Diario Vasco

Exploración instrumental en la 'Trini'

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Ravi Coltrane en la 'Trini'. / SARA SANTOS

  • Entre el clasicismo y la vanguardia, el batería DeJohnette comandó un vibrante concierto con los hijos de John Coltrane y Jimmy Garrison

  • Noche de exploración instrumental con DeJohnette, Garrison y Coltrane más los cinco elementos de Coleman

La lluvia que estuvo cayendo durante todo el día nos tenía aún en vilo a la hora de entrar en la plaza de la Trinidad, sobre todo después del aguacero del primer día, que al menos tuvo la buena educación de aparecer exclusivamente durante el descanso. Pero anoche finalmente aguantó y no hubo lluvia.

Si la primera cita fue de carácter familiar con los Marsalis, anoche continuaba teniendo peso el árbol genealógico del jazz, pero siempre para bien, sin ataduras ni deudas, que de sentirse libres sabían un rato todos los actuantes. Y con la plaza abarrotada, ya que las entradas se habían agotado de antemano.

Jack DeJohnette es uno de los baterías más importantes del jazz. Más de 30 años formando parte de forma intermitente del trío de Keith Jarrett que ha dado pie a su gran colección de 'Standards' revisados como nadie, ya serían mucho aval. Pero además DeJohnette formó parte de la etapa más revolucionaria de Miles Davis, la de 'Bitches Brew' y 'Jack Johnson', la del filo entre las décadas de los 60 y los 70. Y también tuvo su polivalente banda Special Edition, con la que actúo en su primera visita al Jazzaldia en 1985, en doblete con el trío de Keith Jarrett. Y son innumerables sus colaboraciones, porque siempre ha sido dado a compartir, poniéndose al frente, o como mero acompañante, portador de ese estilo siempre refinado y elegante, imaginativo pero lejos del exhibicionismo.

Por eso es estimulante ver su maestría a los 73 años en colegueo con dos músicos más jovenes, pero a su vez herederos de sangre de otros pioneros. Ravi Coltrane es hijo de John Coltrane, quizás el mayor titán del saxo de la historia. Y ha heredado el instrumento. Y Matt Garrison es hijo del contrabajista Jimmy Garrison, que a su vez formó parte del más legendario cuarteto de John Coltrane. También ha heredado el instrumento como concepto, pero de forma más moderna: Matt toca el bajo eléctrico, y a veces tirando al funk.

Así que el trío de los ilustres apellidos que se presenta como DeJohnette / Coltrane / Garrison, y que ha publicado este año un álbum muy bien valorado por la crítica, 'In movement', era prometedor.

Por su parte, Steve Coleman al que también hemos visto crecer desde su primera visita en 1994, es dado al cambio de formación, a dejarse llevar por los ecos que le llegan de todas partes. Y ha ido atrapando, como buen practicante del 'avant-garde', las corrientes que estaban por venir. Siempre con nombres tan sugerentes como su música, ha liderado proyectos como Mystic Rhythm Society, Metrics, the Council of Balance o los Five Elements que recupera periódicamente. Y en ello está ahora, en compañía de Jonathan Finlayson (trompeta), Miles Okazaki (guitarra), Anthony Tidd (bajo), Sean Rickman (batería).

DeJohnette, Coltrane y Garrison salieron a escena en actitud muy democrática y discreta, los tres alineados y más bien al fondo del escenario. Y comenzaron con lo que podría ser una rendición al Coltrane padre, el más paisajistico e introspectivo. Sin llegar a desatarse con la furia de su progenitor, Ravi Coltrane fue haciendo subir la temperatura con el saxo tenor, sin imponerse.

Pronto quedó claro que los tres son solistas al mismo tiempo, con DeJohnette contagiándose de la energía y el talante más travieso de Matt Garrison, que con su cazadora y pantalón negro parecía advertir lo que se confirmó: que era el 'rude boy' encargado de llevar al trío hacia el funk, el rock y la electrónica, con un tramo dedicado a extraer sonidos pregrabados de su iMac. Con su bajo de cinco cuerdas, Garrison hacia ritmo y melodía a la vez, tocaba con acordes y arpegios, todo mezclado en la constante evolución que es la música del trío.

Tras cuarenta minutos ininterrumpidos, en los que Coltrane también se pasó al saxo soprano en busca de un mayor lirismo, Jack DeJohnette dejó la batería y se sentó al piano para jugar a deconstruir melodías con amagos impresionistas, primero solo y luego con Coltrane. Un final explosivo, con DeJohnette enfrascado en el libre redoble por todo su set mientras Garrison sostenía un esquema blues, dio la medida de la libertad de formas y el impulso vital con que el trío construye su música. Y el público, implicado en todos esos tránsitos, lo celebró en pie y con un encendido aplauso.

A lo de Steve Coleman se le podría llamar 'elogio de la métrica'. El bajista Anthony Tidd, el batería Sean Rickman y también el guitarrista Miles Okazaki se meten en un ritmo endiablado, como perfecto encaje de piezas de reloj, que parece dificilísimo de ejecutar. Y sin embargo atrapa al oyente con facilidad y lo transporta en un excitante viaje. El saxo de Steve Coleman y la trompeta de Jonathan Finlayson cabalgaron sobre esa métrica fascinante en constante diálogo, que parecía improvisado y al mismo tiempo perfectamente ensamblado. Un broche espléndido para una noche de música exigente que mantuvo en todo momento enganchado al público.