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Ellis Marsalis, de 81 años y que apareció apoyado en un gran bastón, compartió escenario junto a su hijo Branford. / USOZ

Lección de maestría del premio del Jazzaldia

  • Ellis Marsalis recibió el premio del Jazzaldia, demostró su maestría y compartió escenario con su hijo Branford

Con el aforo casi lleno, comenzaban anoche los conciertos en la plaza de la Trinidad, y con un doblete que además de ser lujo jazzístico, tuvo su punto de emoción y hasta de incursión en un pedazo bien importante de la historia del jazz. Por un buen rato nos sentimos trasladados al corazón de Nueva Orleans, a cómo se vive allí la música como esencia vital y, lo más importante, cómo se va transmitiendo de generación en generación. Y en el caso de los Marsalis, de la forma más natural posible.

Ellis Marsalis es un fenómeno. Perdón, tendríamos que haber escrito Ellis Marsalis, Jr., porque Ellis, el padre de Branford, es a su vez hijo del verdadero pionero de la familia, Ellis Marsalis senior, que dejó el mundo en 2004 a punto de ser centenario, y que claramente había plantado una semilla imbatible.

51. HEINEKEN JAZZALDIA

El Ellis Marsalis que ayer recibía merecidamente el premio Donostiako Jazzaldia, como tantas otras figuras que han marcado la historia del jazz y la del festival donostiarra en una ya larga lista, tiene 81 años y sigue ejerciendo de maestro en triple sentido: por lo que ha tocado y compartido en los escenarios de todo el mundo y en una amplia discografía; por los seis hijos que ha tenido con su esposa Delores Ferdinand, de los cuales cuatro son músicos, los renombradísimos Wynton y Branford y los también destacados Delfeayo y Jason; y porque como profesor ha enseñado a montones de músicos que hoy constituyen las primeras filas del jazz contemporáneo: Jesse Davis, Terence Blanchard, Donald Harrison o Nicholas Payton figuran en su lista de alumnos.

Después de todo un día con la lluvia casi incesante y el cielo negro, el atardecer se abrió y a la hora de recibir a los músicos en el escenario parecía que ya no había amenaza de pasar la noche con agua... Pero poco antes de las diez y media la lluvia hizo acto de presencia con intensidad y hubo que sacar los ponchos de plástico.

Ellis Marsalis apareció apoyado en un gran bastón, que parecía una obra de arte en sí mismo, y con cabeza de león. Se tomó su tiempo para sentarse y situarse ante el piano con la calma de su enorme experiencia. Como sí estuviera en el salón de casa, con los amigos. No vio la necesidad de hacer saludos o ceremoniales, directamente se puso en marcha para mostrar la agilidad y finura de sus evoluciones sobre el teclado.

El saxofonista, que llevaba en la oreja un pendiente también en firma de saxo, reía ante los quiebros que el maestro hacia sobre la melodía inicial, como en un primer reto a sus compañeros. También hubo naturalidad al debatir con gestos y miradas si tocar un tema u otro.

Con maneras clásicas y alternancia de solos, cada una de las fogosas intervenciones del saxofonista Jesse Davis, despertaban el entusiasmo.

El maestro se mostraba serio y concentrado y al mismo tiempo buscaba con la mirada la complicidad de sus compañeros, como diciendo: «¿Qué te parece esto?». La música fluía con tal naturalidad y ligereza de sus manos que todo parecía lo adecuado.

Después de una hora de concierto, que terminó con una intervención solo al piano llegó el momento de hacer entrega del premio honorífico del festival a Ellis Marsalis. Y lo hizo su propio hijo, Branford. Y tras el agradecimiento con una sonrisa, juntos interpretaron una preciosa versión de 'Don't You Know What It Means to Miss New Orleans?'».

A la hora de enviar estas líneas salía de nuevo a escena Branford Marsalis, con su propio cuarteto, y con un invitado de lujo, el cantante Kurt Elling para rehacer también a los clásicos, con perspectiva moderna.