras de su setlist.

En la Terraza Heineken hubo espacio para los triunviratos con el Didier Datcharry Trío, autor que esta vez aterrizaba en compañía de Marie-Hélène Gastinel (batería y una de las pocas mujeres en ese puesto que hemos visto en el Jazzaldia 2017) y Jean-Xavier Herman (contrabajo). Y si los anteriores, Flan De Mono, eran puristas y ajustados, qué decir de este trío de jazz baladista y afrancesado. Suaves y dulces, nos pillaron a gustoso contrapié cuando más se arriesgaron (Nat King Cole, 'Summertime').

Fuera de hora quedan la Reunion Big Band, La Prima Janis y el Charlie Haden Songbook de Marcelo Escrich-Silent Trío. En el Ayuntamiento los marchosos Lucky Chops proponían un 'pobre de mí' impetuoso y saltimbanqui.

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