Diario Vasco

Steve Coleman: «Lo que tocamos es espontáneo, un diálogo con el público»

Steve Coleman: «Lo que tocamos es espontáneo, un diálogo con el público»
  • 51. HEINEKEN JAZZALDIA

  • El genio del saxo Steve Coleman expresó ayer que no planifica nada antes de subirse a un escenario

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No le gusta hablar de improvisación, sino de espontaneidad. Tampoco usa el término jazz, porque la música para él no necesita etiquetas. «¿Esto es el Festival de Jazz de San Sebastián?», preguntó con sarcasmo en un coloquio con periodistas ayer por la mañana. «Porque, aunque se empeñen en poner nombre a lo que hago, lo mío no es solo jazz», se respondió a sí mismo. «La música no necesita nombres. No creo en estilos. La música es música, una forma de expresión», reiteró, con su característica gorra negra colocada hacia atrás, un estilo juvenil y un tono desenfadado que hacen de sus sesenta años una cifra inverosímil.

Ni jazz, ni improvisación. «Compositor espontáneo» es el único sello que Steve Coleman acepta en su diccionario y con el que se refiere a sí mismo. El maestro del saxo emplea en sus temas «técnicas de composición inspiradas en la espontaneidad, más que en la improvisación», tal y como precisó ayer. «Todo lo que pasa sobre el escenario es espontáneo. No planifico nada, solo lo preparo», expresó el compositor. Así, sus conciertos son «únicos y diferentes».

«He tocado en muchas bandas que planifican todos los conciertos y cada sesión es idéntica. Lo que yo hago con el público es mantener una conversación. Y, como en una conversación hablada, no sé lo que va a responder, por eso adapto la música según cómo actúe», detalló y añadió que «para tocar hay que saber que vas a conversar con los músicos primero y con el público después».

Por eso, Coleman necesita a su lado una banda que comprenda su prodigio y su forma de dialogar con el saxo. «En Nueva York –ciudad en la que reside desde hace treinta y ocho años– hay muchísimos buenos músicos, pero pocos que pueda elegir para tocar en mi banda. Necesito a gente con una sensibilidad especial, que me entienda, que comparta mis ideas».

El trompetista Jonathan Finlayson, el guitarrista Miles Okazaki, el bajista Anthony Tidd y el batería Sean Rickman le siguen el ritmo desde hace más de veinte años. Los Five Elements –literalmente, los cinco elementos– son para Coleman «el grupo perfecto. Es como en la pareja, puede funcionar o no. Y lo nuestro funciona. Si actúo con ellos, no necesito componer nada. Estamos familiarizados, todo lo que tocamos es espontáneo».

Para los poco ilustrados en música, subirse a un escenario sin partituras puede parecer cosa de genios. Pero Coleman lo tiene claro, «todo se aprende. Yo tampoco entiendo cómo un ingeniero construye rascacielos. Cada uno es experto en lo suyo y todos aprendemos mirando al pasado y con maestros que nos enseñan sus habilidades. Yo hago música contemporánea, pero conozco lo que hacían hace sesenta años».

Los saxofonistas Charlie Parker, Sonny Rollins, John Coltrane y Bunky Green influyeron en el inicio de su carrera musical, pero el mentor que más venera es la leyenda de Chicago Von Freeman. «Él tocaba en una sala cercana a la casa en la que yo vivía en Chicago. Le escuchaba todas las semanas. Nunca me dio una lección, pero ha sido mi mayor maestro. Muchos creen que no hay nada de Freeman en mi música, pero los que me conocen de verdad saben que sí».

Colectivo M-base

Steve Coleman ha sido, desde los inicios de su deslumbrante carrera, un músico renovador. Autor de teorías innovadoras sobre la integración de los ritmos del funk, el soul, la world music y el jazz, fundó el movimiento M-base, junto a su actual banda. Lo que para los críticos supuso un nuevo estilo musical del jazz de vanguardia, para Coleman solo fue «una nueva forma de pensar sobre la creatividad musical». En la práctica, lo que el saxofonista y su grupo propusieron fue una regeneradora técnica de composición basada en «superponer estructuras rítmicas de distinta métrica sobre las que cada instrumentista improvisa», tal y como explicó Coleman.

Las ideas del colectivo M-Base no fueron compatibles con el desarrollo del negocio musical y muchos de sus miembros acabaron regresando al jazz más convencional. Pero Steve Coleman, fiel a su identidad regeneradora, persistió, aunque fuese de la mano de sellos menores.