Chrissie sonríe en escena pero es peleona fuera

Chrissie Hynde y su grupo estuvieron pletóricos sobre el escenario de La Zurriola, pero fuera de escena dieron guerra a la organización. Así es el ‘show business’, dicen quienes saben. / J.M. LÓPEZ
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Las pretensiones de una Pretendery el desalojo del ‘hospitality’ | Los modernos como Sir The Baptist también viajan con madre-Pantoja

Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGA

Qué bien lo pasamos con The Pretenders. Chrissie Hynde gritaba «we love you, sansebastian», y nosotros nos lo creíamos. La cantante dio una demostración de energía y vitalidad en la fiesta multitudinaria del viernes en La Zurriola. Hay puristas que dicen que «solo fue un ‘grandes éxitos’ del grupo», pero es probablemente lo que requerían la ocasión y el público: fiesta.

Fue una noche redonda para los espectadores, pero no tanto en bambalinas. Dicen quienes vivieron los previos al concierto que fue un día «peleón» porque la gran dama del rock planteó exigencias a lo largo de toda la jornada. Lo más complicado fue cuando pidió desalojar el ‘hospitality’ que Heineken monta junto al escenario. Hynde no quería público ahí, aunque en las condiciones del contrato se avisa de la existencia de este espacio. Al final la organización, para evitar líos, improvisó un lugar para los invitados junto a los fotógrafos, sobre la arena y frente al tablado. La cantante exhibió un estupendo buen rollo con sus compañeros de grupo y con el público, pero aseguran en el Jazzaldi que no facilitó el trabajo, precisamente. Y recuerdan que también dio guerra, hace unos años, el exmarido de Hynde, Ray Davies, el mítico líder de The Kinks, que trajo por calle de la amargura al festival con sus peticiones de maquillaje y peluquería.

Así es el show business: lo importante es que los espectadores salimos encantados. El resto es backstage.

Los 37.000 espectadores y el rockero que sudó la camiseta

Según el balance oficial fueron 37.000 las personas que asistieron al concierto de The Pretenders. Más allá de las guerras de cifras, lo que está claro es que había una multitud. Y que muchos, tras la actuación de la banda, se diseminaron por Gros y por el centro llenando calles y bares como si fuese Semana Grande. Pero los que se quedaron en la playa (5.000, según los datos del festival) disfrutaron entre otros placeres, de la fuerza del joven Sir The Baptist, que sudó la camiseta con una actuación redonda: bajó entre el público, bailó, gritó, brincó y templó la madrugada con su extraña mezcla de gospel y rock.

Lo curioso es que desde el backstage vigilaba todos los movimientos... su madre. Con el bolso bajo el brazo, en el más puro estilo madre-de-la-Pantoja, no se perdió movimiento alguno del chaval, hijo de un predicador de Chicago.

«Estos asuntos los lleva mi mujer», dice el saxo

Y es que las familias que jazzean unidas permanecen unidas. Charles Lloyd, que anoche recibía el premio del festival, delega todas las gestiones ‘mundanas’ de su trabajo en su esposa. Con ella hubo que hablar para concretar los detalles de la entrega del premio y de la pieza conjunta que estaba prevista celebrar en la Trini entre el propio Lloyd y los saxos, como Joe Lovano, que protagonizaban la segunda parte del concierto en la llamada Saxophone Summit. «Estos asuntos los lleva mi mujer», dice el artista.

El conciertazo de Wayne y el aficionado Carlos Boyero

Un festival es un estado de ánimo: el público se exalta y todo parece maravilloso o un desastre, sin términos medios. El viernes, a la salida del concierto de Wayne Shorter en el Kursaal, ya había quien aseguraba que era «la gran actuación de este año, sin duda». ¡Pero si acababa de empezar el Jazzaldia y quedan muchas notas hasta el martes!

Es divertido escuchar los corrillos post-concierto. Unos aseguraban que había sido prodigioso y otros recordaban que el veterano Wayne había necesitado hasta un par de temas para ajustar convenientemente su saxo. Pero todos coincidían en el placer de ver en escena a una leyenda tan vital. Entre los espectadores, un aficionado al jazz más puro: el crítico cinematográfico Carlos Boyero, habitual en nuestros septiembres de cine y feliz de participar también en julio en el festival consagrado a otra de sus pasiones: el jazz.

Los vinos de Campillo y el encuentro con los artistas

En la religión del Jazzaldia caben nuevos ritos. El patrocinio de Bodegas Campillo ha traído al Victoria Eugenia una nueva forma de vivir el jazz. Por la tarde, en la sala Club, se celebran catas de sus caldos. Luego llega el concierto y, al final, los afortunados espectadores pueden compartir vino con los artistas. La ceremonia se estrenó el viernes con éxito, ayer se repitió con ‘performance’ incluida, de la mano del espectáculo Living Colors, y hoy es el turno de Kevin Mahogany y Hervé Sellin Quartet.

La idea del ‘meet and greet’, que es como se denomina esta práctica del encuentro entre artistas y espectadores, ya se usó otras veces por el Jazzaldia. El año pasado, por ejemplo, con Gloria Gaynor.

Y mientras tanto, Diana Krall hace de Carol Burnett

La nostalgia es un error, pero ya echamos de menos a Diana Krall, habitual del festival en los últimos años. Menos mal que nos queda Twitter para saber de ella: ayer la pianista canadiense colgó en la red una foto en la que aparece caracterizada «a lo Carol Burnett». «Channeling my Inner Carol Burnett and getting ready for this leg of my US Tour», escribía.

Y es que, efectivamente, este verano le toca ‘tour’ norteamericano. Ayer mismo debutaba en Reno, Nevada, y le espera una apretada agenda. Al menos ha dedicado semanas al descanso: según se ve en su propio Twitter disfrutó de un concierto de U2, ha estado con su marido, Elvis Costello, en Liverpool, y hasta felicitó a su suegra, Lillian, por su 90 cumpleaños. Podían haberlo celebrado en el Urola de Pablo Loureiro de la Parte Vieja donostiarra, donde la pareja Costello-Krall disfrutó hace unos años de una memorable cena.

Dejad que los niños se acerquen al jazz

El festival tiene este año el calendario a su favor: el marte es fiesta y prácticamente toda la edición se celebra en días ociosos para el público. Así de llenos están todos los escenarios, aunque no solo de indígenas: hay que ver cuántos idiomas se escuchan en la Zurriola.

También arrancó fuerte el Txikijazz, con familias enteras disfrutando de la música y las atracciones para chavales en las terrazas del Kursaal. Sigue hoy y mañana.

Llamarte Atmosphères y que tu vuelo se retrase por causas meteorológicas

¿Cuál es el colmo de los colmos en el mundo del jazz? Llamarte Atmosphères... y que el vuelo que te trae a Donostia se retrase por causas meteorológicas. Un miembro de la organización hacía ayer el chiste después de recibir el mensaje que avisaba del retraso: «Si te llamas Atmosphères, eso tiene que estar controlado, ¿no?», bromeaba. Podían hacerse chanzas porque el problema es menor: el grupo, formado por el armenio Tigran Hamasyann y res músicos noruegos, no actúa hasta hoy y esta medianoche estará todo listo para su concierto en el Victoria Eugenia. A cubierto. Por si las atmósferas se complican...

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