Un arranque con carisma

Ray Gelato hizo disfrutar a los asistentes a las terrazas del Kursaal con su vitalidad y alegría.
Ray Gelato hizo disfrutar a los asistentes a las terrazas del Kursaal con su vitalidad y alegría. / SARA SANTOS

La fiesta inaugural del Jazzaldia tuvo momentos de gran disfrute más allá de la actuación estelar de The Pretenders

JUAN LUIS ETXEBERRIA SAN SEBASTIÁN.

Las particularidades del calendario gregoriano, junto con las selección de días por la organización y las fechas libres de las giras internacionales de los nombres potentes, ha hecho que este Jazzaldia pinte fantástico hasta en cuestiones laborales. Con una fiesta inicial que arrancaba en viernes tarde, un puente el lunes -para algunos- y fiesta el martes, el equilibrismo fiestero pocas veces estuvo mejor dispuesto.

Mientras el Escenario Skoda daba sus últimos toques en Alderdi Eder para el tute que va a tener estos días, dirigimos nuestros pasos hacia el escenario Nauticool. El DJ Mute All, con 30 años de experiencia pinchando -ni los antiguos practicantes poniendo inyecciones, señores- ejercía labores de calentamiento del alma y las piernas. Una especie de rodillo previo a la gran etapa del tour sonoro que nos esperaba. A su vera un paseo despistado de gente, aún más atraída por las vistas que por los sonidos. Seguro que el partido fue mejorando con el paso de los minutos. La música que allí sonaba bien lo merecía.

Lejos de intentar adivinar temas con la aplicación Shazam del móvil, los sonidos 'nu jazz' (estilo que mezcla elementos jazzísticos con funk, soul o música electrónica) invitaban a dejarse llevar. A quienes nos cuesta desconectar la cita se antojó fantástica. Y sin 'pintxopotes' que pudieran minimizar el acto musical en sí.

La posterior entrada de un nuevo jugador en idéntico emplazamiento, el bilbaíno Parrucho, subió las revoluciones de la tarde. Puro 'groove' (término empleado para describir el tipo de música que incita al baile) con buenos guiños a La Fania que nos preparó cual masajista para la fiesta que nos esperaba en la Playa de Zurriola. El conocido como Jazz Band Ball, foco principal del día.

La zona estaba que ni Primark el día que reponen las famosas tacitas. Un cuarto de hora antes de empezar ya no quedaba una silla libre en la zona del Escenario Frigo. Un ambiente familiar, desde niños a abuelos, expectantes todos ante el estreno del Jazzaldia. Hasta hubo una división de opiniones entre dos grupos de personas por un 'quítame allá esas siete sillas que he ocupado para gente que va a venir en un rato'. Se mascó la tragedia, aunque al final no llegó la sangre al río.

Un inicio con mucho swing

Y qué mejor arranque para este certamen que el de Ray Gelato y sus muchachos. ¡Cómo no quererle con ese apellido, homenaje al icono oficioso de nuestra Semana Grande! Ray tiene swing, tiene alegría, tiene estilazo y entretiene como el que más. Hasta se trae a un par de bailarines vestidos a lo años 50. Por eso sus visitas a Donostia son un éxito siempre, enganchando a gentes de todo gusto musical. Lo que los humoristas Pantomima Full definieron, con su tino costumbrista habitual, como «melómanos».

Ray se mostró encantado de volver a la ciudad, a su «festival de jazz favorito», y se defendió en castellano mejor que bastantes de nosotros en inglés. Ora saxofonista, ora cantante, siempre crooner. Pleno de vitalidad y risueño hasta el contagio. La verdad es que es muy fácil querer a este músico.

Un ejemplo: Maria Barbey, de San Juan de Luz, que atendía al programa de mano como si este fuera el de una tarde en las carreras de caballos, nos contó que no se pierde esta fiesta «sobre todo el fin de semana. Me gusta mucho el swing y este concierto es algo magnífico. Del resto espero ver a The Pretenders». Afirmación esta última que habrían repetido el 80% de los presentes si hubiéramos tenido la oportunidad de preguntarles uno a uno. Chrissie Hynde fue el gancho, el atractivo principal de este viernes playero, la gran estrella de los espacios gratuitos.

Jazz y especias marroquíes

Pero nuestro paseo de tarde noche tuvo otras citas igual de atractivas. Como por ejemplo la fastuosa parranda de Gabacho Maroc en la Terraza Heineken. Con momentos inenarrables como el de poner a toda la gente del parterre 'fake' bailando. ¡En un San Sebastián! Menuda bronca se llevaron los 'disidentes' que se quedaron sentados en la zona. Los franco-africanos tiran de galones para elaborar una mezcla de jazz y especias marroquíes digna de los mejores restaurantes. Con mucho picante bailarín, por supuesto. Ahí está su participación en más de cien festivales musicales como ejemplo de sus buenas maneras. En el Jazzaldia no fallaron, presentando en primicia lo que será su siguiente disco 'Tawassol'.

A veces dulces, otras briosos, su fórmula encontró perfecto acomodo en lo que la gente pedía para esa hora. Y alguna más tardía. «Esto a las doce de la noche pone la zona patas arriba», afirmaba el guipuzcoano Jorge Blanco. Aunque pudiera tener parte de razón, respetaremos a los programadores como a los entrenadores de fútbol de nuestros equipos. Bueno, igual un poco más, vale.

Tierna elegancia clásica

El espacio Coca Cola, el más cercano a Sagüés, volvía a mostrarse como el reducto de los sectores más clásicos del Jazzaldia, esos que defienden el jazz sobre todas las cosas. El cuarteto capitaneado por Houston Person y Dena DeRose sonaba tradicional y calmado, como las olas un día de verano. Pena que el volumen de la vitalidad africana se comiera en ocasiones sus pasajes más tiernos. Cazamos a uno de los oyentes presentes, la donostiarra Virginia Rueno. Había venido con sus amigas a (sí, acertaron) «ver a The Pretenders y dar una vuelta por la zona». Le pinchamos para que opine sobre Person & DeRose. «Están bien. No suelo escuchar este tipo de música en casa, pero en este tipo de ambientes me gusta».

Seguro que a nuestra entrevistada le habría gustado el concierto de Sara Mansilla y su socio en la Carpa FNAC. La donostiarra destapó sus esencias pop-blues ante la gente que fue arremolinándose alrededor de sus acordes y entonaciones. Humanos y humanas que giraron su cabeza, su atención, sus patas y sus cinturas ante los primeros compases de la primera canción de The Pretenders. Pero eso, amigos, es otra historia.

Como lejos de nuestro texto quedan, por cuestiones de entregas urgentes de las palabras que ahora leen, las actuaciones posteriores de la jornada. Que tampoco es que bajara el pistón tras el concierto principal de la noche a cargo de Chrissie Hynde y los suyos. A algunos de los programados en el turno de noche los cazaremos hoy o mañana (Sir The Baptist). Ante la imposibilidad de asistir a otras propuestas de ayer sólo nos queda sollozar. Bastante fuerte. Porque no todos los días se puede ver a Uri Caine en un sitio como estos - sin pagar, se entiende- paseando sobre corcheas propias para regalarnos calidad a borbotones. Ni disfrutar de Rajab Suleiman y sus africanismos de pura raza y plena vitalidad.

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